Lazarillo
Emilio Delgado ocupa el primer lugar en las listas del llamado Frente Amplio (FA). El otro día apuntó en un plató de televisión que había negociaciones con el PSOE para "optimizar" los resultados electorales, aludiendo con ello a la posibilidad de que el FA no se presente en algunas provincias pequeñas donde las posibilidades de lograr un escaño estaban más que complicadas. Como no podía ser menos, Gabriel Rufián, que sacará oportunistamente un libro estos días (Cómo ganar a los fachas), afeó esas negociaciones y a mediodía el FA y el PSOE cerraron la puerta a un pacto global. Pero horas más tarde, en Teruel, la CHA-Frente Amplio anunciaron que no se presentarían en esa provincia para no dispersar el voto, aunque IU se desmarcó de ese movimiento. En elDiario.es se preguntan si habrá más casos. Este Lazarillo está por asegurar que sí. Es más, lo del FA, el PSOE y la optimización de los resultados electorales estaba más que previsto mientras las izquierdas pregonaban sus malogrados afanes por la unidad.
DdA, XXII/6503

1 comentario:
Bueno, no se de qué se extraña Rufián... Al final todo se trata de matemáticas (el creo que decía de ciencia, pero eso es muy amplio -mucho más, desde luego, que el FA- y si empezamos a meter la biología, la sociología, la psicología... por medio, la cosa se complica)... Existen una serie de provincias en las que es fijo (por historia y por proyecciones matemáticas) que la izquierda del PSOE no va a sacar candidato alguno (como Teruel, sin ir más lejos, y más tas la irrupción de Teruel Existe), así que, ante la que se puede avecinar (que puede ir desde el deterioro de los servicios públicos -o, hablando en plata, el abandono progresivo de quienes no se puedan pagar salud y educación privadas, o financiarse un fondo de pensiones privado y asumir económicamente las dependencia de sus familiares- a cambios constitucionales radicalmente regresivos -especialmente si la respuesta de Vox cediendo votos al PP mediante la renuncia a competir en provincias clave en el Senado hace que se mantenga, frente a los acuerdos derivados de la acción ciudadana de Senadoras y Senadores para la Democracia, la mayoría absoluta de la derecha en la Cámara Alta-, pasando por la bajada de impuestos a los más ricos y la liberalización de mercados tan sensibles como el de la vivienda), parece que sí resulta conveniente maximizar el apoyo a todo tipo de izquierda (por muy sesteñido que tenga ya el color rojo) allá donde no sea posible ni siquiera la esperanza de obtener una representación más propia. En fin, es una apuesta pragmática de males menores en tiempos que se presentan oscuros y turbios. Y, a fin de cuentas, quienes habitualmente participan en este sistema pseudodemocrático apuntalándolo con ello, siempre lo hacen (al menos desde una perspectiva de izquierdas) bajo la premisa de "optar por el mal menor" (entusiasmos y devociones partidistas ya son posibles muy pocos, salvo por parte los auténticos "hooligans"; promesas de políticas radicales de igualdad también caben muy pocas si queremos ser medianamente serios -el sistema es el que es y la sinceridad, en su momento, del propio Pablo Iglesias confesando en plena campaña a otras generales [y provocando con ello una ruptura interna más de las muchas que vendrían luego] que no se podía tener miedo a aquel Podemos [menos a este, que ni siquiera araña], puesto que "conocían perfectamente el campo de juego en el que se podía mover un gobierno en este sistema y que su propuesta no podría pasar de ser un reformismo de corte socialdemócrata radical" bien lo señaló).
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