"Niego haber abusado, coaccionado o faltado el respeto a ninguna mujer". ¡Huea! Coacciones y abusos ya tal -escribe Torres-, pero con lo de faltar al respeto hay tantos vídeos que sólo con ellos podría ilustrarse un programa especial sobre babosos, testosterona y derecho de pernada. Presentadoras que ríen incómodas mientras Julio les soba el culo y las caderas. Entrevistadoras que intentan apartar la cara mientras Julio les va plantando lametazos por cojones. Periodistas que asistían, atónitos, a la entrada triunfal del cantante en un hotel y al modo en que iba repartiendo besos y pellizcos a todas las jóvenes que se le cruzaban por delante: admiradoras, empleadas, camareras, clientas, lo que fuese. Le va, le va, le va...
David Torres
En el comunicado que hizo público el pasado viernes, Julio Iglesias respondía a las acusaciones de agresión sexual con una frase digna de figurar en la pizarra de un oftalmólogo. Sus abogados, sus consejeros, sus amigos, su esposa, su mucama incluso, deberían haberle advertido de que la frase en cuestión era una patada en los ojos, pero tampoco puede esperarse que un millonario que rateaba 350 euros mensuales a unas empleadas del hogar -que, por lo visto, eran chicas para todo- disponga de un gran asesoramiento técnico y legal. La frase, breve y rimbombante, merecería que Julio la cantase con ese ramoneo espasmódico -una mano freudiana en el micro y otra en la boca del estómago, napoleónica- que ha hecho las delicias de tantos sordos y sordas. Dice así: "Niego haber abusado, coaccionado o faltado el respeto a ninguna mujer". ¡Huea!
Coacciones y abusos ya tal, pero con lo de faltar al respeto hay tantos vídeos que sólo con ellos podría ilustrarse un programa especial sobre babosos, testosterona y derecho de pernada. Presentadoras que ríen incómodas mientras Julio les soba el culo y las caderas. Entrevistadoras que intentan apartar la cara mientras Julio les va plantando lametazos por cojones. Periodistas que asistían, atónitos, a la entrada triunfal del cantante en un hotel y al modo en que iba repartiendo besos y pellizcos a todas las jóvenes que se le cruzaban por delante: admiradoras, empleadas, camareras, clientas, lo que fuese. Le va, le va, le va, le va, le va. Si estas exhibiciones de pavorreal en celo sucedían en público y ante las cámaras, imagínense lo que podía suceder en privado y en su casa. Ya le vale.
Buena parte del estupor con que se ha recibido la publicación de las denuncias viene del aplauso masivo con el que desde siempre le hemos reído las gracias a nuestro cantante más internacional. De haberlo convertido en un meme sonriente y lo sabes. De haberle amputado el apellido para nombrar un mes veraniego, como si no hubiera existido Cortázar. Y, sobre todo, de haberlo celebrado como nuestro mamarracho ibérico predilecto, la única competencia seria del rey Juan Carlos en el campo del ligoteo desenfrenado, del folleteo indiscriminado y universal. Antes de preguntarnos por la caída de nuestros ídolos, quizá deberíamos preguntarnos qué ídolos de mierda hemos ido exportando al extranjero y con qué clase de porquería hemos ido levantándolos.
Menos mal que, para quienes no entendíamos la peculiar dinámica amorosa de Julio Iglesias, han salido unos cuantos expertos a explicarla. El cantante Francisco, por ejemplo, asegura que "es una buena persona, siempre ha sido un caballero con todo el mundo". Dejando aparte el adverbio y más aparte la intimidad del hogar, hay que tener un concepto bastante primitivo de la caballerosidad para aceptar bajo ese epígrafe los tocamientos y baboseos de un señor que, en presencia de una mujer, no puede dejar quietas ni la lengua ni las manos. Francisco debe de referirse a esos caballeros medievales que iban por ahí montados a caballo con una lanza fálica, escogiendo muchachas entre los trigales y beneficiándoselas en un pajar. En el empalagoso cancionero de Julio Iglesias, hay bastantes letras que hablan de estas cosas, de desfloraciones, de estrenar unos labios de niña, de ser un truhan y un señor.
Sin embargo, hablando de muchachas y de niñas, la mejor explicación de todas la dio Ramón Arcusa, del Dúo Dinámico, un grupo cuyo mayor éxito, no lo olvidemos, es Quince años tiene mi amor. En una entrevista en Telemadrid digna de figurar en el próximo especial de Nochevieja, Antonio Naranjo le preguntaba por unas polémicas declaraciones hechas días atrás mientras le iba dictando palabra por palabra un guion para que rectificara: sólo tenía que repetirlo. A lo mejor la conexión no era buena, a lo mejor no le dio la gana, pero el caso es que Arcusa vino a decir que el roce hace el cariño, que cuando una violación se repite muchas veces, pues ya hay una relación. Naranjo, pobrecillo, no sabía dónde meterse y al final parafraseó a su invitado por si alguien no lo había entendido: "Suena un poco raro decir que, si te violan muchas veces, es que lo acabas aceptando".
Casi sin pretenderlo, mientras intentaban ridiculizar a unas
pobres trabajadoras que se atrevían a denunciar a un millonario todopoderoso,
Arcusa y el mamporrero oficial del PP estaban contando una versión de aquel
chiste, machista hasta la médula y asqueroso a más no poder, que habla de una
mujer que va a la comisaría a denunciar una violación. "¿Cuándo la han
violado?", pregunta el policía. "Dos veces", responde la mujer.
"Ayer y mañana". "¿Cómo que mañana?". "Sí, es que he
quedado". En Telemadrid lo contaron otra vez, sólo que mucho mejor. Con
letra y música de Julio Iglesias. ¡Huea!
PÚBLICO DdA, XXII/6233

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