miércoles, 24 de octubre de 2018

"ES NECESARIO ESCUCHAR A ESTOS MUERTOS QUE PIDEN JUSTICIA CON LA BOCA ABIERTA"


MIGUEL ÁNGEL CAPAPÉ/ ARICO


Félix Población

«Es necesario escuchar a estos muertos que están con la boca abierta pidiendo justicia». Esto lo dijo hace unos días Martín Arnal, de 97 años de edad, que según leo en El Periódico de Aragón se acaba de encontrar con los restos de su hermano, ochenta años despúes de su asesinato. De esa imagen ha quedado constancia en los medios y redes sociales. Junto a los huesos de Román Arnal estaban los de otras cínco víctimas del franquismo, fusiladas en el cementerio de Los Mártires, cerca de Huesca, a los que se unirán muchos más  cuando los trabajos de recupeación concluyan, dada la represión llevada a cabo como represalia, sobre todo, de las colectividades libertarias impulsadas en la localidad de Angüés y en otras zonas de Aragón.

De Angüés era Román Arnal Mur (1912), fundador del grupo Bakunin de la FAI, que firmaba artículos en el semanario Tierra y Libertad. Era el paquetero y propagador en el pueblo de la propaganda anarquista, voceando por las calles las cabeceras de las principales publicaciones libertarias, según podemos leer en Todos los nombres. Víctimas y victimarios (Huesca, 1936-1945), el exhaustivo libro escrito por Víctor Pardo y Raúl Mateo al que nos hemos referido en alguna otra ocasión.  Fue uno de los 23 vecinos de Angüés detenidos por la Guardia Civil e ingresados en la prisión provincial de Huesca el 24 de julio de 1936, una semana después de que estallara el golpe de Estado. Martín fue sacado de la cárcel en la noche del el 4 de enero de 1937, para ser fusilado y enterrado en el cerro del cementerio de Los Mártires.

 Román Arnal, durante el servicio militar, y en compañía de una prima suya y de su hermano José

Se da la circunstancia de que otro hermano de Martín Arnal, José Arnal Mur (1910), perteneciente al mismo grupo libertario que Román y fundador del Ateneo Cultural de Angüés -en donde intervendría como actor, al igual que su hermano Román, en el grupo de teatro aficionado-, fue retenido por la Guardia Civil de esa localidad pocos días después del golpe de Estado. Ingresó en la prisión provincial de Huesca, según su expediente carcelario, el 24 de julio de 1936. Un mes más tarde fue fusilado en la mayor de las sacas que tuvieron lugar en la ciudad oscense.

Tal como se nos especifica en el citado libro, el resto de la familia Arnal Mur, compuesta por los padres (José y Clementa) y María, Martina, Josefina, Martín y Francisco Arnal Mur salieron del pueblo el 25 de marzo de 1938, primero hacia Barbastro y después a Cataluña, desde donde pasaron como refugiados a Francia en 1939, país en el que residieron, con la excepción de Martín, el anciano casi centenario que la semana pasada pudo encontrarse con los huesos de su hermano Román, por cuya memoria y dignidad -así como por las de las restantes víctimas de la dictadura- ha venido luchando todos estos años atrás. 

Martín Arnal es autor de unas interesantes memorias a las que bien podría haber dado el título con el que comentó la semana pasada una de las que con toda seguridad habrá sido  más importantes vivencias de su larga vida: «Es necesario escuchar a estos muertos que están con la boca abierta pidiendo justicia».

DdA, XV/3991

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