viernes, 24 de abril de 2026

¿TRAMA CORRUPTA? VAYA USTED A SABER, HACE TANTO TIEMPO...

 Las prisas que se da la justicia podrían dar pistas sobre algunas cosas. Por ejemplo, si uno es fiscal general del Estado, y en pocos meses lo están citando para ser juzgado porque el novio de Ayuso se ha pillado un rebote que casi estampa el Maserati, la cosa pinta mal. Si, por el contrario, la cita para que un mandamás del PP se pase por el juzgado a comentar un grave episodio de la democracia española, tarda 13 años en llegar, la cosa suele pintar amable, escribe Técé en CTXT, y añade: La entonces número dos del Partido Popular y el número uno Rajoy contaron lo poco o nada que sabían sobre aquella trama indigna para la democracia. Nada recordaban sobre lo que sucedió frente a las narices de la dirección de un partido beneficiario de aquel trabajo sucio. ¿Resulta indignante? Quién sabe. Hace ya tanto tiempo...Nunca tan cerca la política y la justicia del tinglado de la farsa, añado.


Gerardo Tecé

Hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo. La frase de la semana es un clásico en las reuniones de viejos amigos. Paco, ¿te acuerdas cuando te quedaste dormido en los baños de aquel karaoke? Hace tanto que ya ni me acuerdo, respondería Paco, aún con resaca 20 años después. La frase se escuchó este jueves en la Audiencia Nacional y es que aquello se asemejaba bastante a una reunión entre amigos con Rajoy y Cospedal declarando ante la justicia 13 años después. A ver si, en calidad de testigos, recordaban alguna anécdota divertida de aquella batallita del pasado llamada caso Kitchen. Cocina en inglés. Cuando compramos la cocina, el tipo nos dijo que daba igual la marca de los electrodomésticos porque la obsolescencia programada hacía que todas durasen diez años. De habernos comprado la cocina cuando Rajoy le decía a Bárcenas que fuese fuerte, ya hubiéramos tenido que cambiarla. Trece años. Hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo, respondía Rajoy y el tribunal asentía como entendiendo que arrojar luz sobre una vida anterior y tan lejana no era fácil para el simpático registrador de la propiedad allí presente. Tanto tiempo hace que algunos protagonistas, como el falso cura que secuestró a la familia Bárcenas a punta de pistola buscando, para destruirlas, las pruebas que implicaban a los peces gordos del PP, ya falleció. Tanto tiempo que algunos no reconocen su joven voz en los audios. Tanto tiempo que toda una generación de españoles no conoció aquella trama que consistió en usar recursos del Estado para eliminar pruebas de corrupción y proteger a los corruptos. Una actuación policial normal y corriente, lo llamó Rajoy durante su breve declaración, década y media más tarde.

Las prisas que se da la justicia podrían dar pistas sobre algunas cosas. Por ejemplo, si uno es fiscal general del Estado, y en pocos meses lo están citando para ser juzgado porque el novio de Ayuso se ha pillado un rebote que casi estampa el Maserati, la cosa pinta mal. Si, por el contrario, la cita para que un mandamás del PP se pase por el juzgado a comentar un grave episodio de la democracia española, tarda 13 años en llegar, la cosa suele pintar amable. Llámenme observador si quieren. Preguntado Rajoy si él podría ser el “barbas” de quien hablaban los fontaneros de las cloacas, el tipo en lo alto de la pirámide de aquel intento por destruir evidencias de delitos, quien fuese presidente respondió: “Yo me llamo Mariano Rajoy y luego cada uno me llama como quiere”. La sala tuvo que aguantarse la risa con el simpatiquísimo Mariano. ¿Trama corrupta? Pues mire, vaya usted a saber, hace tanto tiempo que este humilde registrador no recuerda gran cosa. Normal. Demasiado ha hecho tomándose la molestia de venir usted hasta aquí, podría haberle dicho la presidenta del tribunal antes de pedirle un selfie y allí nadie se hubiese extrañado.

Cospedal, menos simpática que Rajoy, pero con idénticos problemas de déficit de magnesio, no recordaba si se había reunido dos, tres o quince veces con Villarejo homenajeando así a un chaval de mi barrio que, en plena sequía adolescente, aseguraba haberse liado con entre una y diez chicas. No las cuento, dijo con gran elegancia y cero credibilidad. En ninguna de las reuniones entre Cospedal y Villarejo, de las que hemos escuchado audios grabados por el expolicía, Cospedal le hace al dicharachero comisario ningún tipo de encargo, aseguró la exministra. No eran encargos, eran preguntas sin más, explicó. Ese pendrive que guarda Bárcenas debe de estar llenito de cosas interesantes, ¿verdad comisario? Tráiganme a un experto en sintaxis que me niegue que, con signos de interrogación de por medio, se trata de una simple pregunta. Y si en lugar de preguntar, Cospedal hubiese reconocido que daba órdenes tampoco hubiese pasado nada. No se la juzgaba ni tampoco al presidente emérito Rajoy, que a esa hora y cumplido el trámite, podría estar ya camino de Sanxenxo o Abu Dabi. Donde quisiera y sin dar explicaciones. La entonces número dos del Partido Popular y el número uno Rajoy contaron lo poco o nada que sabían sobre aquella trama indigna para la democracia. Nada recordaban sobre lo que sucedió frente a las narices de la dirección de un partido beneficiario de aquel trabajo sucio. ¿Resulta indignante? Quién sabe. Hace ya tanto tiempo...

CTXT  DdA, XXII/6324

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