martes, 16 de junio de 2026

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXX): SOBRE DEMOCRACIA, TIRANÍA Y RELIGIÓN, UN CLÁSICO


José Ignacio Fernández del Castro

«El tirano debe revestirse con una apariencia de devoción extraordinaria a la religión. Los súbditos son menos aprehensivos ante un tratamiento ilegal proveniente de un gobernante a quien consideran piadoso y respetuoso de la divinidad. Al mismo tiempo, se rebelan menos fácilmente contra él, creyendo que tiene a los dioses de su lado.» ARITÓTELES 
(Estagira, Macedonia, 384 a.N.E. – Calcis, Eubea, 322 a.N.E.): Política.

El auxilio de una divinidad (cualesquiera que sea) resulta muy conveniente para una ejercicio de la tiranía (o de las pseudodemocracias en las que vivimos) menos sometido a esas resistencias siempre desagradables, oiga, porque, en el mejor de los casos, exigen un esfuerzo suplementario para domeñarlas y, con frecuencia, esa doma acaba en algunos tipos de manchas de lo más indecorosas y difíciles de quitar...
Hoy en día, los pseudodemócratas de la casta política que ejercen la representación de los amos del mundo (en esta suerte de tecnofeudalismo del que habla Yanis Varoufakis), aparentando defender los intereses de sus votantes (lo del pueblo y el bien común ya quedan muy lejos, casi tanto como los veinticinco siglos que nos separan de Aristóteles), bien pueden invocar la Constitución (cualquier Constitución “democrática”) en texto sagrado para ser usado a conveniencia. Ante las muestras de devoción constitucional todos nosotros, súbditos en tiempos del ocaso del Estado-nación, tendemos a mostrarnos más comprensivos con sus pequeñas tropelías, ilegalidades y desafueros... O con su acendrada costumbre de mentir continuamente y sin sonrojo. Ante sus fervorosas menciones de la Carta Magna, acabamos por creérnoslo y evitamos rebelarnos, caemos en la silente sumisión porque, al fin y al cabo, el nuevo libro sacro “está de su lado”.
Pero, ¿qué hacer cuando todo lo que hace esa casta política en funciones de gobierno (o sus alternativas en la oposición, pues comparten la servidumbre a los mismos amos) socava, precisamente, “la letra y el espíritu” de la propia Constitución, cuando la ciudadanía asiste, más o menos atónita, al desmantelamiento progresivo y acelerado de los derechos que allí se les reconocían como comunes en favor de privilegios de unos pocos?.
Evidentemente, tras la indignación inicial, sólo cabe cierta rebeldía (por muy mínima que sea)... Por eso dolía especialmente (es decir, resultaba especialmente sarcástico) que la Secretaria General del partido mayoritario hace una década (y hoy en “espera activa”, y áspera, del retorno) dijese que el intento de rodear simbólicamente el Congreso le recordaba viejas intentonas golpistas o que la Delegada del Gobierno en el Madrid de la época señalase que no le extrañaba la presencia de grupos fascistas entre los participantes en la protesta porque, al fin y al cabo, “los extremos se juntan”...
¿Podían mirar a sus colegas de partido y ejecutivo, conociendo sus familias (por ejemplo, aquella secretaria general a su propio padre), y hablar de entornos fascistas sin ponerse coloradas?, ¿podían hablar de que los manifestantes trataban de secuestrar la “casa del pueblo” cuando, para defenderla, convocaban a mil cuatrocientos policías con todo su aparato represivo?... ¿Quién tiene el monopolio de la fuerza y lo ejerce bestialmente (cada día salen imágenes más evidentes) cuando es necesario (como acabamos de ver en las manifestaciones de docentes en Valencia), más allá de cualquier prudencia racionalmente humana?.
Y sobre todo, ¿nunca se preguntan por qué, si son tan dignos “representantes del pueblo”, necesitan tantas porras y togas para defenderse de él tras los escaños que usurpan y mancillan, o en cualquiera de las muchas ceremonias de la apariencia que organizan con gran boato (para recibir a un Papa o para inaugurar una losa cambiada en cualquier acera)?... ¡Ah!, y que no hagan alarde de legitimidad porque en este país (como en tantos otros) hace mucho que la ciudadanía con derecho a voto y no representada (porque se abstiene, porque emite votos en blanco o nulos, porque vota a partidos que no alcanzan representación) es ampliamente mayoritaria... Su gobierno será, en el mejor de los casos, legal, según las normas que ellos mismos se han dado para perpetuarse. Eso sí, con un Dios/Constitución que, si ama al pueblo, a la gente pobre, ¿cómo sería si la odiara?.

DdA, XXII/6380

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