Félix Población
Es muy probable que desde Rabat se observe la situación que se vive en Ceuta, cada vez más crítica, como el resultado de una estrategia si no programada sí permitida. Parto de la base de que 70 u 80.000 personas cruzando una frontera no se puede dar sin que las autoridades del gobierno que lo permite no tengan su responsabilidad. Por eso y porque después de lo ayer, con grupos de vecinos de extrema derecha quemando las pertenencias de los migrantes acampados en las playas e impidiendo el acceso de ayuda alimentaria*, me parece llegado el momento en que el Gobierno debería tratar urgentemente de resolver con Marruecos un problema que compete a ambos Estados y que tanto el presidente Pedro Sánchez como el ministro de Asuntos Exteriores hicieran algo en este sentido, en trato directo con el gobierno marroquí. También se le debería reclamar al principal partido de la oposición que, por una vez, este asunto de Estado lo tratara como tal y no como una posibilidad de sacar del mismo rédito político para las elecciones próximas. Si ni lo uno ni lo otro ocurre, es muy de temer que la situación en Ceuta derive en un grave conflicto de consecuencias impredecibles, que sobrepasará cualquier otro de índole nacional, normalmente resuelto en las urnas con un cambio de gobierno. Lo de Ceuta, que afecta ahora al actual ejecutivo, es un problema heredable por los gobiernos que le sigan si no se aborda por una vez al menos como asunto de Estado, en el que gobierno y oposición trabajen constructivamente juntos ante el vecino del sur, cuya estrategia al menos permisiva de hace un mes -en línea con aquella de la Marcha Verde- se está beneficiando sobre todo de un gobierno timorato ante Marruecos y una oposición que se sirve de conflicto con el único y deplorable afán de desgastar al ejecutivo, algo totalmente repudiable en las actuales circunstancias. Cuanto más se posponga esa política de Estado, más avanzaremos hacia un mayor y más grave conflicto.
*Coincidió con la llegada del expresidente Aznar a Ceuta, con fines meramente electoralistas para su partido. Una actitud despreciable más en quien ya lleva muchas consigo.
DdA, XXII/6449
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