El afán de justificar la agudización del bloqueo criminal que Washington mantiene contra Cuba desde hace más de 60 años, el gobernante estadunidense ha mentido para tratar de envolver a la jefa del Estado mexicano en un juego de desmentidos. Pero no debe perderse de vista que esta falsedad forma parte de una mentira mucho mayor: que Estados Unidos se encuentra bajo una “amenaza cubana” no sólo imaginaria, sino simétricamente contraria a la realidad: a lo largo de 12 administraciones presidenciales, ha sido Washington el que ha agredido en forma sistemática al gobierno de la isla, no sólo mediante agresiones militares directas y el bloqueo comercial, sino también con el apoyo activo a grupos terroristas y facciones desestabilizadoras.
EDITORIAL
El jueves pasado la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una conversación telefónica con su homólogo estadunidense, Donald Trump, quien poco después calificó de “muy positiva” la charla, elogió a la mandataria mexicana como “una líder maravillosa e inteligente” y coincidió con ella sobre los temas abordados: asuntos fronterizos y comerciales y lucha contra el narcotráfico. Sheinbaum informó que no hablaron sobre Cuba ni acerca de la determinación de México de mantener la ayuda humanitaria a la isla.
Por la tarde de ese mismo día, Trump emitió una declaración de “emergencia nacional” por la presunta “amenaza inusual y extraordinaria” que supuestamente Cuba representaría para Estados Unidos, y acusó al gobierno de La Habana de apoyar a “numerosos países hostiles, grupos terroristas trasnacionales y actores malignos adversos” a la superpotencia, todo ello para justificar la adopción de aranceles de represalia contra las naciones que envíen petróleo a la isla.
El sábado por la noche, el magnate fue más allá, al afirmar que durante la llamada del jueves pidió a la presidenta de México que suspendiera los envíos de crudo a Cuba, solicitud a la que ella habría accedido.
Ayer, durante una gira de trabajo por Sonora, la presidenta Sheinbaum desmintió en forma inequívoca tal aseveración: “no se ha tocado el tema (de los envíos de petróleo al país caribeño) en ninguna de las conversaciones”. Asimismo, informó que la ayuda a la isla proseguirá, con remesas de alimentos y de otros enseres por conducto de la Secretaría de Marina “en lo que resolvemos de manera diplomática todo lo que tenga que ver con el envío de petróleo por razones humanitarias”.
Es claro, pues, que en el afán de justificar la agudización del bloqueo criminal que Washington mantiene contra Cuba desde hace más de 60 años, el gobernante estadunidense ha mentido para tratar de envolver a la jefa del Estado mexicano en un juego de desmentidos. Pero no debe perderse de vista que esta falsedad forma parte de una mentira mucho mayor: que Estados Unidos se encuentra bajo una “amenaza cubana” no sólo imaginaria, sino simétricamente contraria a la realidad: a lo largo de 12 administraciones presidenciales, ha sido Washington el que ha agredido en forma sistemática al gobierno de la isla, no sólo mediante agresiones militares directas y el bloqueo comercial, sino también con el apoyo activo a grupos terroristas y facciones desestabilizadoras.
Desde principios de los años 60 del siglo pasado, el asunto de Cuba ha sido una clara discordancia entre México y Estados Unidos, pero nunca, hasta ahora, ha implicado un conflicto en las relaciones bilaterales. En ese tema la Casa Blanca está tan aislada en la arena internacional –en contraste con nuestro país, que ha actuado en armonía con la abrumadora mayoría de la comunidad internacional– que ha debido poner entre paréntesis ese capítulo para no contaminar los vínculos con su vecino del sur.
Ahora, en lo que parece ser una nueva “huida hacia adelante”, tal vez aconsejada por su secretario de Estado, el anticubano Marco Rubio, con esta nueva ola de hostilidad contra la isla, parece que Trump busca desviar la atención de su agobiante situación interna, que va desde la creciente resistencia a sus políticas fascistoides contra las comunidades migrantes y sus detractores en general, hasta el caudal de revelaciones de los documentos de Jeffrey Epstein, que si bien no han desembocado en acusaciones formales contra el habitante de la Casa Blanca, constituyen un severo golpe político y de imagen para él y para otros altos exponentes de la minoría política y empresarial que ejerce el poder en Estados Unidos.
Mal haría el magnate neoyorquino en seguir azuzando un conflicto innecesario y absurdo contra nuestro país en relación con Cuba, ya sea que lo haga para distraer a la cada vez más adversa opinión pública estadunidense, por un designio de llevar al extremo la reforzada ideología imperialista que siempre ha imperado en Washington, por mero dislate o por una combinación de esos factores. Porque más allá del sadismo trumpista contra el pueblo cubano, las mentiras y las estrategias mañosas de los últimos días pretenden vulnerar la soberanía de México, y ésa no está sujeta a negociación.
LA JORNADA DdA, XXII/6251

3 comentarios:
Evidentemente, la situación actual de Cuba es desesperada (conozco un buen número de cubanas -la mayoría profesoras universitarias en Cienfuegos o en Santa Clara, no buscavidas habaneras- y me transmiten que jamás, ni el los más duros "periodos especiales", habían carecido de tanto) y, sin duda, insostenible a medio plazo... El bloqueo histórico, sin duda, tiene mucho que ver, pero también la falta de visión para aprovechar los "buenos tiempos" del apoyo soviético para crear una estructura productiva sólida interna. En mis visitas a la isla siempre me he encontrado entre esas contradicciones: el amor por un pueblo sinceramente entusiasta en la lucha por la igualdad y la justicia, frente a la falta de condiciones reales para una mínima "cotidianidad productiva digna" que fueron dilapidadas en tiempos mejores. El amor a ese "entusiasmo revolucionario" no puede cegar la evidencia de la ocasión perdida que, a día de hoy, ya no es materialmente recuperable... Los asedios del bloqueo sólo hacen acelerar el proceso de "descomposición revolucionaria" proveniente de causas internas evidentes (el papel de China, estratégico para ellos por mantener una china en el zapato USA, sólo puede prolongar un poco más el derrumbe)... Pero proclamar sobre todo y por encima de todo el "valor revolucionario" del pueblo cubano de a pie no es, a día de hoy, un espejismo, sino que significa apoyar una vida en la miseria material para los casi diez millones de cubanos (algo que el propio Guillermo Díaz Canel sabe perfectamente y, por eso, se muestra tan dispuesto a negociar con el mismísimo Donal Trump, con independencia de la actitud de México o China)... En suma, me recuerda aquella lúcida frase del llorado Manolo Vázquez Montalbán: «Me reconozco sensible ante el argumento de que los burgueses ilustrados de izquierda nos solazamos con las revoluciones lejanas, esas incómodas revoluciones que no quisiéramos interpretar como protagonistas» (en "Marcos: el señor de los espejos", 1999)... Por cierto, veamos ahora la evolución de Nicaragua y el sandinismo bajo el dictado (nunca mejor dicho) del dueto Daniel Ortega/Rosario Murillo.
Algún día tendrás que hablarme de esas visitas a Cuba, a cuyo pueblo admiro y quiero desde siempre, sobre todo después de haberlo conocido en vivo y en directo.
Sí, igual me animo a hacer un artículo o un par de ellos... Pero me temo que el dolor (y cierta desesperación) que me trasmiten en este momento "mis corresponsales" dentro (en las Universidades de Cienfuegos o Santa Clara, en responsabilidades culturales desde La Habana...) y fuera (en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo en Pachuca o currando de peón en Tuilla...) me impide valorar con total rigor y racionalidad la situación (también, lo confieso, por temor a causarles más dolor, lo cual sería un daño innecesariamente añadido en lo personal).
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