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domingo, 7 de junio de 2026

"DECENCIA ANTES QUE AUDIENCIA", DIVISA ("DEMASIADO BURDA") DE FERRERAS


Ana Cardo

Se están logrando unos altísimos registros de audiencia con la programación que la televisión pública está dedicando al viaje y estancia de León XIV en España. Estoy por asegurar que ni con la derecha en el Gobierno habría obtenido el pontífice una cobertura informativa tan intensa*, si bien León XIV, por sus discursos y la programación de los actos que preside, está pareciendo estar más cerca de lo que Pedro Sánchez representa internacionalmente que la actual derecha española. Sin necesidad del papa de Roma, la programación de la televisión pública ha logrado sobrepasar en audiencia a La Sexta, por lo que se diría que en este canal se están mostrando un tanto nerviosillos . Sobre todo después de que Javier Ruiz y Jesús Cintura, dos de los protagonistas -con Silvia Inchaurrondo- en el alza de audiencia de TVE con sus respectivos programas de mañana y tarde, sugiriesen una campaña en contra de RTVE por parte de los canales privados, al parecer por motivos económicos: menos audiencia, menos publicidad. Antonio García Ferreras habló en su programa de que se les critica por el seguimiento de los casos de corrupción que afectan al PSOE, pero el ahijado de Florentino Pérez dice que esto es en cierto modo defender a la izquierda, "porque si tienes convicciones de izquierdas lo que no puedes hacer es taparte la nariz, mirar para otro lado, o mentir y manipular porque te amenacen. Eso es defender a la izquierda de este país". Bien lo sabe él por hacer lo que hizo con Podemos. Lo gracioso es que, por alinearse con su jefe, el director de La Sexta Noticias, se manifestó pidiendo "decencia antes que audiencia", en referencia a la subida que registra TVE y a la bajada que afecta a La Sexta, superada también por Cuatro TV. Lo de "decencia antes que audiencia" es la divisa de Ferreras desde que dijo aquello de "es demasiado burdo pero vamos con ello", difundiendo patrañas contra Podemos.

*Si el papa fuera un ayatolá venido de Irán...

Najat El Hachmi para El Pais, 7 de Junio de 2026.-

Ir en cercanías y que te pongan delante un vergonzoso cartel en el que se da la bienvenida al Papa en nombre de todos los catalanes. El tren va tarde, hace calor, hay pasajeros de pie sosteniendo todo el cansancio del mundo sobre sus hombros y encima hay que ver a gente bailando una sardana con el lema “Hola, Papa, benvingut Lleó XIV”. En otros carteles aparece Montserrat, un señor vestido de pastoret y un capgros. Ni en tiempos de Pujol nos habían folclorizado de una forma tan humillante. Qué decadencia, dios mío (aunque no existas), qué patética estampa. Y pagada con el sudor de la frente de esos trabajadores que se hacinan cada día en los trenes que no llegan. Todo para recibir al jefe de un Estado minúsculo cuyo poder está sobredimensionado gracias a la herencia franquista del Concordato y que ahora es faro moral de Occidente porque ha soltado un discursito que algunos parecen tomar por El manifiesto comunista. Si vamos a adular al primer teócrata que diga algo sensato de vez en cuando, preparémonos para rendirle la misma pleitesía a cualquier fanático que abra la boca.
Ese trato privilegiado que se le da al jefe del catolicismo (esa secta que solo se diferencia de las demás por estar arraigada desde hace siglos y por tener a mano todo tipo de recursos para afianzar su poder, ahora también el mediático) es una ignominia desde el punto de vista democrático. Recordemos que estamos en un Estado aconfesional que, por lo tanto, no puede tener ninguna preferencia por ninguna religión en particular y debería ser neutral en tal materia. Pero seguimos en la estela del nacionalcatolicismo y todo lo que dejó bien atado el antiguo régimen y por eso hay que parar el mundo cuando ese señor venga a pasearse con su vestido planchado por Barcelona y Madrid pagando nosotros hasta el traslado del papamóvil.
Si el Papa fuera un ayatolá venido de Irán a hacer una visita y fuera recibido como lo es León XIV tendríamos las calles llenas de manifestantes en contra. También organizaciones fundamentalistas como los Hermanos Musulmanes o los salafistas, incluso los talibanes dicen algo estupendo de vez en cuando. Si nuestros gobernantes quieren avalar y permitir la injerencia parasitaria de la Iglesia en el Estado que se preparen para que otras confesiones pidan lo mismo. Si de verdad es aconfesional no podrá negar el mismo trato preferente a ayatolás, rabinos, predicadores evangélicos y todo tipo de hombres que viven en ese delirio colectivo llamado religión y montan circos esperpénticos de rituales absurdos. Por no hablar de lo coherente que resulta declararse feminista y postrarse ante el Papa

DdA, XXII/6370 

sábado, 9 de mayo de 2026

O "EL PAÍS" O NADA, Y ASÍ SEGUIMOS

 


Lazarillo

Desconoce este Lazarillo la presentación que habrá hecho el diario El País, con motivo de las publicaciones y eventos organizados al cumplir este mes de mayo medio siglo, de las siete personas que aparecen en la ilustración que encabeza este post. Era totalmente imposible que en las condiciones históricas en las que se encontraba España, medio año después del fallecimiento del dictador, un grupo de demócratas que se hubiera opuesto a su régimen fundara el que, con el tiempo, se erigió en periódico clave del régimen aflorado con la Constitución de 1978. Fue un grupo de reformistas y liberales, procedentes del propio régimen franquista, quienes se erigieron en fundadores de El País, caracterizados todos ellos por su arraigado anticomunismo, como el propio régimen del que provenían y fue también nota distintiva de la línea editorial del diario. Lo que me parece más significativo de estos cincuenta años del diario de PRISA, coincidentes casi con la conmemoración de los falsos cincuenta años íntegros de libertad promocionados por el actual gobierno, es que El País nació, creció y se desarrolló en Madrid como diario de difusión nacional sin que ningún otro periódico a su izquierda fuera capaz de hacerle sombra, y los que lo intentaron, fracasaron. O El País o nada, y así seguimos.

DdA, XXII/6340

jueves, 7 de mayo de 2026

VILLAREJO, CONDENADO: GRACIAS, DINA BOUSSELHAM

Como le suele ocurrir a este Lazarillo con buena parte de los artículos que publica Tortosa, coincido con el firmante respecto a lo que dice en su blog hoy de la periodista Dina Bousselham y la reciente condena a tres años y medio de prisión del excomisario Villarejo. El robo de la tarjeta del móvil con todos los datos íntimos de Dina acabó en la redacción de un conocido semanario y de aquí pasó a dos medios digitales para hacer del delito un arma política contra Podemos y Pablo Iglesias a base de exponer públicamente la vida íntima de la periodista. En efecto, el llamado "caso Dina" es uno de los episodios más bochornosos -¡y mira que los hubo!- de las cloacas del Estado, en connivencia con el periodismo a su disposición (todo mierda al fin), tan pródigo en miasmas. Yo no sé hasta qué punto lo vivido por la joven periodista, que dirigió La última hora, el digital previo a La Base y a Canal Red con el que Pablo Iglesias inauguró la que hoy es su prioritaria actividad profesional al frente de estos medios, ha tenido sus efectos para que Boussellham no prosiguiera con su vocación periodística. Conociéndola, me ha extrañado que de formar parte en principio del equipo de Canal Red, no la hayamos vuelto a ver en pantalla desde hace tiempo, quizá porque haya preferido otro tipo de trabajo. Yo también le doy desde aquí un abrazo afectuoso a Dina, a cuya entereza y decidida resistencia personal debemos la dignidad de una profesión frente a los que la enlodan y denigran cada día. Estos sí siguen haciendo periodismo, aunque sea de letrina, dirigiendo medios, asistiendo con frecuencia a las tertulias en estudios y platós, y siempre a disposición servil de quienes financian sus empresas de mierda. Gracias, Dina. Lazarillo


Juan Tortosa

Este martes 5 de mayo de 2026, la Audiencia Nacional condenó al excomisario José Manuel Villarejo a tres años y medio de prisión por un delito de revelación de secretos con difusión a terceros, cometido por funcionario público. La víctima principal fue Dina Bousselham, por entonces asesora de Pablo Iglesias en el Parlamento Europeo, y en el origen de todo estuvo el robo de su teléfono móvil en noviembre de 2015 en un Ikea de Alcorcón.
Una canallada en toda regla. A Dina le sustrajeron el dispositivo mientras hacía compras, la tarjeta de memoria con sus datos íntimos, mensajes personales, contactos y conversaciones políticas acabó en la redacción de Interviú y los periodistas Alberto Pozas y Luis Rendueles hicieron una copia completa antes de devolverla cuando Antonio Asensio, presidente del Grupo Zeta, decidió no publicar nada de su contenido. Esa copia llegó a manos de Villarejo, quien la distribuyó a medios afines como OkDiario o El Confidencial y estos sí que se dedicaron a fabricar escándalos que dañaran la imagen de Podemos y de su líder. Ni Eduardo Inda ni José María Olmo parecieron dispuestos a dejar pasar semejante “caramelito”. Así, la vida privada de una mujer joven, militante y trabajadora quedó expuesta sin piedad y su intimidad se convirtió en arma política.
Dina Bousselham sufrió un trato infame, porque además de perder su privacidad, tuvo que soportar la humillación pública, el escrutinio morboso y el shock que supone saber que sus datos más personales circulaban por despachos policiales y redacciones cómplices. Como asesora en Bruselas, manejaba información sensible, por lo que convertirla en diana de una operación de desprestigio fue una forma especialmente cobarde de golpear a un proyecto político emergente. Ella misma ha relatado en diferentes ocasiones el devastador impacto emocional que le supuso descubrir que su móvil había pasado por las manos de Villarejo. Su entereza durante todos estos años merece admiración.
Lo más repugnante fue la complicidad de ciertos periodistas y medios. En lugar de rechazar un material obtenido de forma ilícita, algunos no dudaron en publicarlo actuando así como altavoces voluntarios de una maniobra de guerra sucia. Ni cuestionaron el origen espurio de la información, ni protegieron la intimidad de una ciudadana. Nada nuevo, porque conviene recordar que la connivencia entre sectores de la policía y determinados medios formó parte de un patrón sistemático de acoso y derribo contra Podemos desde su fundación en 2014. Filtraciones, seguimientos, campañas mediáticas, denuncias falsas y operaciones de inteligencia paralela se sucedían una tras otra, aunque sin éxito, dado que todas las causas abiertas contra la formación y sus principales responsables acabaron archivándose.
El “caso Dina” es uno de los episodios más vergonzosos de las llamadas cloacas del Estado. Villarejo encarna como pocos la policía patriótica y paralela que actuaba con impunidad al servicio de intereses políticos y económicos que se sintieron amenazados. Once años más tarde, esta sentencia reconoce que el ex comisario ahora condenado accedió y difundió indebidamente datos privados con intención de perjudicar a una formación política cuyas mensajes calaban, un partido que conseguía salir adelante sin necesidad de pedir préstamos a ningún banco. Las indemnizaciones impuestas por la Audiencia Nacional suenan a broma, cinco mil euros a Dina y mil a Pablo Iglesias, de las que responderá subsidiariamente el Estado. Sin comentarios.
La condena llega tarde y es parcial, los periodistas de Interviú quedaron fuera tras el perdón de las víctimas y otras responsabilidades siguen diluidas pero supone, al menos, un acto de reparación simbólica hacia Dina Bousselham. Este episodio es uno de los más vergonzosos de nuestra historia reciente porque representa el uso espurio de los recursos de inteligencia y seguridad para alterar el tablero democrático.
Durante años se intentó convencer a la opinión pública de que la víctima era la sospechosa. Se invirtió la carga de la prueba en un alarde de cinismo que solo la resistencia de Bousselham y el paso del tiempo han logrado desarticular. La reparación no será completa mientras el asunto se quede ahí, los presuntos profesionales del periodismo que hacen este uso execrable de nuestro oficio no pueden seguir paseándose por los platós como si no hubiera pasado nada.
Un abrazo bien grande, querida Dina.

LAS CARGA EL DIABLO DdA, XXII/6337

miércoles, 6 de mayo de 2026

RAFAEL TAIBO MERECERÍA UN PROGRAMA DE HOMENAJE EN RTVE


Ana Cardo

De entre las grandes voces de la radio en España, con las que muchos crecimos sintiendo nacer y crecer nuestra continuada afición por el medio, la de Rafel Taibo quizá sea para mí la más próxima y entrañada en mi memoria de adolescente. Después, como locutor y cronista de conciertos en Radio Clásica, no he dejado siempre de celebrar la intensa actividad de Taibo en una emisora imprescindible para el cultivo y difusión de la música clásica. Fue, con la del también fallecido Pérez de Arteaga y la de José Luis Téllez, una de las voces más reconocibles de Radio Clásica a través de buen número de programas y retransmisiones. Por la calidez, precisa dicción y fluida entonación de su voz -que tanto se echan de menos hoy-, Taibo realizó también excelentes trabajo al margen de ese medio: ya fuera en el doblaje de los magníficos documentales de Jacques Costeau  o en el de actores en conocidas películas, así como en recitales de poesía y hasta en algunos anuncios publicitarios. Rafael Taibo sintió desde muy joven una inclinación acusada  tanto por la radio como por el teatro y siempre mostró su inquietud por el activismo social, reflejada en haber presidido durante casi veinte años el Club de Amigos de la Unesco. Nació en Ferrol en 1935 y falleció el pasado 5 de mayo en Madrid. Nos gustaría que, de algún modo, tanto la radio como la televisión públicas le dedicaran un programa de homenaje. Su hija lo ha despedido con estos versos de Juan Ramón Jiménez:

"… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando:
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando."

DdA, XXII/6336 

SOLEDAD GALLEGO-DIAZ Y SU PELEA CONTRA LA EXTREMA DERECHA

Por haberla conocido antes de llegar a la redacción del diario El País, hace ahora cincuenta años, en el tiempo de su intrépida militancia antifranquista, que dice Miguel Mora, haber sido compañera y llegar a ser la primera mujer directora del citado diario, después de la funesta etapa liderada por Antonio Caño, este Lazarillo lamenta y siente el fallecimiento de Soledad Gallego-Díaz, a la que recuerda jovial en el bar de la sede donde estaban reunidas las redacciones de la agencia Pyresa (acrónimo de Periódicos y Revistas Españoles), en la que trabajaba, y los diarios Marca y Arriba. Fue por poco tiempo, en el previo y posterior a la muerte de Franco, porque Soledad creo que se integró en la nómina de El País desde el comienzo, bastante antes de que se incorporase a la misma, mediados los ochenta, Malén Aznárez, otra compañera, directora general de los Medios de Comunicación Social de Estado (MCSE) tras la disolución de Prensa y Radio del Movimiento. Como este Lazarillo guarda muy vívida memoria de aquellos años de la transición (sin mayúscula santificadora), por haberlos vivido en los comienzos profesionales y cuando más se esperaba de su transcurso, el adiós a estos reputados y reconocidos colegas comporta una inevitable melancolía y lamento por lo que no fue. 


Miguel Mora

Hablo por teléfono para Luzes con Soledad Gallego-Díaz (Madrid, 1951), una de las mejores periodistas que he conocido. Gallego-Díaz fue una intrépida militante antifranquista antes de convertirse en un referente de El País, donde dio a conocer en exclusiva la Constitución del 78 junto al añorado Bonifacio de la Cuadra. Tras ser corresponsal por medio mundo y directora adjunta con Joaquín Estefanía, cofundó CTXT con un grupo de amigos, en 2015, y en junio de 2018 volvió a El País como directora para intentar rescatarlo de la funesta etapa liderada por Antonio Caño. Estuvo solo dos años, como prometió, pero fue suficiente para conocer de primera mano el terrible efecto que ejerce hoy la bulocracia sobre las redacciones de los medios tradicionales. 

La impresión es que el estado actual del periodismo es grave, pero no serio, y que tiene mala solución. Durante tu carrera has conocido todo tipo de situaciones jodidas para el periodismo. ¿Es este uno de los peores momentos? 

El peor, sin duda. Pero ten en cuenta que yo empecé a trabajar con la dictadura y aquello era lo peor de lo peor. Todo es mejor que la dictadura. O sea que por mal que esté, bueno, ni punto de comparación a lo que fue aquello. Porque sigue habiendo libertad de expresión. No hay nada que te impida escribir lo que tú quieres escribir. Y eso al fin y al cabo es una cosa que deberíamos tener en cuenta. Los principios básicos que necesitas para poder ejercer el periodismo están en vigor. Y eso es importante. Porque a veces se nos olvida. 

Cuando la publicidad se dirige solamente a unos medios no hay equilibrio posible

Pero como diría el dictador, una cosa es la libertad y otra el libertinaje. 

Exacto. Estamos en el libertinaje de expresión en este momento. El problema es que hay una concentración muy grande de propiedad de los medios. Y deberíamos buscar la manera de solucionarlo. Por ejemplo, controlando la publicidad institucional para que sea neutral y no pueda financiar solamente a medios afines. Ese sería un primer paso para garantizar la libertad, la pluralidad y la diversidad de los medios. Porque lo más peligroso es la concentración. Que todo el mundo diga lo mismo y que uno diga muchas burradas no es libertad de prensa. Si hay otra serie de medios que dicen lo contrario y se pueden financiar, no pasa nada. Lo malo es cuando la publicidad se dirige solamente a unos medios, porque las instituciones dedican una cantidad de dinero impresionante a ese capítulo, y no hay equilibrio posible. 

Digamos que hay dos concentraciones, una de la propiedad de los medios, porque unos pocos grandes holdings manejan muchos medios distintos, escritos y audiovisuales y copan el 80% del mercado publicitario. Y luego además hay una concentración ideológica, que es casi peor. 

Claro, pero eso está provocado por la publicidad institucional que se dirige hacia ellos. Muchos de esos medios que hacen tanto ruido no podrían subsistir si no tuvieran esas fuentes extrañísimas de financiación: dinero público opaco, repartido sin cumplir criterios de transparencia ni de eficacia ni de pluralidad ni de defensa del interés general. Si eso se frenara, se podría clarificar un poco lo desagradable que está todo, lo endemoniado y enfangado que está. Deberíamos tener, por ejemplo, suficientes grupos y asociaciones de periodistas que hicieran demandas conjuntas para parar eso. 

No parece que los partidos estén muy por la labor…

Ya, pero una cosa es que no quieran y otra que no se les pueda forzar. 

¿No crees que los periodistas hemos estado, como diría Esperanza Aguirre, demasiado invigilantes? Contra la publicidad institucional que beneficia a los amigotes no hemos dicho nada. Tampoco contra los medios y submedios de las cloacas, ni contra las inversiones ludópatas de algunos CEOs. ¿Somos un gremio cobarde y sin conciencia democrática?

Es verdad que hemos estado muy poco vigilantes. La transparencia de los medios debería ser una cosa elemental en democracia. Y en muchos países es así. En Inglaterra saben muy bien quién es exactamente el propietario de cada medio. Sabes perfectamente la publicidad que reciben. O sea, no es una extravagancia lo que se está pidiendo. ¿Se podría conseguir? Claro que sí. Lo que hay es que ponerse a ello. 

Por otro lado, es verdad que siempre ha habido prensa amarilla. Los tabloides y la telebasura llevan décadas publicando mentiras, rumores o noticias inventadas. Eso no es nuevo. 

No, ese fenómeno no es nuevo. Lo que quizás sí sea nuevo es la acumulación de noticias falsas. O sea, la cantidad de medios y de periodistas que se dedican en este momento a eso. Yo creo que eso no había pasado. Pero eso está propiciado también por las redes sociales. O sea, las redes permiten una manipulación de la información muy superior a la que permitían los medios cuando no existían las redes, que era otra cosa. ¿Existía la manipulación? Por supuesto, pero en un nivel muy inferior, porque los medios técnicos no permitían una manipulación a ese nivel tan voluminoso. Y los medios tradicionales no somos capaces de luchar contra eso. No somos capaces. Nos llevan de la nariz todo el rato. Corremos detrás de los bulos como liebres. El otro día ponía la radio y estaban todos hablando de lo mismo. Y yo pensaba, “¿pero bueno, es que no pasa nada en este país que no sea lo que dice Feijóo, lo que dice Óscar López? ¿No pasa nada en todo el país más que lo que dicen ellos?

¿Y quién crees que decide seguir esa agenda? ¿Los editores, los partidos…?

Yo creo que es culpa de los medios. Y de la falta de perspicacia de los propios periodistas ante la presión enorme que ejercen las redes. Ponen en circulación una información y tú en principio querrías hablar de otra cosa. Pero como las redes están inflamadas con ese asunto, pues tú entras en ese asunto. Y como los políticos se sienten inmediatamente afectados por las redes, presionan para que los medios tradicionales se dediquen también a hablar de las mismas cosas y refuten lo que dicen las redes. 

¿Funciona en los dos sentidos? ¿Apoyar para dar credibilidad o refutar para que tengan menos efecto? 

Sí, pero esa no debería ser la labor de los medios. Los medios deberían tener su propia agenda, su propia capacidad de decidir temas, y eso ha desaparecido por completo. Si no tenemos ninguna capacidad de decidir temas que nos importen, nos los imponen todos. Y creo que eso es lo que hace que el periodismo hoy sea tan extremadamente aburrido. 

Y como decía Andreotti, hacer un desmentido es dar una noticia dos veces. 

Claro, lo de refutar bulos no sabemos si amplifica el bulo o realmente lo refuta. Pero yo no quiero tener que llamar a nadie para desmentir estas patrañas todo el santo día. Y pasamos horas y horas hablando de las mismas cosas. 

Quizá no toda la culpa es de las redes. Hoy hay muchos medios que no necesitan redes para difundir basura. Por ejemplo, cuando Ferreras dijo “voy con esto, aunque es demasiado burdo”. O cuando Inda da noticias falsas en su web y las teles lo llevan al horario de máxima audiencia... Hay muchos periodistas y medios publicando informaciones falsas a sabiendas. 

Ha habido siempre periodistas y medios publicando falsedades a sabiendas. Todo el mundo sabe que el ABC está muy próximo a la banca porque nunca ha tenido la más mínima intención de criticar a la banca en nada. Pero eso no era un problema porque había otros medios que sí podían criticarla. El País, Diario 16 o Triunfo podían perfectamente hacerlo y ya está. Si existiera Triunfo ahora, tendría que estar hablando a la vez, aunque con otro punto de vista, de las mismas cosas que hablamos todos. 

Bueno, no todos…

Jajaja, sí, perdóname. Pero es que el 99% hablan de lo mismo todo el rato. 

Esa unanimidad en perseguir una agenda que realmente no tiene que ver con el interés general, ni con intentar cambiar las cosas a mejor, es decir, con los viejos ideales éticos del periodismo, ¿no estará pensada para crear un clima de rechazo al periodismo?

Crea el clima de que todo es una catástrofe. Pero no, no, no. ¿Por qué demonios va a ser todo una catástrofe? 

Y luego está la difusión del odio. Tratar de derribar gobiernos a base de bulos apoyados por operaciones mediáticas y judiciales cruzadas… Como el caso de Begoña Gómez. Si la libertad de expresión está copada al 90% por tipos abyectos, y por unas redes propiedad de nazis... 

Ese es justamente el problema. Si están todos los medios hablando de Begoña Gómez, ¿entonces habría que hablar más del caso del novio de Ayuso? No. De lo que habría que hablar es de otra cosa. Lo que habría que intentar es meter otro tema. No buscar la otra cara de la medalla. A eso dedicarle un minuto. Pero está ocupando horas y horas y horas de decir lo mismo 5.000 veces de diferentes maneras. Y llega un momento en que la gente tiene que estar exasperada. Porque lo que eso consigue es exasperar a todo el mundo, que es lo que en el fondo quiere el sector más conservador, el sector más bestia de la sociedad. Que la gente deje de informarse porque está completamente exasperada, y diga, “mira, que les den por saco. Voy y voto a la extrema derecha”. Lo que ha pasado por ejemplo en el Alentejo, que fue siempre comunista y ahora está votando a Chega. 

De lo que se deduce que no es tanto un problema mediático, que se podría resolver, sino democrático. 

Las democracias están sufriendo en todas partes en gran medida porque el panorama mediático es un espanto. Y los primeros que deberíamos darnos cuenta de lo que está pasando somos los periodistas. “No, cuento esto en diez minutos y a continuación soy capaz de tener otros temas. ¡Pero es que no se nos ocurren otros temas! Ya no contamos otras cosas. Las otras cosas son las que ocupan cinco minutos”. 

Entonces falla la elección de los temas. ¿Es responsabilidad de los jefes, de las empresas, de los periodistas? 

Las redes ejercen una presión enorme sobre los periodistas, porque es una especie de runrún. Pero si las empresas dicen “no, no hay que contestar esto, vamos a dedicarle solo una columna, y hablemos de otra cosa”, sería más fácil para los periodistas buscar otros caminos. 

Pero el ruido da pinchazos. Y a las empresas les conviene más entrar en ese juego perverso que alejarse de él, porque temen que si se alejan no van a tener la misma visibilidad y los mismos pinchazos…

Cuando sería justamente al contrario. Si se alejaran, serían capaces de introducir otros temas y recuperarían una cierta iniciativa. Pero es imposible, es imposible. Ahí estamos todos metidos en el mismo rollo. 

No podemos vivir colgados todos de la agenda que marcan unos perturbados o unos periodistas corruptos o deshonestos

¿Cómo ha influido la estrategia de Trump y Bannon para que esta situación se haya hecho cada vez más normal?

Creo que han tenido un éxito total y los periodistas que no queremos participar de eso hemos tenido un fracaso absoluto. Pero no es inevitable. Es simplemente que no sabemos verlo. Pero habría que buscar la manera de hacerlo. Porque se puede. No podemos vivir colgados todos de la agenda que marcan unos perturbados o unos periodistas corruptos o deshonestos. No tiene por qué ser así. Pero todos los medios tienen alguien en las redes que dice “oye, mira este tema, hay dos millones de personas siguiendo este debate”. Ah, pues ya está. Lo que hacemos es reproducir el debate que están pidiendo dos millones de personas. Claro, es que es muy difícil conseguir que esos dos millones de personas de repente se fijen en otra cosa. Y como es muy difícil, pues renunciamos. 

También es verdad, el rigor es más cansado, da más trabajo, hay que contrastar, salir a la calle, llamar a la gente… 

Tienes que encontrar temas capaces de competir, claro, y encontrar temas capaces de competir es bien difícil. Es muy difícil encontrar temas que produzcan más participación o más debate. O sea que en vez de estar escuchando dos millones lo que pasa con Begoña, estuvieran dos millones escuchando qué pasa con el hospital de la esquina. Pero no hay manera, no lo conseguimos. 

El panorama es un poquito triste, la verdad. ¿Tú ves algún motivo para la esperanza, en algún sitio? Hay medios pequeños y medianos que están en otra cosa. Pero con una repercusión mínima. 

Claro, lo que habría que conseguir es influir en los grandes. Y no hay manera. Es muy, muy difícil hacerlo. Y eso es lo que es verdaderamente peligrosísimo. 

Cuando estuviste de directora de El País, ¿notaste esa presión por seguir la agenda de las redes controladas por la derecha? 

¡Pero la presión venía de algunos redactores! “¿Pero esto por qué va a tener cinco páginas? ¿Pero por qué este tema va a tener cinco folios? A ver, ¿me lo explicas? Esto, esto, esto. Cuéntalo en un folio y medio y ya está. Pues no, señor. Cinco folios”. Oye, y cuando les decía “pero joder, déjalo en un folio”, me decían: “¡Censura!”. Y yo “que no, que no, tío. Que es que estás escribiendo de lo que les da la gana a ellos. Te llevan de la nariz”. Pero no, dice, “es que yo estoy llevándoles la contraria”. Claro. ¿Y a ellos qué más les da? Lo que quieren es que hables de ese asunto. Para llevarles la contraria o para lo que sea. Pero estás ocupando todo el espacio con esta mierda. ¿Por qué no te dedicas a otra cosa más sensata?”. 

¿Y la empresa presionaba también? 

No, la empresa en aquel momento no. Pero debo reconocer que también fue una época rara, porque yo entré en un momento en que el periódico tenía muchos problemas y se lo dejé claro al empezar. “Yo no tengo ningún interés en ser directora de El País, o sea que si lo soy es para hacer mi trabajo. Voy a estar dos años, a los dos años me voy a ir, a los dos años haga usted lo que le salga de los cojones, pero a los dos años yo ya no voy a estar aquí. ¿Me va a dejar usted trabajar? Porque si no, me voy a ir. Y como no tengo el menor interés en estar aquí, más que eso, pues ya está”.

Jajaja, no me cuesta nada imaginarme la escena. 

Jaja. La verdad es que me dejaron en paz. Pero también porque las circunstancias eran muy especiales y sabían que me iba de verdad. 

Prohibí lo más leído. Los periodistas van a lo más leído y escriben de lo mismo. ¿Por qué? Porque creen que así tienen asegurado el puesto de trabajo

Pero conseguiste meter en la agenda algún tema que estaba vetado, como el de los abusos en la Iglesia. O sea, dejaste pistas de cosas que se pueden hacer sin caer en la trampa de las cloacas…

Eso pensaba yo. Tiene que haber otros temas. Es imposible que no seamos capaces de explicarle a la sociedad cosas que pasan que son más interesantes que toda esta mierda. Y no digo que no se cuente. Pero cuéntala en tres columnas. No, cuéntalo en media página. Y luego, hacían dos páginas. 

¿Y cuando veías la lista de lo más leído? 

Claro, por eso la quité. Había un panel con la lista. Fuera, fuera ese panel. Lo prohibí. Sí, lo prohibí. Porque, claro, los periodistas van a lo más leído y escriben de lo mismo. ¿Por qué? Porque creen que así tienen asegurado el puesto de trabajo. Sí, sí. Porque es muy leído. Y joder no es eso. Tú trae un buen tema y ya verás cómo consigues que se lea bien. Pero primero tienes que plantearlo. 

O sea que la conclusión es que los periodistas presuntamente serios o que aspiramos a hacer un periodismo decente hemos caído en una trampa para osos. Y nos cuesta muchísimo salir de eso. 

Pero nos cuesta muchísimo porque es difícil. Francamente, es muy difícil. 

Bueno, si el único valor es lo más leído, es imposible. 

Claro, si el único valor es la audiencia, pues vale. La audiencia está muy bien, aunque no sé hasta qué punto esa audiencia se convierte en beneficios, pero en fin, es fundamental. Pero hay que intentar por lo menos arriesgar durante un tiempo para intentar cambiarla. ¿Por lo menos arriesgar durante una temporada, no? Decir “oye tú, durante un tiempo no le voy a dedicar a esto cinco folios, le voy a dedicar un folio y medio. Y en cambio a este otro tema le voy a dedicar una página. Ajá. Y así conseguir ir cambiando un poco la agenda, ¿no? “¿Es que vas a ocultar lo que está pasando?”. Pero si yo no digo que se oculte, digo que se cuente en proporción.

Luego están los que cubren los partidos políticos, por ejemplo. Pero, ¿quieres por favor dejar de escribir sobre lo que opina el PP del PSOE? O sea, tú estás encargado del PP. Pues cuenta lo que pasa dentro del PP, ¿no? ¿A mí qué me importa lo que piensa el PP del PSOE? Lo que me importa es lo que pasa dentro del PSOE, lo que pasa dentro del PP, ¿no? Ajá. Bueno, pues no había manera. 

Otro vicio: el periodismo de declaraciones, el canutazo.

Ese periodismo que es agotador. No es ni periodismo ni es nada. Y que conste que es muy antiguo, hace ya mucho tiempo que se decía que no hablábamos más que de lo que decían los políticos. Sí, pero por lo menos deberíamos intentar contar lo que pasa dentro de los partidos, no lo que opina un partido del otro. Eso no tiene ninguna importancia. 

La famosa equidistancia. Canutazo de uno del PSOE y a continuación el del PP y luego el de Vox, para que se vea que dan todas las opiniones.

A lo mejor en la tele pública están obligados, pero mete eso de cuarta noticia, en un minuto, y abre con otro tema. Y bueno, no digo yo que la televisión pública pueda prescindir de eso. Seguramente no puede, pero puede darlo en un minuto y medio y en el resto contar lo que pasa. ¿No tienes 200 periodistas o 300? 

¿Hay algún motivo para la esperanza? En este momento, el buen periodismo es más necesario que nunca. Porque la extrema derecha avanza en todas partes. Porque hay una cantidad de cosas complicadísimas que analizar. ¿Vamos a tener éxito en esta pelea?

Pues de momento lo que hay que hacer es darla. Porque como no la vamos a dar es si pensamos que, como no vamos a conseguir nada, pues no hacemos nada. Pero perdona. No, yo voy a hacer otra cosa. Luego vamos a ver qué pasa. Lo mismo me tengo que suicidar. Bueno, pues ya me suicidaré. Pero cuando llegue el momento. 

CTXT  DaD, XXII/6335

viernes, 1 de mayo de 2026

UN PERIODISTA PALESTINO EN LAS CÁRCELES DE ISRAEL UN AÑO DESPUÉS



Ana Cardo

Nos lo cuenta Andy Worthington, prestigioso periodista de investigación, historiador y director de cine británico, cuyos artículos se han publicado en los más conocidos medios de información occidentales, así como en importantes agencias de comunicación, entre ellas Al Jazeera. Bien sabemos lo que la invasión de la Franja de Gaza por las tropas del gobierno genocida de Benjamin Netanyahu ha supuesto para los periodistas palestinos: una auténtica masacre que ronda las 260 víctimas mortales. Lo que no teníamos en imágenes, o no con la evidencia que demuestran las del periodista palestino Ali al-Samoudi, es lo que le ocurre a estos profesionales de la información después de un año de prisión en las cárceles israelíes. Se trata de un periodista, según Worthington, internacionalmente respetado que fue secuestrado en su propio domicilio el 20 de abril de 2025 y ha sido liberado un año después con la mitad de peso que doce meses atrás, de 120 a 60 kilos. Ali al-Samoudi llamó a las cárceles de Israel "cementerio de los vivos". Los prisioneros no sólo pasan hambre, sino también hambre de libertad y dignidad. Según sus abogados, al-Samoudi, de 59 años, "sufrió afecciones de estómago, colon, cabeza y dolor de ojo, infecciones del tracto urinario y la pérdida de conciencia durante su largo encarcelamiento", y también les dijo a sus abogados que las autoridades israelíes "me informaron que estoy siendo detenido porque soy periodista y corresponsal de Al Jazeera y el periódico Al-Quds. Sin embargo, añadieron, "no presentaremos cargos contra usted relacionados con su trabajo periodístico, para que no haya una reacción internacional y un escándalo para Israel". En un momento de su detención, el ejército israelí lo acusó de transferir fondos a la Yihad Islámica Palestina, pero no proporcionaron pruebas, y los fiscales militares nunca presentaron esa acusación en la corte, donde se dio la aprobación para que se mantenga en "detención administrativa", el sistema injusto heredado del británico, que permite encarcelamiento sin cargos ni juicio y que puede ser renovado cada seis meses. Al final, fue liberado tan arbitrariamente como fue capturado por primera vez, un patrón familiar para Israel, que se apodera y libera a numerosos palestinos de una manera completamente arbitraria, con el objetivo de propagar el terror y la inseguridad en toda la población. Como explicó Drop Site News, "Al-Samoudi estaba presente en el lugar y resultó herido en mayo de 2022 cuando un francotirador israelí mató a la periodista de Al Jazeera Shireen Abu Akleh durante una redada en el campo de refugiados de Jenin. Otro periodista presente en el asesinato de Abu Akleh, Mujahed al-Saadi - un colaborador de Drop Site News - permanece detenido por Israel". Alguien, algún día, deberá hacer balance y contar la masacre que el genocidio del pueblo palestino en la Franja de Gaza está comportando para los periodistas palestinos que pretendieron contarla. Nunca tal en la historia de la humanidad.

DdA, XXII/6331

jueves, 30 de abril de 2026

EL PARTIDO POPULAR Y EL PERIODISMO DE PERSECUCIÓN Y ACOSO



Félix Población

Hubo un tiempo, que sólo recordarán los mayores en edad y memoria, en que una mayoría de electores en España se caracterizaba por pensar y votar a lo que se llamaba el centro político. Ni la derecha de Fraga, franquista, ni el PSOE de Felipe, tibiamente socialdemócrata. Los de ahora no son aquellos tiempos. A la derecha de Fraga, tan derecha casi como entonces, y a la extrema derecha, se la vota hasta el punto de que su suma podría llevarnos al pasado más pasado que dábamos por pasado. El centro no existe y asistimos a lo que no ocurriría cuando este país ostentaba su centrismo para olvidarse un poco del viejo régimen: un tipo, al que algunos medios llaman agitador y otros periodista -aunque no llegó a terminar la carrera-, persigue y acosa a la esposa del Presidente del Gobierno en un restaurante, siguiendo la tónica que lo caracteriza con aquellos políticos o periodistas progresistas. Pesan sobre este individuo, al que también se le llama agitador, varias querellas y causas con la justicia por su entendimiento agresivo de la profesión, pero el tipo -respetado, alabado y hasta pagado por la derecha extrema- persiste en su actividad, manteniéndola incluso en el propio Congreso de los Diputados, donde el resto de periodistas parlamentarios ha planteado su expulsión. Todos los partidos de aquella España centrista de la transición -sin mayúscula santificadora- hubiesen condenado a este acosador, de haberse dado entonces este espécimen, pero al día de hoy, el Partido Popular no sólo no lo condena sino que, además de invitarlo a sus mítines fin de campaña como hizo no hace mucho en Aragón, toma frívolamente a chufla la reciente persecución y acoso contra Begoña Gómez, que ha denunciado al sujeto, al que vuelve a defender el PP y su lideresa Ayuso, y  sobre el que la Fiscalía pide una pena de dos años de cárcel por denigrar en una entrevista a una mujer con discapacidad intelectual del 75 por ciento. Se está llegando demasiado lejos en tolerancia con quienes, siendo capaces de esto último, ganan con sus episodios de provocación y acoso una notoriedad que no merecen en las redes sociales y también en los medios de información. Si en este país un agitador, acosador o activista hiciera lo mismo que este sujeto con políticos o periodistas de derecha o extrema derecha, todos estamos convencidos de que su trayectoria profesional hubiera sido fugaz. También deberíamos estar convencidos de que sólo desde posturas contrarias a la democracia, o que tratan de socavarla, pueden aflorar individuos como el citado, pagados en origen por el mayor partido de la oposición, que también ha vuelto a ser el de su origen.

DdA, XXII/6330

lunes, 27 de abril de 2026

AMAL KHALIL Y LA OBSTRUCCIÓN DE LAS LABORES DE RESCATE

La teníamos entre las manos, escribe la firmante, directora regional para Oriente Medio y Norte de África del Comité de Protección de los Periodistas (CPJ), en referencia a la periodista libanesa Amal Khalil, asesinada recientemente por las tropas invasoras israelíes, y a quien por el valor de sus crónicas se la llamaba La Voz del Sur. Estaba allí, viva y atrapada bajo los escombros del edificio, y lo sabíamos. Ese conocimiento no solo nos causa dolor, sino que también nos recuerda nuestra responsabilidad. Y el hecho de que esa responsabilidad se examine adecuadamente determinará no solo cómo se recuerda a Amal Khalil, sino también si el próximo periodista atrapado bajo los escombros será tratado como alguien que aún puede ser contactado, o si los sistemas destinados a protegerlo ya lo han descartado.




Sara Qudah

Sabíamos que estaba viva bajo los escombros: una presencia real, que respiraba. No en abstracto, ni como rumor ni esperanza. La periodista Amal Khalil , de 40 años , cuya voz acababa de llegar a su familia y colegas, dependía de si se permitiría que la maquinaria de rescate funcionara como corresponde según el derecho internacional y el derecho de la humanidad.

Eso fue lo que hizo que lo que siguió fuera tan difícil de asimilar, no solo emocionalmente, sino también estructuralmente. Porque no se trató de una desaparición en la niebla de la guerra. Fue un caso de supervivencia cercana que se desvaneció en una muerte confirmada cuando el rescate aún era teóricamente posible.

Amal Khalil, periodista libanesa conocida por su labor periodística y su inconfundible sonrisa, fue asesinada por las fuerzas israelíes el 22 de abril de 2026, tras un ataque israelí en el sur del Líbano. Se encontraba trabajando junto a su compañera, la periodista Zeinab Faraj, en Al Tayri cuando el edificio donde se refugiaban fue alcanzado por el fuego enemigo, quedando atrapadas bajo los escombros.

Según varios informes, durante siete horas se conoció su paradero , se estableció contacto con ella y se intentaron labores de rescate en medio de un incendio activo y con acceso restringido. La Cruz Roja finalmente llegó al lugar, pero solo después de retrasos e interrupciones que resultaron fatales para Khalil. Es aquí donde el dolor por sí solo resulta insuficiente, y la supervivencia permanece evidente y desprotegida.

El derecho internacional humanitario no deja esta cuestión sin resolver. Los periodistas son civiles según el artículo 79 del Protocolo Adicional I de los Convenios de Ginebra. Su protección no depende de la afiliación política, la ubicación geográfica ni el contenido de sus reportajes. Es absoluta, salvo que participen activamente en hostilidades. En teoría, esta es una de las protecciones más claras del derecho internacional humanitario. Pero Israel confirmó , una vez más, al mundo que la claridad en la ley no garantiza su cumplimiento en la práctica.

Las circunstancias que rodearon la muerte de Khalil plantean múltiples preocupaciones interrelacionadas que no pueden resolverse únicamente con una narración. En primer lugar, el ataque que provocó el derrumbe del edificio donde se refugiaban los periodistas. En segundo lugar, las amenazas previas que había recibido, incluidas las acusaciones de una amenaza de muerte atribuida a las fuerzas israelíes en 2024. En tercer lugar, la obstrucción y la demora de las operaciones de rescate en medio del incendio impidieron una evacuación oportuna a pesar de que se sabía que estaba atrapada.

Cada uno de estos elementos requiere una investigación independiente. En conjunto, se aproximan a un fallo sistémico de los mecanismos de protección jurídica diseñados precisamente para prevenir tales resultados.

Esta distinción es importante porque si consideramos todas las muertes de civiles en la guerra como algo inevitable, eliminamos los mecanismos de presión legales y morales que limitan la conducta. El derecho internacional humanitario no se basa en la premisa de que el daño a la población civil puede eliminarse en la guerra; se centra en la exigencia de que el daño sea limitado, que se distinga entre combatientes y civiles, y que no sea causado intencionalmente.

La obstrucción de las labores de rescate es particularmente significativa en este caso. Según el derecho internacional humanitario, las partes en conflicto tienen la obligación no solo de evitar atacar a civiles, sino también de permitir y facilitar la asistencia humanitaria rápida. Cuando las ambulancias se retrasan, cuando el acceso está condicionado por el fuego enemigo, cuando los equipos de rescate se ven obligados a retirarse repetidamente, la cuestión ya no se limita al ataque inicial, sino que se centra en si se cumple con el deber continuo de preservar la vida después de que se haya producido el daño.

Se trata de un deber aún mayor: preservar la vida tras un ataque. Este deber suele pasarse por alto en el discurso público, que tiende a centrarse en el momento del impacto en lugar de en las horas críticas posteriores al ataque, cuando el rescate puede salvar vidas. Se trata de un patrón generalizado: ya lo hemos visto antes en Gaza y ahora en el Líbano.

Organizaciones defensoras de la libertad de prensa, como el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), han documentado un número sin precedentes de muertes de periodistas en múltiples zonas de conflicto desde octubre de 2023. Israel fue responsable de dos tercios de todos los asesinatos de periodistas y trabajadores de los medios de comunicación en 2025, lo que elevó el número total de personas asesinadas en todo el mundo el año pasado a la cifra récord de 130 , la cantidad más alta jamás documentada por el CPJ desde que la organización comenzó a llevar registros hace más de tres décadas.

Cuando esos testigos son asesinados y las investigaciones se retrasan o se incumplen, resulta más difícil establecer responsabilidades y que el derecho internacional se base en un registro verificado. El derecho depende de la documentación. La rendición de cuentas depende de las pruebas. Y las pruebas dependen de la supervivencia.

Su muerte no puede entenderse únicamente como una tragedia individual, aunque así lo sea para todos los que la conocieron, para todos los periodistas de la región y para mí. También debe entenderse como una prueba de fuego para los sistemas que supuestamente deben prevenir este desenlace: alerta temprana, protección, acceso humanitario y rendición de cuentas. En cada una de estas dimensiones, el caso plantea interrogantes sin resolver.

Nos destroza a todos pensar que su rescate era perfectamente posible pero no se concretó, y que su supervivencia era previsible pero no se aseguró; el peso moral del suceso cambia. Es en esa brecha donde reside la responsabilidad, para bien o para mal.

La teníamos entre las manos. Estaba allí, viva y atrapada bajo los escombros del edificio, y lo sabíamos. Ese conocimiento no solo nos causa dolor, sino que también nos recuerda nuestra responsabilidad. Y el hecho de que esa responsabilidad se examine adecuadamente determinará no solo cómo se recuerda a Amal Khalil, sino también si el próximo periodista atrapado bajo los escombros será tratado como alguien que aún puede ser contactado, o si los sistemas destinados a protegerlo ya lo han descartado.

THE NEW ARAB  DdA, XXII/6327