Carlos J. Domínguez y Antonio Vega
Las Cortes de Castilla y León han sido ayer el último lugar en el que se ha escenificado un fracaso relacionado directamente con los terribles incendios, sin parangón en la historia de la Comunidad, por parte del Partido Popular en el Gobierno autonómico. Muy especialmente focalizado en el poderoso consejero de Medio Ambiente, el leonés Juan Carlos Suárez-Quiñones, el máximo responsable político del operativo de este negro verano. “Solo está pensando en las elecciones de marzo del 2026”. Ese fue el argumento principal de Quiñones cuando ayer la unión de los votos de toda la oposición en el Parlamento autonómico tumbó, por 47 votos frente a los 33 del Grupo Popular, los dos decretos leyes aprobados hace un mes por el Gobierno autonómico que preside Alfonso Fernández Mañueco. Normas en solitario, incluso criticadas por los brigadistas o los principales sindicatos, a pesar de que incluían medidas como un operativo contra incendios público y permanente, el reconocimiento de la categoría profesional de 'bombero forestal' y complementos ad hoc para algunos cuerpos, o facilitar la jubilación anticipada del colectivo, entre otras muchas medidas
El fracaso venía precedido de largos intentos de negociación personal de Quiñones, en la esperanza de sacar adelante las dos normas “para dar más protección y seguridad a los ciudadanos ante los incendios forestales en la próxima temporada de verano”, defendía. Trascendió sobre todo un dilatado encuentro con representantes de lo que queda del grupo Vox con el que el PP cogobernó la mitad de esta legislatura, una negociación que se saldó con el 'no' rotundo de la extrema derecha. Un 'no' que resonaba también en la calle, un día más, con la enésima protesta sindical contra el propio consejero y el nefasto resultado de las políticas populares en materia de prevención y extinción.
Pero tampoco esto ha achantado a Suárez-Quiñones, que terminó la sesión fallida con sus medidas asegurando que pese a todo “la Junta va a seguir trabajando para tener más seguridad, más prevención, pero está claro que no lo podemos hacer con la colaboración de la oposición, que solo está pensando en las elecciones” autonómicas. Es precisamente ese escenario, el electoral, el que impedirá cualquier otro instrumento legal para llevar a cabo las reformas de los decretos ley, por falta de tiempo material y también de apoyo parlamentario para poder imponer los cambios directamente con una Ley.
Otro fracaso, en este caso de todo el Gobierno de Mañueco por no poder sacar adelante los presupuestos de la Junta para 2026, también le causó a Quiñones daños colaterales cuando al defender las cuentas de su departamento la oposición en bloque, y una vez más, le exigió en vano su dimisión. Nuevamente se escuchó desde la oposición el mismo símil verbalizado otras veces por diversos colectivos: que Quiñones “es el Mazón de Castilla y León”
En aquella comisión parlamentaria el exjuez Suárez-Quiñones aprovechó para pedir públicamente perdón por su primer fracaso en la crisis de su gestión de los incendios. Fue cuando en pleno inicio de la oleada de siniestros incontrolables y dañinos ironizó con las críticas de que él había estado el 10 de agosto en una comida institucional en una feria en Gijón en vez de frente al operativo de lucha contra el fuego en una provincia leonesa que ya ardía. Su ya famoso “tenemos la mala costumbre de comer”.
Entonces no, pero ahora es consciente el político leonés de que aquella salida de tono marcó el deterioro de su imagen. Por eso, este 13 de noviembre asumió públicamente el “error” de actuar “con chulería” y “sobradez”, atribuyendo ese error a los “momentos de tensión”: “Lo era y lo retiré y me arrepentí de ello y lo reconocí. Fue un error estúpido derivado de los momentos que vive uno en esos momentos y que uno no controla las cosas”. Aún así, en un nuevo ejercicio de resistencia, también en esa comisión defendió su acción “rápida y eficaz” contra los peores incendios, retando a la oposición con la frase: De momento estoy yo en la Consejería“.
Hay que recordar que Suárez-Quiñones había permanecido 28 días sin comparecencia pública alguna mientras los incendios arrasaban las provincias de León, Zamora o Ávila, tras otras polémicas declaraciones en rueda de prensa un día después del asunto de la comida: cuando anunció la primera muerte por los incendios en la provincia leonesa, junto a otro herido que también murió pocos días después, y aseguró tajante que ambos eran vecinos voluntarios pero “integrados en el operativo” oficial de la Junta. Pocas horas después, el propio presidente Mañueco le desmintió, afirmando que nada tenían que ver las víctimas con el operativo oficial, sino que actuaban por su cuenta y riesgo.
Y a partir de ahí, el silencio hasta que en el primer Pleno autonómico, como en varios posteriores, se sometió a las críticas de todos los partidos, a las exigencias de dimisión e incluso a una reprobación, y se hizo fuerte en su puesto con total apoyo de Mañueco, defendiendo una y otra vez su gestión y empeñándose en la reconstrucción. Y con el explícito respaldo del presidente Mañueco: “Sí, le apoyo”.
Para entonces, miles de personas habían salido casi espontáneamente a las calles de León capital insistiendo también en que asumiera su responsabilidad política y abandonara el Gobierno de la Junta. Miles y miles de carteles pegados en todos los rincones de la ciudad y otras zonas de la provincia han visibilizado desde entonces ese descontento, un nuevo fracaso de imagen, al que sin embargo nuevamente Quiñones hizo frente con entereza. La última protesta amplia contra él fue este pasado fin de semana de la mano de la plataforma de izquierdas Respeto en una nutrida marcha por las calles leonesas.
Políticamente, han sido varias las escenas en las que el presidente Mañueco ha escenificado su apoyo personal al consejero, arropándole para que continúe en áreas tan sensibles y relevantes como Medio Ambiente Vivienda y Ordenación del Territorio, así como en la empresa pública Somacyl, que maneja tantos proyectos y presupuesto que por momentos supera a la propia administración, actuando, como se la ha denominado muchas veces, como una auténtica 'Junta B'. El último borrador de los fallidos presupuestos da muestra de ello.
Muy especialmente se comentó el guiño, literal, que le lanzó el presidente de la Junta y del PP autonómico en la última 'cumbre' provincial del partido en León, celebrada en la Casa Botines de Gaudí, a quien él mismo ha situado como máximo responsable provincial, al frente de la gestora creada tras dimitir como presidenta provincial Ester Muñoz, ahora mano derecha de Feijóo en el Congreso. Como tal, Quiñones será el máximo responsable de la campaña electoral en ciernes, mientras se despeja la duda de si repetirá por tercera vez como cabeza de lista popular en las elecciones a la Junta en marzo o si su situación lo hace insostenible en aras a mantener el tipo en el resultado frente a PSOE, Unión del Pueblo Leonés (UPL) e incluso Vox en la provincia.
Recientes declaraciones del propio Suárez-Quiñones no parecen alentar precisamente un clima de posible y futuro entendimiento si las urnas, como parece, no dan mayorías suficientes en Castilla y León. La última, que ha sentado muy mal en las filas leonesistas, ha sido declarar en una comparecencia de las Cortes que usa el término “autonómico” por respeto “pero no por convicción”, prefiriendo referirse a Castilla y León como “región”, sin respetar el Estatuto de Autonomía que sí reconoce dos regiones muy distintas.
Suárez-Quiñones respondía así al ser llamado la atención por el procurador del Grupo Mixto, el también leonés Pablo Fernández (Unidas-Podemos), quien he ha prevenido del riesgo que corría su posible candidatura por la provincia leonesa si mantenía esas referencias al regional, que ha utilizado para referirse al secretario general del PSOE de Castilla y León, Carlos Martínez. El consejero aseguró emplear ambas palabras “regional” y “autonómico” para referirse a Castilla y León sólo “por respeto a una opción política que hay en esta Cámara, pero no por convicción”: “Castilla y León es lo que es, una autonomía, tiene ese carácter regional a nivel europeo y a nivel español y por lo tanto no creo que tenga una significación especial”.
Por ahora, el último de la lista de los fracasos emanados de los incendios es el apagón informativo que, salvando las distancias con Mazón en la tragedia de la dana de Valencia, deja todavía incógnitas vitales. Y es que a punto de cumplirse cuatro meses desde el origen del desastre ambiental de agosto, ni el consejero de Medio Ambiente ni nadie de la Junta ha dado aún los datos oficiales y definitivos del impacto de los siniestros, que se cebaron de manera muy especial en la Región Leonesa, con el 92% de la superficie calcinada.
Todos los años, culminada la campaña, Suárez-Quiñones comparece en las Cortes para cerrar la estadística y hacer balance. Sí lo hizo en una jornada específica para periodistas al comienzo de la campaña, augurando un verano muy tranquilo (“no parece año de eventos catastróficos”) y con razonamientos como que los fuegos se producían “no se sabe por qué, la naturaleza, dios si existe o lo que sea”. Pero tras el peor verano de la historia de la Comunidad el apagón informativo es total en este sentido, de modo que no se puede hacer la cuenta oficial definitiva y se desconoce si será posible la foto fija final para la historia.
ILEON

No hay comentarios:
Publicar un comentario