viernes, 23 de marzo de 2018

SCHILLER, LA EDUCACIÓN ESTÉTICA, LA IGUALDAD Y LA FRATERNIDAD


Lazarillo

Con traducción de Eduardo Gil Bera, que esperamos responda a la prosa del autor, es de celebrar la publicación por Acantilado de estas veintisiete Cartas sobre la eduacación estética de la humanidad. La tradición marxista del siglo pasado vio en esta obra una realización perversa del pensamiento idealista, quizás por contener la más aguda crítica conocida a los desvaríos sangrientos de la Revolución francesa y contener implícitos los que proporcionará la Revolución soviética y su posterior periodo stalinista. La Revolución Francesa, que tanto había esperanzado a los ilustrados de Europa, tardó muy pocos años en revelarse como una transformación más compleja e incierta de lo que habían soñado. Friedrich Schiller (1759-1805) escribió estas cartas entre 1793 y 1795, tras la lectura de la obra de Kant y Fichte, incuestionables maestros de la época, para examinar el postulado de la preeminencia de la Razón. Para el poeta, pensador, historiador y dramaturgo alemán, la educación estética era una condición indispensable para alcanzar la igualdad entre los individuos, pues no sólo supondría el fin de las instituciones del Antiguo Régimen, sino sobre todo la fundación de una auténtica fraternidad humana. Así pues, tan necesario como aprender a pensar era cultivar la sensibilidad y desarrollar la capacidad para apreciar la belleza, una facultad tan universal como la razón. Y es que para Schiller, más que la capacidad de razonar y la afinidad intelectual, lo que nos hermana es la facultad de sentir y poner en común los gustos: las «afinidades electivas». A lo largo de los dos siglos transcurridos desde que fueron escritas, estas páginas profundamente renovadoras se han convertido en una contribución indiscutible al pensamiento universal.

DdA, XIV/3801

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