Hallados los restos de cuarenta personas en la Fosa de la Lloba, también llamada De los lápices, victimas del franquismo asesinadas con pistola y ráfagas de fusiles Mauser por las tropas sublevadas en 1936. Lo de Fosa de los Lápices obedece a que el equipo arqueológico Arqueos, de la Universidad de Oviedo, ha encontrado más de una decena de lapiceros en el lugar, algo que lo hace especialmente singular y hasta simbólicamente especial, teniendo en cuenta que fue durante el periodo republicano cuando más ciudadanos y ciudadanas de este país aprendieron a leer y escribir en las campañas de alfabetización de los sucesivos gobiernos. Pero no solo había lápices, también hebillas, botones, cinturones, mecheros de diferentes tipos y otros pequeños objetos. Entre ellos, balas de diferentes calibres en diferentes lugares y que se cuentan por varias decenas.

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Illán García, La Nueva España
La fosa de La Lloba podría llamarse la «fosa de los lápices» y esto es así porque el equipo arqueológico Arqueos, de la Universidad de Oviedo, ha encontrado más de una decena de lapiceros en aquel espacio de represión, donde los franquistas asesinaron a un número indeterminado de republicanos y demócratas, de críticos con el alzamiento militar de julio de 1936. Pero no solo había lápices, también hebillas, botones, cinturones, mecheros de diferentes tipos y otros pequeños objetos. Entre ellos, balas de diferentes calibres en diferentes lugares y que se cuentan por varias decenas.
«En la parte de abajo hallamos más balas de pistola, aquí en la superior estamos hablando de balas de fusiles, de Mauser de siete milímetros y con ráfagas de disparos», explica Avelino Gutiérrez, responsable de la excavación arqueológica y exhumación de los cuerpos en este núcleo castrillonense. Los lápices eran propiedad de las víctimas, de trabajadores que solían guardar esos pequeños objetos en el bolsillo de sus camisas, quizá para realizar pequeñas anotaciones. Algunas hebillas mantienen pegados trozos de tela, de todas maneras, todas se hallan en mal estado de conservación. «La tierra arcillosa se lo come todo», añade Gutiérrez.

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La investigación ha determinado ya el hallazgo de cuarenta cuerpos. «Sobre todo en la última parte, donde estamos trabajando ahora, están todos amontonados», señala Gutiérrez. A su lado está Carmen Benéitez, también arqueóloga. En un tramo de apenas dos metros se han localizado restos óseos de al menos diez personas. «Eso es un cráneo», indica Gutiérrez mientras un miembro del equipo lo señala. Está hecho casi añicos y, a su lado, se intuyen huesos de extremidades superiores, un fémur y un casquillo de pistola a la altura del corazón. Eso en la parte superior, donde la mayoría de las muertes fueron producidas con balas de fusil.
Los trabajos van a más. El equipo aún no se ha fijado ninguna meta, pero lo que sí es un hecho es que según van avanzando las excavaciones, hallan más cuerpos y más detalles que ayudan a reconstruir una historia que hasta la fecha partía principalmente de testimonios orales, esos que hablaban de que subían camiones llenos de personas a la loma de La Lloba, se oían disparos, y el vehículo bajaba de nuevo vacío. Los informes previos del historiador y especialista en Memoria Pablo Martínez Corral han aportado además las posibles víctimas de este enclave de represión y su vinculación con el centro de torturas de la Quinta Pedregal. El equipo de arqueólogos del pasado jueves estaba formado por siete personas, cinco más Benéitez y Gutiérrez: Diego Díaz, Olalla Álvarez, Eduardo Martínez, Alejandro Fernández y Valentín Álvarez, que realizan una labor minuciosa para dejar a la luz los restos óseos hallados.
Los sublevados falangistas y franquistas, los golpistas de 1936 que asesinaron en La Lloba no solo usaron armas diferentes para dar muerte a los represaliados en la fosa castrillonense. El equipo Arqueos ha observado, por ejemplo, que en la zona donde comenzaron a extraer los primeros cuerpos y donde aparecieron más casquillos de bala de pistolas, algunas víctimas tenían sobre su rostro piedras de gran volumen, que tuvieron que ser extraídas para recuperar los restos óseos.

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La fosa de La Lloba es una de las grandes fosas de Asturias. Hasta el momento solo la de El Rellán, en Grado, la supera en número. Allí fueron exhumados 61 cuerpos, en La Lloba van cuarenta y la labor aún no ha terminado. «La diferencia está en que El Rellán fue una zona de combate pero La Lloba, no. Solo se destinó a la represión», señaló Gutiérrez. Ambos espacios fueron habilitados para enterramientos en lugares antes ocupados por trincheras construidas por los republicanos para la defensa de Asturias. Sin embargo, la de La Lloba nunca se llegó a usar como tal.
El hallazgo de las balas, de diferentes tipos de proyectiles, ayudan a entender cómo se produjeron las muertes. Unas más cerca y otras a distancia e «incluso con ráfagas de disparos», eso en la parte superior en la que se centra ahora la investigación y de la que partirá el nuevo emplazamiento, que será seguir recorriendo el trazado de la trinchera que, según los historiadores, abordará el camino público de acceso a este entorno. Esa cuestión será posible gracias a la nueva inversión que ha anunciado el Principado dotada con 169.000 euros.
Madreñas, botas claveteadas a modo de remaches y cinturones se han encontrado junto a los cuerpos. El equipo arqueológico ha trasladado ya muchos de los objetos al laboratorio, como ha ocurrido con la mayoría de los restos óseos hallados. Uno de los problemas con los que se enfrenta ahora la investigación es el cotejo de los huesos hallados con el ADN de las familias. Los restos óseos están muy erosionados, «migados» en algunos casos, incluso las dentaduras, que suelen ser una de las principales partes del cuerpo para poder detectar de qué persona se trata. El terreno arcilloso dificulta la conservación e impide con nitidez dilucidar sexo o edad. «Por el momento, no hemos encontrado mujeres», señala Gutiérrez.

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En cualquier caso, las familias de los represaliados se han movilizado en los últimos meses y la dirección general de Memoria Democrática ya tiene registradas cuarenta, que sospechan que los restos de sus antepasados pueden estar en este enclave básico para analizar la represión franquista en la comarca de Avilés. Cabe destacar que el proceso comenzó con el respaldo de catorce familias. «Ahora hay tantas familias como cuerpos hallamos hasta ahora», señala Benéitez al tiempo que muestra una caja en la que tienen recopiladas las decenas de balas, proyectiles y casquillos hallados durante la excavación arqueológica.
De todos los lápices hallados, el equipo Arqueos guarda uno en la caseta de obra. Es de pequeño tamaño y con la punta aún visible tras pasar bajo tierra y junto a su dueño casi noventa años hasta que el equipo Arqueos interviniera en La Lloba, en la fosa de los lápices.
ASTURIAS LAICA DdA, XXII/6392
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