El último libro de mi estimado Santiago Alba es muy recomendable. Lo publica Arpa y se titula Gaza y el destino del mundo. Un ensayo sobre la verdad, el poder y el retorno de la barbarie. Ahí es nada. Quizá haya que estar preparado para que su lectura no nos deprima intelectualmente demasiado. Lo que dice en este artículo podría ser una síntesis: Hay israelíes que meriendan en una colina mientras ven arder Gaza. Cómo se han tenido que quebrar los vínculos con algo que antes llamábamos ética o moral universal para que puedas creerte bueno mientras estás participando en un linchamiento. Ese nuevo marco moral, o amoral, esté siendo alimentado por partidos políticos que aspiran a gobernar, incluso a derrocar a un gobierno legítimo por cualquier vía, amparándose en el niño nocturno, en el niño nocturno que todos llevamos dentro. Que nos creamos buenos ciudadanos o buenas personas mientras excluimos al otro, perseguimos al otro o matamos al otro es lo que más me preocupa en estos momentos. A través de Ceuta, este nuevo modelo, este modelo Gaza, está también deslizándose muy deprisa en España, que hasta ahora era un poco una isla que se mantenía protegida del fascismo. Creo que a través de Ceuta el fascismo desembarca definitivamente en España.

Santiago Alba Rico
Hay una cosa que rompe con el modelo del siglo XX. Auschwitz, después de todo, fue ocultado. Los nazis intentaron ocultarlo, no se jactaron de Auschwitz. La decisión relativa a lo que llamaban, eufemística y terriblemente, la “solución final” se tomó en una reunión secreta. Todo ocurría en la niebla, en la oscuridad. En Gaza, ha sido exactamente lo contrario: lo hemos vivido en tiempo real, a la vista de todos. Digo en algún momento, con mucha amargura, que si Hitler hubiera introducido cámaras de televisión en las cámaras de gas quizá habría podido ir más lejos de lo que llegó, que fue realmente bastante lejos.
No podemos mirarlo todo sin contaminarnos; no podemos permitirnos mirarlo todo sin que sufra también nuestra alma, nuestra integridad moral. Hemos visto demasiadas cosas. Las hemos visto en tiempo real, minuto a minuto, sin poder cambiar lo que estaba ocurriendo. Esto es un batacazo civilizacional y moral sin precedentes por una sencilla razón: ya no ocultamos los crímenes; incluso nos enorgullecemos de ellos...,.El libro también es un acta de acusación a Estados Unidos y a la Unión Europea. Esto es algo que podemos constatar en otros campos, no solamente en Gaza. Lo decía Gaetano Mosca, filósofo y teórico del derecho en la Italia prefascista: una minoría organizada siempre es más poderosa que una mayoría desorganizada.
Obviamente, esas minorías que acaban apoyando un genocidio tienen más medios, más dinero y más recursos. También más recursos de propaganda. No solo se han apoderado de las armas y de la violencia, sino también de las palabras. En esas condiciones, una mayoría desorganizada puede hacer muy poco, salvo sufrir desde lejos el veneno moral de esas imágenes terribles en las que hemos visto a niños muertos, enterrados bajo los escombros, disparados por francotiradores o asesinados en sus camas.....
Me irrita muchísimo que se hable constantemente del derecho a la existencia de Israel cuando el único derecho a la existencia que está siendo cuestionado constantemente, incluso desde Europa y desde Estados Unidos, es el derecho a la existencia de Palestina.
Con la particularidad de que Israel y sus gobernantes, desde Ben-Gurión, no han dejado de expresar clarísimamente su negativa a aceptar la existencia de un Estado palestino. Netanyahu no ha dejado de repetirlo en los últimos años. En el propio programa fundacional del Likud está escrito que el territorio de Israel va desde el río hasta el mar. Se reprocha constantemente a los palestinos que utilicen ese lema cuando está incluido en el programa fundacional del Likud.
No hay ninguna disposición por parte de Israel a aceptar la existencia de un Estado palestino. Por eso es necesario des-sionizarlo, y la única manera de hacerlo es que quienes han apoyado desde fuera a Israel dejen de apoyarlo.
Si Israel es un proyecto europeo, para que deje de ser un proyecto colonial, un proyecto genocida, es Europa la que tiene que dejar de apoyar a Israel.....
De pronto, estos días nos estamos encontrando con gente que se cree buena mientras impide que la Cruz Roja entregue pan y agua a los inmigrantes, los expulsa de los lugares donde los ha instalado precariamente el Gobierno o quema sus pertenencias.
Eso me preocupa mucho, porque estamos en un momento de la historia en el que uno puede creerse bueno mientras participa en un linchamiento. Es un poco lo que ocurre en Gaza. Hemos visto a ciudadanos israelíes que suben a la colina en Sderot para ver arder Gaza mientras toman una suculenta merienda o que impiden que se hagan entregas de ayuda humanitaria. Cómo se han tenido que quebrar los vínculos con algo que antes llamábamos ética o moral universal para que puedas creerte bueno mientras estás participando en un linchamiento.
Ese nuevo marco moral, o amoral, esté siendo alimentado por partidos políticos que aspiran a gobernar, incluso a derrocar a un gobierno legítimo por cualquier vía, amparándose en el niño nocturno, en el niño nocturno que todos llevamos dentro. Que nos creamos buenos ciudadanos o buenas personas mientras excluimos al otro, perseguimos al otro o matamos al otro es lo que más me preocupa en estos momentos.
Y en lo de Ceuta ya lo vemos: a través de Ceuta, este nuevo modelo, este modelo Gaza, está también deslizándose muy deprisa en España, que hasta ahora era un poco una isla que se mantenía protegida del fascismo. Creo que a través de Ceuta el fascismo desembarca definitivamente en España.....
EL DIARIO.ES DdA, XXII/6456
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