martes, 30 de octubre de 2018

¿Y A MÍ QUÉ ME IMPORTA EL ASCENSO DE HITLER SI SOY POLACO?


 Al tiempo que celebramos el retorno de Ana Cuevas  y sus colaboraciones a este DdA, no queremos dejar pasar la oportunidad de encabezar su artículo con este mensaje de Jose Mujica tras la victoria de Bolsonaro en las elecciones generale celebradas el pasado domingo en Brasil:
“No hay derrota definitiva”, aseguró José Pepe Mujica. Unos días atrás, Mujica dijo que los pueblos también se equivocan y puso de ejemplo  el ascenso de Hitler en Alemania.  
“La vida es una lucha permanente con avances y retrocesos. No es el fin del mundo. Por lo tanto, debemos aprender de los errores que hemos cometido y volver a empezar. Esto debe ser permanente”, aseguró Mujica.
El uruguayo también recomendó tomarse las victorias con calma y “humildad desde el punto de vista estratégico”. “Tampoco creerse que cuando triunfamos tocamos el cielo con las manos y que hemos llegado a un mundo maravilloso. No, apenas hemos subidos un escalón… tener humildad desde el punto de vista estratégico”, sostuvo Mujica.
“No hay derrota definitiva ni triunfo definitivo”, dijo por última el expresidente uruguayo.

Ana Cuevas

Los humanos somos unos seres desconcertantes. Observamos la bóveda celeste desde tiempos inmemoriales en la desesperada búsqueda por hallar un atisbo de vida inteligente fuera de nuestro planeta. De lo que se puede deducir que, en la tierra, existen serias dudas sobre nuestro intelecto como especie. Ha de ser por eso que nos creamos la necesidad de contactar con vírgenes, extraterrestres o iluminados varios para que nos señalen un camino que, por sí solos, no nos creemos capaces de diseñar. 
El mundo está plagado de psicópatas que conocen nuestra debilidad para distinguir entre ficción y realidad. Solo podemos adivinar la capa superficial, manipulada y convenientemente maquillada del muladar de basura sobre el que se asienta nuestra civilización. La reflexión serena de los acontecimientos se sustituye por las tripas y el odio inducido a las masas frustradas para dirigirlo contra los que turban los intereses de los poderosos.
Definitivamente, la inteligencia es un don escaso en el planeta. No puede ser de otra manera cuando, a nivel global, el fascismo cabalga de nuevo y su montura son los propios desheredados.
Brasil es un ejemplo. El último pero no el único. Aunque es posible que el flamante nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, recopile en un solo individuo toda la bazofia que puede abarcar la naturaleza humana. Defensor de la tortura, machista confeso (capaz de despreciar a una periodista diciéndole que tan siquiera merecía ser violada), homófobo declarado (asegura que prefiere un hijo muerto que uno homosexual), racista y orgulloso (afirma que sus hijos no se enamorarán de una mujer negra porque están bien educados) y defensor de todo tipo de violencia contra sus opositores políticos. Por algo es un nostálgico de la dictadura. ¿De qué me suena?
Sin embargo, este tipo ha llegado al poder gracias a las urnas. Han sido los pobres que desprecia, las mujeres que humilla, los negros y mulatos a los que considera una subespecie... quienes han encumbrado al sociópata y le  conceden el poder para destrozar sus vidas y libertades.
El discurso de la crispación está calando hondo por doquier. Estados Unidos tiene su propio trol naranja e imprevisible. Algo así como un mono con un arsenal nuclear a sus expensas. Un líder mundial con el cociente intelectual de un ababol que rige los destinos del planeta. La fórmula: La agitación de la bandera del odio bajo la que se arremolinan millones de criaturas infelices dispuestas a desahuciar la razón y permitir que les llenen el cerebro de entrañas.
Europa no se libra de esta plaga. Austria, Francia,Suecia, Hungría, Italia, Holanda, Alemania, Reino Unido... el avance de la extrema derecha va de la mano del desencanto de una clase trabajadora que cae en la trampa de los falsos argumentos xenófobos. Siempre es más fácil odiar y perseguir al desgraciado que enfrentarse a los filibusteros que nos roban sin palancas y de día. Es el mismo proceso que tuvo lugar antes de la segunda guerra mundial, pero a lo bestia. No aprendemos nada. ¿Será que nos han robado la Memoria(histórica)? O a lo mejor, simplemente, somos tontos.
España no podía ser menos. De casta le viene al franquista su idilio con el fascismo. Y aunque el perro está bien muerto, nos dejó la semilla de la rabia.
La derecha española, conservadora y neoliberal, está entrando en una vertiginosa competición. ¡A ver quién es más facha! Y como una serpiente de tres cabezas Casado, Abascal y Rivera escupen veneno al respetable para inocularlo en la corriente sanguínea de los trabajadores (esos que no merecemos ni 900 euros de salario mínimo), de las mujeres (a las que piensan controlar sus derechos reproductivos), de los jubilados (que reciben las pensiones del hambre) y en general de todo aquel que sea susceptible de ser un tonto útil para los que verdaderamente importan: Los banqueros y los emporios económicos. Los auténticos dueños del cotarro.
Las grabaciones del repugnante comisario Villarejo ponen al descubierto el funcionamiento de las cloacas del estado. Nada nuevo, al parecer, desde los reyes católicos. La diferencia es que ahora queda al descubierto la podredumbre que esconden esos discursos grandilocuentes de algunos políticos sobre la patria. Como los piratas, su única patria es el botín que puedan sacar de nuestras costillas obreras. Pero somos tan simples que entramos al trapo cuando nos cuentan que es el emigrante, el refugiado por sus abusos y sus guerras, el que nos roba el trabajo a los españolitos. ¡Ay señor!
El fascismo ataca porque estamos dejando abiertas las ventanas. Porque elegimos la venda del odio a tomar las riendas de nuestros destinos.
Les aviso: como los simpáticos marcianos de la película, no tienen buenas intenciones. Ya se sabe, esclavizar y explotar. Lo llevan en el adn.
Dirán ustedes que exagero. Nada quisiera más que equivocarme pero un barrunto oscuro se extiende por la atmósfera y siento que me falta el aire.
Pero no quiero catastrofista. Para eso ya está la actualidad diaria. Prefiero acabar con un chascarrillo que invite a darle al coco.
 Por ejemplo, un tuit  cachondo que leí ayer sobre este tema. Lo dice claro: "¿Y a mí qué me importa el ascenso de Hitler si yo soy polaco". Pues eso.

                    DdA, XV/3998                   

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