miércoles, 25 de abril de 2018

MONEDERO: QUIEREN QUE LEAMOS LO MENOS POSIBLE PARA ASUSTARNOS CON UN GRITO


Juan Carlos Monedero

Dice la Unión Europea que en España se lee poco y que, además, compramos pocos libros. Igual si comprásemos más libros y encima leyéramos menos significaría que además de iletrados somos tontos. Pero parece que hay coherencia en no leer en demasía y no gastárnos los dineros en libros. Sancho Panza era de aquí.
En España nunca se ha leído mucho. La II República hizo el esfuerzo de alfabetizar al pueblo y se abrieron los primeros colegios bilingües. La edad de plata de la cultura española enmarcó ese esfuerzo. Pero entonces se hizo de noche y Antonio Machado, Ramón J. Sender, León Felipe, Max Aub, Cernuda, María Zambrano o Juan Ramón Jiménez partieron al exilio. Y Miguel Hernández y Buero Vallejo fueron de cárcel en cárcel y a Federico García Lorca lo balearon en un barranco bajo el foco de unos faros y entonces se cerró con un portazo ese paréntesis. Millán Astray le gritó a Unamuno Viva la muerte y Abajo la inteligencia. Desde entonces, los fieles al fundador de la legión como Zoido, Méndez de Vigo, Cospedal y Catalá siguen cantando por las tabernas el novio de la muerte llenos de mal vino.
Sería demasiado fácil decir que en la falta de lectura está la clave de la victoria del PP y de la facilidad con la que esos votantes pasan de dar su voto a un partido de ladrones a entregárselo al partido del iletrado Rivera. Los alemanes leían mucho en los años treinta y sólo sirvió para buscar eufemismos que mataban con más impunidad seres humanos. Dijeron que los nazis eran unmenschen y abrieron así la puerta para gasearlos y dijeron que los rojos eran tollwütige Hunde y como perros rabiosos los llevaron a la cámara de gas. Pero no deja de ser cierto que mientras que los nazis tuvieron el apoyo de 11 millones de alemanes, a la izquierda les votaban 14 millones. Fueron los dirigentes políticos y sindicales los que no estuvieron a la altura. El pueblo suele leer más que los dirigentes.
Jiménez Losantos es un hombre culto y Hermann Tertsch y Arcadi Espada y he conocido pastores analfabetos más cargados de humanidad. Es verdad que la lectura no hace a los desalmados gente buena, pero da herramientas a los pueblos para defenderse. Las dictaduras siempre prohíben los libros. Y los gobiernos del PP hacen lo posible para que leamos lo menos posible. Para que les resulte más fácil darnos un grito y que nos asustemos.
La derecha española, que sigue teniendo un ADN franquista aunque quieran quitárselo con colonia cara, ha salido a linchar a Amaia y Alfredo, de Operación Triunfo, porque se han regalado un libro de Albert Pla cuyo título no gusta a la caverna. Es la censura de siempre. Nuestro Nobel Camilo José Cela fue censor en el franquismo y se jactaba de ello. Fraga, el fundador del PP, fue el jefe de los censores y todo lo que está pasando en el Valle de los Caídos tiene que ver con que el PP le regala a la iglesia la capacidad de seguir censurando nuestra vida democrática. No les dejéis Amaia y Alfredo. Asustaron a vuestros tatarabuelos, a vuestros bisabuelos y a vuestros abuelos. Lo han tenido más difícil con vuestros padres y debiera resultarle imposible con vuestra generación. Estos que no quieren lavarse las manos manchadas de sangre de la dictadura, quieren decirnos qué debemos y qué no debemos leer, ver en un museo, explicar en un aula, cantar en un concierto o vestir en un estadio. Personas bochornosas como Zoido, que como cantantes borrachos rememoran ensimismados canciones de legionarios que abrazan a la muerte, nos quieren amordazados, asustados, midiendo lo que decimos. Otra vez no.
Escuchad el silencio de los libros y recordad que la rueda más estropeada del carro es la que hace más ruido.

DdA, XIV/3830

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