sábado, 9 de mayo de 2026

EL VIAJE DE AYUSO A MÉXICO NOS HA PUESTO A TODOS EN RIDÍCULO

La insistencia de Ayuso en escribir “Méjico” tal vez deba interpretarse como la manifestación de un ambicioso e inconfesable sueño: volver a conquistar América del Sur. Prefiero no saberlo. Sea como sea, el viaje de Ayuso a México nos ha puesto a todos en ridículo, pues muchos mexicanos pensarán con razón que España es un país de borregos, donde “solo se premia -como dijo Valle-Inclán- el robar y el ser sinvergüenza”. Nos queda el consuelo de saber que en la superpotencia situada al norte de México, esa que robó el 55% de su territorio, también se recompensa la imbecilidad y la vileza.


Rafael Narbona

Ramón María del Valle-Inclán contaba que viajó a México porque se escribía con equis, pero Isabel Díaz Ayuso se empeña en utilizar la jota. La RAE recomienda utilizar la equis, pues considera que es más correcto, ya que pone de manifiesto que México fue creado por el pueblo mexica o azteca. Sin embargo, Díaz Ayuso considera que México no fue fundado por el pueblo mexica, sino por Hernán Cortés. Nacho Cano, admirador de la lideresa y autor del indigesto musical Malinche, suscribe esa interpretación y celebra que los colonizadores fueran españoles y no ingleses. Si los pérfidos hijos de Albión hubieran ocupado Tenochtitlán, capital del imperio azteca, habrían degollado a todos sus habitantes. En cambio, Hernán Cortés y sus aliados indígenas, mucho más compasivos, solo exterminaron a 240.000 nativos, sin hacer distinción entre hombres, mujeres y niños.
Ayuso y Nacho Cano reivindican la figura de Hernán Cortés como precursor de la Hispanidad. Al parecer, Cortés comprendió que el “descubrimiento de las Indias Occidentales” constituía uno de los momentos más gloriosos de la humanidad. Gracias al genio de España, un continente sumido en la barbarie y el paganismo pasó a formar parte de un Imperio cristiano donde no se ponía el sol. No creo que Ayuso haya leído a Ramiro de Maeztu, pero sí lo ha hecho la corte de políticos, plumíferos y pseudohistoriadores que elaboran su discurso y han convertido la provocación en una imagen de marca. Publicada en 1934, la Defensa de la Hispanidad de Maeztu describía la colonización española de América como una misión civilizadora. Los españoles habían creado una comunidad con una sola lengua y un solo credo. La fe católica había sido el elemento que había disuelto las diferencias étnicas, aglutinando a hombres y mujeres alrededor de la Cruz, símbolo de grandeza y abnegación. Maeztu opinaba que América y España se habían distanciado por culpa de la democracia y el liberalismo, pero esperaba que volvieran a estrechar lazos bajo la bandera de la Tradición.
Los ideólogos de Ayuso han modernizado su discurso, pero sin alterar el mensaje. España no debe sentirse mal por la conquista. En realidad, no destruyó nada. Al revés, fundó universidades e iglesias, sacando de su atraso a pueblos bárbaros y primitivos. El hecho de que perdieran la vida el 90% de los nativos solo es un incidente menor. Es cierto que la mayoría de las muertes se produjeron por culpa de enfermedades infecciosas como la viruela o el sarampión, pero se calcula que varios millones perecieron a consecuencia de las masacres, el trabajo forzoso en las minas y el régimen de servidumbre en las encomiendas. La población de lo que hoy es México central se redujo en poco más de un siglo de veinticinco millones a poco más de un millón. Hernán Cortés fue uno de los artífices de esta gran obra.
Entre sus grandes aportaciones, hay algunos eventos particularmente destacables. En 1519 ordenó una matanza preventiva en Cholula que acarreó el asesinato de 5.000 civiles, incluyendo mujeres, ancianos y niños. En 1525, torturó con aceite hirviendo a Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica, para que revelara la ubicación del tesoro real y, tiempo después, ordenó que lo ahorcaran con el pretexto de una supuesta conspiración, lo cual provocó la indignación de varios capitanes españoles, pues sabían que era una acusación injusta. Se sospecha que Cortés estranguló a su esposa, Catalina Juárez, tras una disputa conyugal, y es sobradamente conocido que esclavizó a miles de prisioneros de guerra marcándoles la mejilla con un hierro candente. A la luz de esta trayectoria, está claro que su principal preocupación era cristianizar y civilizar a unos salvajes.
Ayuso, una mujer con un bagaje cultural muy limitado, quizás desconoce algunos aspectos de la biografía de Hernán Cortés, pero si profundizara en ella, no modificaría su punto de vista, pues nunca le ha interesado la verdad. Al igual que otros líderes populistas, considera que la objetividad histórica es secundaria. Su prioridad es imponer su visión ideológica, aunque eso implique mentir, distorsionar o engañar. Ayuso insiste en escribir México con jota porque alguien le ha dicho que es una forma de subordinar la identidad mexicana a la colonización española. No le interesan las cuestiones filológicas, pero no le vendría mal saber que el topónimo “México” procede del náhuatl, el idioma de los aztecas. Significa “lugar en el ombligo de la Luna”. El sonido de la equis sería /sh/, un sonido que existía en el castellano antiguo y que se conocía como sonido fricativo prepalatal sordo. Alfonso X de Castilla, que fijó el canon del castellano en el siglo XII, estableció que el sonido /sh/ debía escribirse con equis y los colonizadores españoles del siglo XVI aplicaron esa norma a los sonidos del náhuatl, acordando que la tierra conquista debería llamarse Mexico (sin tilde). Sin embargo, el sonido fricativo prepalatal sordo /sh/ desapareció del castellano en el XVII. En su lugar, comenzó a utilizarse el sonido fricativo velar sordo, que corresponde a la jota y la ge.
En 1815, la RAE estableció en su Ortografía de la Lengua Castellana que todas las palabras que se escribían con equis y que se pronunciaban con /j/ debían ahora escribirse con jota, y no con equis. Esa decisión surgió en el contexto de lucha por la independencia y la equis, asociada a muchas palabras de origen prehispánico, se transformó enseguida en símbolo de liberación frente a la dominación española. A lo largo del siglo XIX se fundaron Academias de la Lengua en los países que iban logrando la independencia y ninguna admitió la posibilidad de escribir México con jota. Hasta 1992, la RAE no aceptó México como un término correcto y hubo que esperar a 2001 para que recomendara esa forma como la más adecuada.
Al igual que la tumba de Alejandro Magno, el expediente académico de Díaz Ayuso se halla en un lugar desconocido y nada indica que vaya a salir a la luz. Hasta que se resuelva este enigma arqueológico, aconsejaría a la presidenta de la Comunidad de Madrid que estudiara un poco y aprendiera que es más acertado utilizar el sonido fricativo prepalatal sordo en vez del sonido fricativo velar sordo cuando se habla de México. Quizás ya se lo haya soplado alguien y, en ese caso, su insistencia en escribir “Méjico” tal vez deba interpretarse como la manifestación de un ambicioso e inconfesable sueño: volver a conquistar América del Sur. Prefiero no saberlo. Sea como sea, el viaje de Ayuso a México nos ha puesto a todos en ridículo, pues muchos mexicanos pensarán con razón que España es un país de borregos, donde “solo se premia -como dijo Valle-Inclán- el robar y el ser sinvergüenza”. Nos queda el consuelo de saber que en la superpotencia situada al norte de México, esa que robó el 55% de su territorio, también se recompensa la imbecilidad y la vileza.

DdA, XXII/6340

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