Violeta Martínez
La carta de esta médica de familia no descubre nada nuevo, pero complementa algo que psicólogas, trabajadores sociales y especialistas en salud mental llevan años advirtiendo: la vivienda se ha convertido en un problema de salud para la gente que trabaja y para la que no. Ansiedad, insomnio, depresión, dependencia económica o imposibilidad de salir de relaciones violentas no aparecen de la nada. Cuando una persona vive con miedo constante a perder el techo, compartir habitación o no poder independizarse, el cuerpo y la mente acaban pasando factura. Y el problema no es qué medicamento recetar, sino haber normalizado condiciones de vida que enferman a las personas sin que haya ningún patógeno.
DdA, XXII/6399

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