Félix Población
Ayer, siguiendo los protocolos de la Corona y cuando aún persisten -tres semanas después- los incendios en algunas zonas del noroeste español-, los reyes visitaron algunos de los lugares afectados y los fotógrafos estuvieron muy atentos al movimiento de las manos y también a ese dedo índice al aire que siempre suele usar el monarca o los políticos más mediocres cuando tratan de enfatizar gestualmente el interés que ponen en sus vistas, en este caso a Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad. ¡Dios, los castaños!, dicen que exclamó don Felipe al advertir esos árboles centenarios quemados. Ninguno entre los brigadistas a los que los reyes saludaron se mostró reacio al gesto con quien es Jefe del Estado, ni tampoco con la ministra de Igualdad (?) del gobierno central. Pero ay amigos, también estaba con los reyes el presidente de la Junta de Castilla y León, que esta vez sí quiso ser acompañante de la real pareja y no como cuando visitó Zamora el presidente del Gobierno. La fidelidad a la Corona está por encima de todo, debió de pensar Mañueco. Y claro, tuvo que tragar no sólo que los brigadistas le negaran el saludo y que se escucharan gritos solicitando su dimisión por la política de su gobierno con relación a la lucha contra el fuego en la comunidad, sino que alguno -según los fotógrafos presentes- le espetara con vehemencia ¿somos un puto despilfarro?, en alusión a la frase del consejero Quiñones -desaparecido casi desde que empezaron los fuegos- sobre el absurdo despilfarro que es mantener el servicio contra incendios todo el año. No sé cómo le habrá sentado a Mañueco este episodio, pero según fuentes próximas al Partido Popular de la calle Génova hay quien da por inevitable la dimisión o el cese de Quiñones, en evitación de la de su presidente, siguiendo el ejemplo de Mazón el del Ventorro, que también hizo lo propio con su consejera y que ahí sigue a pesar de que en las inundaciones de Valencia hubo muchas más víctimas mortales que en los montes leoneses, también en buena medida por la mala previsión y gestión del president de la Generalitat. Ante un partido que mantiene en su puesto a quienes no han sabido prevenir ni enfrentarse a estos desastres -súmese al dúo al presidente de la Xunta de Galicia, con casi 160.000 hectáreas quemadas-, cabe preguntarse qué avales puede ofrecer el Partido Popular para gobernar España si, además, habrá de hacerlo con toda seguridad con Vox, un partido radicalmente negacionista del cambio climático.
DdA, XXI/6086
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