jueves, 1 de octubre de 2026

LADRAN, SÁNCHEZ, ¿VAS A CABALGAR?


Hace poco descubrí que la frase “ladran, Sancho, luego cabalgamos” no aparece en el Quijote. En ningún momento. Ni siquiera una que se le parezca. Esa expresión no es obra de Cervantes, sino producto de la sabiduría popular de este país. Seguro que surgió en alguna plaza. Ladran, Sánchez, ¿vas a cabalgar?, se pregunta ahora sin demasiada esperanza bajo las tiendas de campaña, pero con mucha dignidad.


Qué mejor destino para una gran plaza pública que conformarse como espacio para el encuentro, la reflexión, la reivindicación y la solidaridad. En medio del utilitarismo despiadado y la indigna deshumanización aún tiene cabida la ilusión de un mundo mejor. Tanta fuerza pacífica pone nerviosos a los servidores del conservadurismo rancio, a los defensores de la plusvalía sin control. Ya hablan de que en la plaza de la ilusión hay cuchillos (son para cortar el pan), hay adoquines (son para sujetar los vientos de las tiendas) y hay violencia (sólo es la rabia de la lucha por una vida digna). Ladran, luego cabalgamos. No todo está perdido. Fulgencio Argüelles

Gerardo Tecé

Una semana después, las protestas por la vivienda siguen la ruta correcta. Lo demuestra que ya hayamos entrado en la etapa de los insultos. Recibir insultos por parte de quienes no se puede esperar otra cosa siempre debería ser entendido como un alto honor.

El alcalde de Madrid, Martínez Almeida, ha denunciado que en la Puerta del Sol se han podido ver estos días grandes cuchillos. Tiene gracia que criminalicen la cubertería los amigos de los grandes tenedores. Isabel Díaz Ayuso, a la que ya se le queda corto lo de el lado incorrecto de la historia, se ha empeñado en encontrar ahora el lado más vomitivo. No es un deporte fácil, pero la presidenta madrileña sabe jugarlo. Si Israel bombardea un hospital lleno de niños, ella encontrará la forma de criminalizar a trozos de carne reventados. Así que al caso MariCarmen ha llegado sobrada, con más tablas que Bertín Osborne en una capea. Qué pasa, qué pasa, que no tenemos casa, gritaba para sus adentros la presidenta que en verano visitaba áticos de seis millones y en otoño se burla de ancianas desahuciadas. ¿A partir de qué edad se puede no pagar el alquiler?, se preguntaba Ayuso refiriéndose a MariCarmen, quien nunca dejó un mes a deber. El vómito y el bulo suelen ir de la mano, así que la siguiente parada será la nave del misterio de Iker Jiménez. ¿Descubrirá allí Ayuso que hace ya varios pelotazos, quironazos y aticazos es un espíritu político que vaga sus penas por medios a sueldo?

A la fiesta de dar vergüenza se apuntan siempre quienes no la tienen. Los invitados son numerosos. Desde el periodista Eduardo Inda comparando a los acampados con ETA hasta el intelectual Mario Vaquerizo impartiendo charlas magistrales. Aprovechando que en España se hablaba de un problema social, acudió a Antena3 a contar el suyo: pues a mí me encanta comprarme casas, tengo muchas casas porque soy capitalista y me encanta. En plan, ya era hora de que hablásemos las víctimas de las acampadas. ¿Es que nadie piensa nunca en las víctimas? Ana Rosa, Abascal, Nacho Abad, Marcos de Quinto, Vito Quiles, Lucía Etxebarría, el abuelo de Desokupa... No ha faltado a la cita la alineación titular de la España sin dedos de frente pero con dos dedos de caspa. Esa que un día denuncia lo insoportable que resulta que haya moros viviendo en las calles de España y al siguiente asegura que los moros, nada más pisar nuestro país, reciben una vivienda por la cara. A veces aseguran lo uno por la mañana y por la tarde lo otro. A mucha gente les parece bien. ¿Qué mayor libertad hay que no tener por qué ser coherente ni ceñirse a la realidad? Ahora tampoco queremos españoles con derecho a casa, acaban de actualizar su ideario y tendrá sus seguidores.

El patriotismo es así y la gama de patriotas se muestra estos días en todo su esplendor y pantone. Desde los patriotas a secas, molestos con la reivindicación de mejora de vida para la ciudadanía de España, hasta los muy patriotas, que amenazan con acudir por la noche con palos a agredir a quienes piden mejoras en la calidad de vida de la ciudadanía de España. Deja a los chavales que camelen, que diría el Fary. Está bien que así sea. Qué desastre de lucha sería aquella que no lograse ser atacada por quienes deben atacarla. Es señal de buena salud. Hace poco descubrí que la frase “ladran, Sancho, luego cabalgamos” no aparece en el Quijote. En ningún momento. Ni siquiera una que se le parezca. Esa expresión no es obra de Cervantes, sino producto de la sabiduría popular de este país. Seguro que surgió en alguna plaza. Ladran, Sánchez, ¿vas a cabalgar?, se pregunta ahora sin demasiada esperanza bajo las tiendas de campaña, pero con mucha dignidad.

CTXT  DdA, XXII/6483

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