Lazarillo
La presidenta de los Estados Unidos de México viajó a Barcelona en clase turista. Puede sorprender a la vista de lo que hacen otros presidentes, pero no en Claudia Sheinbaum. La presidenta mexicana ha negado a su llegada a la Reunión en Defensa de la Democracia que su país mantenga una crisis diplomática con España. “Nunca la ha habido”, ha dicho Sheinbaum, “lo que es muy importante es que se reconozca la fuerza de los pueblos originarios para nuestra patria”. Lo cierto es que algunos, desde España, echamos de menos una relaciones más intensas a todos los niveles con un país muy unido al nuestro en los peores momentos de nuestra historia. Sería deseable que la reunión de Barcelona sirviera para que esas más intensas relaciones se establezcan. "Vengo de una historia milenaria que no es pasado", ha dicho Sheinbaum al inicio de su intervención, "de una memoria que no se conquista y de unas raíces que se mantienen". También, aludiendo al presidente Lázaro Cárdenas y a su generosa actitud ante el exilio de los republicanos españoles, dijo venir de un país que abrazó a ese exilio y convirtió la solidaridad en acción. No hay democracia cuando no hay opción para los pobres, subrayó Sheinbaum. La democracia significa que la vida no se compra. Terminó su alocución poniéndole plural a la conocida frase de Benito Juárez: Con los pueblo todo, sin los pueblos nada.
Claudia Sheinbaum es la mujer más poderosa de Iberoamérica. Y con todo ese prestigio llegará a la próxima reunión de gobiernos progresistas en Barcelona —la llamada “Movilización Progresista Global”—: la cumbre ideológica global de la izquierda democrática.
El dato no es menor.
El mundo entero volteará a ver lo que ocurra en dicha cumbre. Pero los asistentes de más de 40 países —entre jefes de Estado, representantes de partidos políticos, sindicatos, think tanks y organismos internacionales— también voltearán a ver a la mujer que gobierna al socio comercial más importante de Estados Unidos —por arriba de Canadá y China—; a la segunda economía más grande de Latinoamérica —solo por debajo de Brasil—; al país que ha contribuido con un 60% de la reducción de la pobreza en América Latina; a la nación con la mayor cantidad de obras públicas de todo el continente americano (trenes, autopistas, puertos, aeropuertos, puentes, hospitales, universidades, etcétera).
Y, para que de una vez se caliente el ambiente entre simpatizantes y detractores, a la próxima potencia de gas shale o gas de lutitas —porque, lamentablemente, el destino nos alcanzó y la próxima revolución económica seguirá siendo no solo tecnológica, sino también de quien aún tenga recursos no renovables en un planeta que agota sus últimos recursos de manera acelerada—: un recurso indispensable para el crecimiento y desarrollo de un país que ya no puede estar a expensas del capricho y la volubilidad de Donald Trump o de cualquier otro presidente que gobierne al vecino del norte.
Sí, Claudia Sheinbaum, a los ojos del mundo, llega no solo como una estadista, sino como la mujer cuyo poder político ha frenado presiones hegemónicas de Estados Unidos —una lección que aprendieron muy bien Inácio Lula da Silva y Pedro Sánchez—, pues antes de que ambos decidieran manejar una política de confrontación con el residente de Mar-a-Lago, la presidenta de México era la única que sorteaba presiones arancelarias del principal señalado en los archivos de Epstein.
Así que la llegada de la mandataria mexicana al Aeropuerto Internacional Josep Tarradellas Barcelona-El Prat acaparará los reflectores.
No es menor lo que ocurrirá en Barcelona.
El evento se plantea explícitamente como una respuesta organizada al auge global de fuerzas conservadoras y de extrema derecha que han seguido avanzando en Europa y América. Basta recordar que esta iniciativa —la de reunir a las fuerzas progresistas del mundo— fue del expresidente chileno Gabriel Boric, hoy en un país que, según esta lectura, ha girado hacia la extrema derecha.
Pero también es una cumbre cuya locomotora principal serán Brasil, Colombia, España, Uruguay y México: naciones que en conjunto suman 6.16 billones de dólares de Producto Interno Bruto anual; es decir, sin España, el 69% del PIB de América Latina; y sumando a España, el equivalente al 105% del PIB latinoamericano. Naciones que, en conjunto, representan a más de 448 millones de personas. Ese solo bloque de países se ubicaría como la quinta economía del mundo —solo por debajo de Estados Unidos, China, la Unión Europea y los BRICS—.
Para México, es la gran oportunidad de amarrar alianzas políticas y económicas que disminuyan la dependencia económica y comercial con Estados Unidos. Un ejemplo de ello es el evidente acercamiento con Brasil, que juntos suman más del 50% de la economía latinoamericana.
Pero también implica armar un bloque frente a los intereses hegemónicos de Estados Unidos en Centro y Sudamérica, cuyos personeros regionales (Ecuador, Bolivia, Argentina, Chile, Panamá, Honduras y El Salvador) abanderan una supuesta lucha contra los cárteles de la droga, a la que han denominado “Escudo de las Américas” (Shield of the Americas): una peligrosa coalición militar cuyos primeros episodios ya se han hecho notar, como el bombardeo de Ecuador en la franja fronteriza con Colombia o el extraño posicionamiento de Argentina al declarar oficialmente al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como organización terrorista.
La cumbre progresista lanza el mensaje: “también nosotros estamos unidos y organizados”.
Por último, esta cumbre también busca estructurar un grupo que se aleje de los intereses de Estados Unidos, pero que no caiga en los brazos de China, la nueva potencia económica cuyos tentáculos envuelven a los BRICS. Se trata, en todo caso, de un nuevo bloque iberoamericano que nace como respuesta a todo lo anterior y que, si se estructura bien, podría salir fortalecido y bien posicionado.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con su mente matemática y su conciencia científica, sabe de la importancia de esta cumbre y, por ello, decide dejar a un lado la estrategia obradorista de que “la mejor política exterior es la interior”. Entiende que ya no se puede vivir aislada mientras el mundo convulsiona en múltiples frentes.
Por lo pronto, su presencia en Barcelona da un espaldarazo a la cumbre de gobiernos progresistas y lanza un mensaje a la extrema derecha mexicana e internacional: su liderazgo político y su prestigio como mandataria la preceden.
DdA, XXII/6318

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