viernes, 7 de septiembre de 2018

LAS MEDALLAS DEL TORTURADOR Y EL MAUSOLEO DEL DICTADOR



Félix Población

Como  es bien sabido, un torturador en toda regla, esto es, un individuo que se dedicó profesional y sádicamente a causar dolor físico a quienes en su lucha contra la dictadura eran detenidos por la policía, tenía en su haber cuatro medallas, gracias a la cuales su pensión disponible aumentaba un 50 por ciento, pagada por todos nosotros (los torturados también).

La primera de esas medallas le fue concedida a Billy el Niño en 1972, lo cual no es de extrañar, habida cuenta que en los estertores del franquismo se dieron muy crueles episodios, como la ejecución en octubre de 1975 de cinco activistas. Sí resulta indignante que la última se le dieran en marzo de 1982, con Leopoldo Calvo Sotelo en La Moncloa. Antonio González Pacheco no llegó a cobrar por esta segunda condecoración hasta que la reclamó por vía judicial en 2010.

El hecho de que un torturador, o sea, un profesional con arraigo en los tribunales inquisitoriales de siglos precedentes, haya podido vivir hasta ahora con esos privilegios, tiene su correspondencia con un monumento erigido en memoria de la cruzada franquista que aún permanece tal cual fue construido por destacamentos de presos republicanos en la posguerra, y del que ahora, por fin, parece que van a ser desalojados los restos del dictador. 

Si al torturador se le va a privar de sus privilegios, cuarenta años después de ser considerado el nuestro un país democrático -a pesar de esas lacras-, y si los restos del dictador van a dejar de estar en su mausoleo, es de subrayar que uno y otro hecho ocurren luego de más de veinte años de gobiernos socialistas y porque el de ahora, con Pedro Sánchez al frente, ha sido posible gracias a un joven partido y a sus confluencias, cuyo papel debe ser decisivo en materias más arraigadas en el vivir cotidiano de la ciudadanía. Y si no, ya sabemos lo que nos espera.

DdA, XV/3946

2 comentarios:

luis ramos dijo...

Nada más que añadir, salvo las gracias por la claridad. Salud y risas!

Lazarillo dijo...

A ti, Luis.

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