Ana Cardo
De entre las grandes voces de la radio en España, con las que muchos crecimos sintiendo nacer y crecer nuestra continuada afición por el medio, la de Rafel Taibo quizá sea para mí la más próxima y entrañada en mi memoria de adolescente. Después, como locutor y cronista de conciertos en Radio Clásica, no he dejado siempre de celebrar la intensa actividad de Taibo en una emisora imprescindible para el cultivo y difusión de la música clásica. Fue, con la del también fallecido Pérez de Arteaga y la de José Luis Téllez, una de las voces más reconocibles de Radio Clásica a través de buen número de programas y retransmisiones. Por la calidez, precisa dicción y fluida entonación de su voz, Taibo realizó también excelentes trabajo al margen de ese medio: ya fuera en el doblaje los magníficos documentales de Jacques Costeau o en el de actores en conocidas películas, los recitales de poesía y hasta algunos anuncios publicitarios. Rafael Taibo sintió desde muy joven una inclinación acusada tanto por la radio como por el teatro y siempre mostró una inquietud por el activismo social, reflejada en haber presidido durante casi veinte años el Club de Amigos de la Unesco. Nació en Ferrol en 1935 falleció el pasado 5 de mayo en Madrid. Nos gustaría que, de algún modo, tanto la radio como la televisión públicas, le dedicaran un programa de homenaje. Su hija lo ha despedido con estos versos de Juan Ramón Jiménez:
DdA, XXII/6336

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