jueves, 1 de enero de 2026

EL PODER DE LA TELEFONÍA MÓVIL ANTE EL ESPACIO ANALÓGICO


Carmen Ordóñez

Esta mañana me he encontrado con que no podía sintonizar Radio Nacional desde la Onda Media. Lo mismo ocurrió hace un par de meses con la sintonía de la SER. No tiene mayor importancia a no ser que, debido a la proliferación en FM de emisoras en las cercanías de esa frecuencia, un leve movimiento de la antena del transistor sitúe la sintonización un milímetro más allá, lo que puede colocarnos en la franja emisora de Radio María o EsRadio, por ejemplo. En ambas circunstancias, se detecta fácilmente y por lo tanto no supone un gran descalabro: es fácil identificar la voz de Jiménez Losantos frente a la de Angels Barceló. Pero esto convierte al transistor en un aparato incómodo.

Algo similar nos ocurrió cuando se produjo el cambio a HD, que nos obligó a los televidentes a adaptar nuestros viejos televisores mediante receptores compatibles o bien a comprar un equipo nuevo. Todo ello en favor de las plataformas. Siempre he tenido la sospecha de que estos cambios están relacionados también con los índices de audiencia de los diferentes emisores, pero me confieso ignorante de estos nuevos métodos de medición. Sí puedo asegurar que antes, en la antigüedad remota, una empresa contratada a tal efecto llamaba por teléfono a los hogares para preguntar a los televidentes qué canal estaban viendo en ese momento.

Ahora mis sospechas van más allá y pienso que todas estas maniobras están dirigidas a focalizar nuestra vida en torno a los teléfonos móviles y desechar todas las opciones analógicas que aún algunos utilizamos en nuestra vida cotidiana.

Cualquier día uno se harta de sintonizar el transistor y acude al móvil para escuchar limpiamente la emisora de nuestra preferencia. Cualquier día, uno se abona a Spotify para escuchar su música favorita en vez de acudir al reproductor de CDs o poner un vinilo en el viejo equipo de sonido. Si entro en mi cuenta bancaria desde el móvil, todo es fácil; sin embargo si lo hago desde el ordenador, la aplicación no quiere reconocerme y me pide constantemente la confirmación de las contraseñas, a través de SMS enviado al teléfono, porque día tras día se niega a reconocer mi equipo.

Nuestro teléfono móvil está vinculado a una cuenta de Gmail. Facilitamos nuestro DNI continuamente por teléfono a cualquier desconocido y a cualquier empresa, cuando hace apenas 15 años el ciudadano sólo estaba obligado a mostrarlo ante las autoridades o en organismos oficiales. Hoy nuestra identificación real está vinculada al número de teléfono móvil (aconsejo al lector hacerse con una tarjeta SIM alternativa para poder utilizarla en algunos casos: de esta manera se evitan muchas llamadas indeseables). En la misma línea, también es recomendable rechazar las cookies, especialmente desde el móvil, siempre que no sea imprescindible consultar una web que te lo exija. En fin, es una lucha constante y a veces pienso que esta batalla se define como la única actividad antisistema que nos está permitida. Por el momento.

Y al final queda la sospecha de que, si todo está vinculado al teléfono móvil, éste se convierte en algo imprescindible, y una herramienta que se vuelve imprescindible se convierte en peligrosa.

DdA, XXII/6214

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo análisis. Gracias.

Félix Población dijo...

A la autora, que las tiene.

Publicar un comentario