domingo, 8 de julio de 2018

LA FÁBRICA GIJONESA DE VISNÚ, IDEAL PARA EL CUTIS

 Agradezco mucho a Hernán Piniella Iglesias, que con frecuencia indaga en la historia de la ciudad con minucioso y constante empeño, que haya rescatado de la memoria lo que se escondía detrás de uno de los carteles publicitarios que recuerdo de mi ya remota niñez. Estaba situado encima del kiosco en el que nos abastecíamos de tebeos y chucherías (también "una de Celtas" de mi padre), situado en el parque próximo a la Plaza del Sur, en el centro de Gijón, y que regentaban un señor muy adusto y con bigotillo, y una señora de aspecto lozano y refrescante sonrisa, a la que recuerdo siempre muy maquillada. La leyenda del cartel era escueta pero muy evocadora: Visnú, ideal para el cutis.

 
Hernán Piniella

Corría el año de 1.885 cuando a Doña Gertrudis Baones, en agradecimiento por los favores recibidos en su estancia balnearia en Gijón, una buena amiga italiana le dejó en un manuscrito una fórmula magistral, acerca de un producto de belleza que aplicado regularmente daba una lozanía y una tersura a la piel que talmente parecía un elixir extraído de la tan buscada Fuente de la eterna juventud.
Sin más ambiciones inicialmente que su propio uso cosmético, Doña Gertrudis, preparó con esmero aquel ungüento para aplicárselo metódicamente sobre su piel. Los resultados fueron espectaculares. No pasó desapercibido a las vecinas de Doña Gertrudis el magnífico semblante de su cutis, e indiscretas indagaron la razón de aquella piel.
Cuando se enteraron del por qué, la noticia recorrió todo Gijón y la buena mujer no vio lo que se le venía encima, abrumada en su buena voluntad, de querer preparar aquel producto casi milagroso para todo el vecindario.
Producto denominado: "Agua prodigiosa de Venus", por una figura de la diosa Venus que aprecia en el membrete del manuscrito de la fórmula original .
Quien sí vio el aprieto materno y la más que plausible oportunidad de comercializar aquella demanda del Agua prodigiosa de Venus, fue el hijo de Doña Gertrudis; Don Constantino Fernández-San Julián Baones, feliz propietario del balneario del Natahoyo y a la sazón profesor mercantil, con lo que del asunto comercial conocía bien los entresijos, y así en el año 1.921 se fue al registro para asegurarse la propiedad de la formula.
Pero héteme aquí que ese nombre de diosa ya estaba comprometido para otros productos mercantiles, en el mismo instante, allí en el registro cambió de divinidad y de Venus pasose a Visnú, deidad hindú conocida entre muchas otras facetas, como la ser gran preservadora de la vida.
El éxito fue inmediato, de la casa familiar se pasó a la primera fábrica a todo dar, instalada en el Llano del Medio, (calle Electra nº 18), que en seguida fue desbordada de pedidos de toda España y del extranjero. Se abrió una nueva fábrica en Lisboa y delegaciones comerciales propias en Madrid, Barcelona y Valencia. En pocos años se estaban exportando los productos de belleza de Gijón al otro lado del Atlántico; México, Estados Unidos, Cuba y toda Latinoamérica, sucumbieron a los efectos del Agua prodigiosa de Venus y a toda la gama de más de treinta productos Visnú, para realzar la belleza de las mujeres. Máxime en América Latina, cuando entonces las mujeres no gustaban de los tonos oscuros de su piel y la crema Visnú la aclaraba en cuestión de días.


Años más tarde los gustos cambiantes pusieron de moda el tono moreno de la piel y desde la fábrica gijonesa fruto del I+D Playu se lanzó a bombo y platillo una nueva crema con cualidades y posibilidad real de acelerar el bronceado.
Fuera ya del éxito comercial, con productos que garantizaban un aspecto eviterno de la piel, Don Constantino fue un innovador en el acoso publicitario (marketing) a sus potenciales clientes, desde estrellas de Hollywood a las actrices más destacadas de España y algún galán, se avinieron a posar en los carteles publicitarios de Visnú. Algunos gijoneses aún recordarán cuando se cerraba la sesión en cines y teatros, ver entonces tomar forma el nombre de Visnú sobre el telón.
También promocionó como nadie el deporte gijonés, competiciones de ciclismo, natación, etc. Hubo equipos Visnú de fútbol, balonmano y baloncesto, este último se proclamó varias veces campeón de Asturias, estando entre sus integrantes el insigne atleta local ya fallecido; Don Mercurio Martínez, socio número 1 del Grupo Cultura Covadonga. 
La empresa murió de éxito, seguramente derivado del acercamiento por tierra, mar y aire de las distancias intercontinentales, y porque las grandes corporaciones no tienen escrúpulos en copiar ideas ajenas, gracias a sus potentes laboratorios todo producto que les augure buenos dividendos, la globalización en fin. Ese lugar donde todo es más barato y de pésima calidad, pero muy bien publicitada, máxime si se deslocaliza y se fabrica en remotos lugares de dudosas condiciones laborales.
La muerte del patrón de la nave comercial e industrial Visnú en 1.980 llevó al cierre de la empresa un año después.
Hoy en día, una nieta de Don Constantino F. San Julián Baones, Doña Salome de la Torre, lucha en Madrid por reverdecer los prestigiosos laureles de su abuelo, vendiendo los mismos jabones y cremas de tocador fabricados por los mismos proveedores de su abuelo, hechos de manera totalmente artesanal, más humilde sin duda que las grandes e insensibles multinacionales, pero más cercana, más real.


PS. Salomé de la Torre Fernández-San Julián, registró a principios de 1990 la empresa Visnú Since 1885, con domicilio social en Alcobendas (Madrid), para el «diseño, fabricación, comercialización y distribución de perfumes, jabones, cremas corporales y en general de cualquier producto relacionado con la cosmética y perfumería...». Con Salomé de la Torre recordamos la historia de Visnú, empresa que creó su abuelo, Constantino Fernández-San Julián Baones, hijo de la creadora del «Agua prodigiosa de Venus».

DdA, XIV/3898

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