jueves, 24 de septiembre de 2026

UNA FIEBRE DE DOS EN DONDE CONSUMIRNOS


Francisco Caro

RECUERDO QUE fuimos en verano a buscarla (mi sobrino Aníbal y yo). La encontramos en los alrededores del camino que lleva al Manzano. Pesaba más de lo que supusimos al elegirla. Dichosa cuarcita, se resistía, pero era la que yo deseaba. La colocamos luego reclinada al frente de la casa. Y sobre ella el número 52 que nos asignaron. Comenzamos a vivir tras el número en mayo del 88. Tardamos algún tiempo más en poner la casa casi completa, nuestra. Y en crear el patio y sus vegetaciones. Hace un año (y algún mes más) publiqué en Mahalta FUENTÉVAR, libro de poemas sobre cosas, casas, campos y luces en cercanía. En él incluí este poema que nos dice. La vida.
NÚMERO 52
Veníamos del antes,
de aquel lugar barcino en donde
el amor extendió sus instrumentos
y acaso queden rastros, plenitudes,
de las albas que juntos anduvimos.
Recuerdo cómo
—pero no indemnes—
abrazados salimos a unas nuevas raíces.
No volveré, no volverás,
uno al otro en murmullo nos dijimos.
Mas hoy y aquí, en el lugar en donde
levantamos refugio
—52 en piedra—,
sabemos de otro azul entre las sábanas,
que es vivir una hoguera y sus penumbras,
que estos montes alivian y que somos
un claro menester,
una fiebre de a dos en donde consumirnos.

DdA, XXII/6475

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