Recuerda este Lazarillo que hubo un tiempo, en Estados Unidos sobre todo, en el que los grandes boxeadores, antes de celebrar sus combates, se dirigían insultantes frases retadoras que cumplían el efecto de dar titulares y expectación mediática al evento deportivo, si por deportivo se puede considerar darse de tortas dos personas en un ring. Pocos podrían imaginar entonces que, pasados los años y en unos tiempos en los que el boxeo ha pasado a ser deporte menor, el primer mandatario de aquel país iba a igualar en tan chulesco comportamiento a los púgiles, tal como viene haciendo Donald Trump con los países que ataca o pretende atacar militarmente, ya sea por su cuenta o en compañía de su socio, el genocida Netanyahu. En el caso de lo dicho por Trump sobre Irán, debería hacer recapacitar a la sociedad estadounidense -por si todavía no lo hizo, que viene siendo ya hora- en la nauseabundo personalidad de quien ocupa la Casa Blanca, porque a la habitual jactancia del individuo une una ignorancia de bochorno. USA está cavando su derrumbamiento con este presidente. A todo imperio le llega.

Ricardo Miñana
Donald Trump dijo anoche: —“Devolveremos a Irán a la Edad de Piedra, que es donde pertenecen”— invitan a una reflexión profunda sobre el lenguaje que se utiliza en la política internacional y sus consecuencias.
Más allá de la contundencia de la frase, este tipo de discursos pueden reforzar dinámicas de confrontación y deshumanización que han marcado muchos episodios trágicos de la historia. Hablar de un país como Irán en términos de destrucción total no solo simplifica una realidad compleja, sino que ignora la riqueza cultural, histórica y social de una civilización con miles de años de legado.
La nación persa tiene más de 5.000 años de historia, fue una de las primeras y más poderosas superpotencias de la historia. Irán, heredero de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, ha sido un actor relevante en distintos momentos de la historia. Reducirlo a un enemigo absoluto puede dificultar el entendimiento y el diálogo, que son fundamentales para la estabilidad global.
Al mismo tiempo, es importante reconocer que todas las naciones, incluida Estados Unidos, tienen historias complejas, con luces y sombras. Analizar el pasado —incluyendo episodios de violencia, expansión o conflicto— debería servir no para justificar enfrentamientos actuales, sino para aprender de ellos y evitar repetir errores.
En definitiva, el lenguaje importa. Las palabras que se utilizan desde posiciones de poder pueden contribuir a la escalada de tensiones o, por el contrario, abrir caminos hacia soluciones más constructivas. Apostar por la reflexión crítica y el respeto mutuo parece más necesario que nunca en un mundo interconectado*.
*El comandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria Islámica, el general de brigada Majid Mousavi, afirmó que quienes profieren amenazas contra Irán, en efecto, están llevando a sus propios soldados a la muerte, rechazando las afirmaciones de que Irán podría retroceder a la Edad de Piedra. En una publicación en X, en respuesta al secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, Mousavi describió dichas advertencias como «ilusiones de Hollywood» y criticó a Estados Unidos, una nación con 250 años de historia, por intentar intimidar a una civilización con más de 6000 años de antigüedad.
DdA, XXII/6304
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