A la gente nuestra, a ese pueblo bello, extenuado y noble que se levanta todos los días con borra de café y la esperanza fuerte, no se le puede juzgar con la misma vara con que se mide a quien nunca ha sentido el hambre de la escasez planificada. Nosotros no hemos tenido el chance; se nos ha negado sistemáticamente el derecho a mostrar de qué estamos hechos en igualdad de condiciones. Y aún así, ahí están...aún existen...los cariñosos, los solidarios, compartiendo el pan y curando al vecino sin cobrarle un centavo, resolviendo en la cola con una décima o una sonrisa. Eso no es ser malo en nada; eso es tener una dignidad a prueba de gigantes...
Raulito Torres/Aquí La Habana
Mira que uno no logra entender cómo gente que se supone que analiza las cosas, no ve lo que está más claro que el agua de manantial: que la raíz de todo nuestro desgaste, de cada tropiezo, es precisamente ese cerco asfixiante.
El lío es que no es solo una lista de prohibiciones, no, eso es lo que parece en el papel. Esta mierda de bloqueo es una condena que te va torciendo el camino poquito a poco, como la humedad que pudre la madera buena sin hacer ruido. Genera de todo: corrupción, tráfico de influencias, lo que tú quieras… Porque, hablando en plata, cuando te cierran todas las puertas con candado y te obligan a respirar por una rendija, la necesidad te va enseñando mañas feas. La miseria no vuelve santo a nadie; al contrario, te pone a escoger entre lo malo y lo peor. Pero ...en cualquier país del mundo esto pasa...Y no es que al cubano le guste la trampa, es que el asedio es tan bestial que descompone hasta el aire que respiramos.
Pero lo que más duele, y esto lo digo con la mano en el pecho, es cuando repiten ese cuento de que “somos malos en la economía”. ¿Pero de qué economía me hablan, compadre? ¿De cuál, si nunca, pero nunca jamás, nos han dejado probar la vida sin el yugo apretándonos el cuello? A nuestro pueblo, que es puro talento y resistencia, se le ha negado la oportunidad más sagrada: comerciar de tú pa tú con el mundo, sin un sheriff imperial que te amenace con multas millonarias si vendes, si compras, si respiras hondo. Un pueblo que hace milagros con tres pesos y un clavo oxidado, que te inventa una pieza de motor con un alambre y un suspiro, que te salva un niño en terapia intensiva con medicamentos hechos casi de la nada… ¿ese pueblo va a ser “malo en la economía”? Por favor, caballero, eso es no tener ni idea de lo que habla ni de con quién habla.
A la gente nuestra, a ese pueblo bello, extenuado y noble que se levanta todos los días con borra de café y la esperanza fuerte, no se le puede juzgar con la misma vara con que se mide a quien nunca ha sentido el hambre de la escasez planificada. Nosotros no hemos tenido el chance; se nos ha negado sistemáticamente el derecho a mostrar de qué estamos hechos en igualdad de condiciones. Y aún así, ahí están...aún existen...los cariñosos, los solidarios, compartiendo el pan y curando al vecino sin cobrarle un centavo, resolviendo en la cola con una décima o una sonrisa. Eso no es ser malo en nada; eso es tener una dignidad a prueba de gigantes...
.. Pero nosotros sí sabemos, bien adentro, que hoy nos sostiene una manera de estar vivos que no cabe en ningún decreto. Es la terquedad de seguir siendo, de seguir dando, de seguir sembrando flores en una tierra que otros quisieran ver baldía. Y eso, compadre, no hay bloqueo que lo alcance, porque eso no se compra, no se vende, no se rinde. Eso sencillamente es lo que somos cuando el amanecer asoma por el Malecón...
DdA, XXII/6382

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