Lazarillo
Leemos que entre las ramas densas de un arbusto tropical, dos hojas grandes aparecen unidas por una costura casi invisible. No es obra del viento ni de una araña paciente. El mérito le corresponde al pájaro sastre. Esta pequeña ave no construye su nido sobre las ramas expuestas. Primero elige hojas flexibles y resistentes. Luego perfora cuidadosamente sus bordes con el pico, haciendo pequeños orificios alineados como si marcara un patrón. Después comienza la costura. Utiliza fibras vegetales, hilos de algodón natural e incluso seda de araña como si fueran hilo. Con movimientos precisos, pasa el material de un lado a otro, tensándolo hasta acercar las hojas y formar una especie de bolsa colgante. Desde fuera, parece una simple hoja doblada. Dentro, oculto y protegido, queda el verdadero nido. No corta las hojas por completo ni las daña en exceso; las mantiene vivas y verdes, lo que ayuda a camuflar la estructura entre el follaje. Es arquitectura ligera, flexible y perfectamente integrada al entorno. El pájaro sastre no solo construye. Diseña, perfora y cose. En el corazón del bosque, este ingeniero textil convierte hojas en paredes y seda en puntadas invisibles para esconder a su futura generación, mientras los dirigentes de los países imperialistas no dejan de atentar contra la vida del ser humano y el maravilloso planeta azul que nos permite observar la obra de arte y vida que ese pajarillo crea para su cría. Reconforta el ánimo observar esta portentosa tarea para preservar la vida de la vida que nace, proyectada por un ser silvestre tan pequeño, cuando tanta destrucción se perpetra mediante máquinas ideadas por el ser humano. Demos a conocer estas páginas de la naturaleza en las aulas y enfrentémoslas a las que propagan el odio, la codicia, el dominio y la guerra. Nos va la vida en ello, como de seguro se plantea un pájaro sastre cada vez que cose uno de esos nidos para que su crianza siga describiendo el vuelo de su nombre por el aire.
DdA, XXII/6278

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