miércoles, 14 de enero de 2026

JULIO IGLESIAS, EPSTEIN, WEINSTEIN...NO BUSCAN SÓLO SEXO SINO SUMISIÓN


Llama la atención, echando un vistazo a diarios y revistas de este país, que la exclusiva de El Diario revelando las supuestas agresiones sexuales de Julio Iglesias a empleadas de su servicio doméstico, no haya merecido ni una sola palabra en la revista semanal Hola, según leemos en Al día, la sección de El Diario que nos adelanta lo que publica el citado periódico. En cuanto a la opinión de la presidenta del gobierno autonómico de Madrid, más parece que obedeciera a una mentalidad desquiciada, la que podría compartir con su jefe de gabinete, pero no, su propósito es el de una permanente provocación en el odio. El magnífico artículo que sigue lleva por titular Julio Iglesias: mulatas y esclavitud y se publica en un diario recomendable, Diario de Noticias de Navarra:

Ana Ibarra Lazkoz

Me hace gracia -una gracia oscura- la defensa que hacen algunas voces de que básicamente el célebre cantante J.I. no tenía necesidad de hacer eso (agredir a sus empleadas) para tener sexo. ¿Acaso Jeffrey Epstein, guapo, rico y un depredador sexual la tenía? ¿O el poderoso productor de Hollywood, Harvey Weinstein? Son perfiles similares que combinan machismo, clasismo, borrachera de poder... además seguramente de otro tipo de trastornos. No buscan solo sexo, buscan sumisión. El patriarcado también subcontrata.
En este caso, según las denunciantes y a la espera de que la justicia dictamine, se habla de una mujer encargada de reclutar perfiles de trabajadoras del servicio doméstico que, entre otros requisitos, debían estar limpias de enfermedades de transmisión sexual y, por supuesto, tener al menos un tercio de la edad del presunto agresor. Por cierto, muy escabroso el “tratamiento terapéutico” para el dolor de espalda según las denunciantes: seis horas de felaciones y “besos negros”. Llamarlo “nuevas esclavas” incomoda.
Quizá porque señala una verdad incómoda: que el cuerpo de las mujeres con menos recursos sigue siendo territorio disponible. Las mujeres mulatas ‘esclavizadas’ viven donde trabajan. Duermen donde obedecen. Están aisladas del mundo exterior. En este caso, en mansiones de República Dominicana o Bahamas. Basta con la insistencia, con la presión constante, con la certeza de que decir “no” puede significar quedarse en la calle.

La pregunta es cuántos privilegios hacen falta para que alguien se sienta con derecho al cuerpo y la dignidad de otra persona. Mientras el trabajo doméstico siga siendo el agujero negro de los derechos laborales, seguirá siendo un terreno fértil para el abuso sexual y la humillación.

DIARIO DE NOTICIAS DdA, XXII/6226

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