El ahorcamiento ha sido el método elegido por la mayoría del Parlamento israelí, que celebró estar del lado correcto de la historia con un brindis liderado por Ben Gviro. La nueva ley -escribe Tecé en CTXT- forma parte de un plan divino. Un encargo más de un dios hiper productivo. Por si no lo saben, dios está en contacto permanente con el actual Gobierno israelí. Les va dando órdenes, cuentan ellos. Me generáis un poquito de corrupción por aquí, me cometéis un genocidio por allá y, cuando os aburráis, iniciáis una guerra ilegal y ahorcáis a unos cuantos palestinos. La agenda del dios de Netanyahu es tan apretada, está tan estresado el todopoderoso, que no se pilla vacaciones ni en Semana Santa.
Gerardo Tecé
Israel instaurará la pena de muerte para terroristas. Terroristas palestinos, se entiende. Terrorismo no es bombardear hospitales o escuelas con niños dentro, que quede claro. Es bueno dejar claras estas obviedades para evitar futuras confusiones. El ahorcamiento ha sido el método elegido por la mayoría del Parlamento israelí, que celebró estar del lado correcto de la historia con un brindis liderado por Ben Gvir, socio ultraderechista de Netanyahu. Qué extraño debe resultarle a un genocida que a un colega suyo lo llamen el ultraderechista. ¿Ves al tío de allí? Es el amigo ultraderechista de Hitler, imagínate. O el amigo guapo de Brad Pitt. Si no se dedicasen a matar niños, sería hasta divertido. Ben Gvir es el impulsor de esta nueva ley que, a su vez, forma parte de un plan divino. Un encargo más de un dios hiper productivo. Por si no lo saben, dios está en contacto permanente con el actual Gobierno israelí. Les va dando órdenes, cuentan ellos. Me generáis un poquito de corrupción por aquí, me cometéis un genocidio por allá y, cuando os aburráis, iniciáis una guerra ilegal y ahorcáis a unos cuantos palestinos. La agenda del dios de Netanyahu es tan apretada, está tan estresado el todopoderoso, que no se pilla vacaciones ni en Semana Santa.
Si uno lee la letra pequeña de esta ley, se cumplen todas las garantías que un Estado como Israel, en la Champions de las democracias fetén, debe ofrecer. Para empezar, la muerte de palestinos atándoles una soga al cuello sólo se aplicará cuando un tribunal demuestre, con pruebas fehacientes, que el crimen fue cometido. Un tribunal militar, a propósito. Basta ya de tribunales con jueces, esa cosa woke. Será el ejército de Israel el responsable de determinar quién es terrorista, un concepto muy abierto. Según Amit Halevi, miembro del partido de Netanyahu y provida, los bebés palestinos recién nacidos, por ejemplo, son terroristas y hay que actuar en consecuencia. Es su opinión y hay que respetarla. Para eso Israel es un país libre. Cisjordania ya menos. Será allí, en territorios ocupados por Israel, donde se aplique esta novedosa pena de muerte burocrática, un poco lenta. La pena de muerte a secas, la normal, la efectiva, la de veo una familia de palestinos y me hago un selfie disparándoles un misil, se aplica cada día, como vemos en el telediario. Lo novedoso políticamente es que el Gobierno de Netanyahu, entregado a la psicopatía sin disimulo, va a aplicar legalidad sin garantías legales en un territorio que ocupa de manera ilegal. Si le preguntan a Ayuso o Abascal dirán que a favor. A favor de los responsables del asesinato de miles de inocentes en Gaza y en contra, por supuesto, del terrorismo. Rechazar la coherencia y la mínima moral también es libertad.
En Israel, millones de ciudadanos y en el mundo millones de judíos decentes se oponen a una indecencia histórica más. Pero, una vez más, o siguen siendo minoría o siguen siendo irrelevantes frente al poder de los psicópatas al mando. Las ONG que acusan al Gobierno de Netanyahu de violencia racista son una molestia sonora, nada más. Los expertos que opinan que con este paso Netanyahu pisotea un poco más el Estado de derecho son ridículos pepitos grillos sin importancia. La hegemonía en Israel va por otro lado. Las ejecuciones de palestinos son el día a día, no hay novedades en ese sentido. Lo novedoso ahora es querer reglarlo. Hace poco se aseguraba que esos asesinatos no sucedían. Cuando no quedó más remedio porque estaba siendo televisado, se reconocieron y justificaron. Ahora, quieren legalizarlos y convertirlos en una fiesta de la democracia en la que se acaba brindando. Se está haciendo historia y la Historia, con todas sus letras bien mayúsculas y bien negras, hablará de todo esto en el futuro. No hay que ser muy listo para darse cuenta en el presente.
CTXT DdA, XXII/6303

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