lunes, 26 de marzo de 2018

LAS MANOS DEL ESCRIBA SENTADO

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Este hombre lleva sentado 4500 años y es de esperar que le queden muchos más en su actual ubicación sedente en el Louvre de París. Según el egiptólogo Vandier, bastaba mirarlo para saber que el modelo era inteligente, voluntarioso y poco propicio a la bondad. El poeta, que ha preferido centrarse en las manos,  cree que el escriba siempre guardó un lugar para el placer del verso. Sobre el faldellín tiene el rollo de un papiro y entre sus dedos debió habitar un día uno de esos cálamos tallados con la plumas de algún ave de paso. El tiempo dejó al escriba deshabitado de su símbolo, pero la mano no lo echa en falta porque su ausencia ha quedado tan habitada en los dedos que ahí sigue escribiendo palabras en el aire, por los siglos de los siglos. Lazarillo

LAS MANOS DEL ESCRIBA 
(De "Cuando enero fue pasto de las llamas", 2015)
Juan Ignacio González
Todos esto papiros
escritos al dictado de los emperadores,
los tratados, las leyes, los dogmas, las consignas,
salieron de los cálamos que habitaron mis manos
tallados con las plumas de algún ave de paso.
El ave nunca quiso
que sus alas firmaran las sentencias del crimen,
igual que yo nació para ser libre.
Ella sueña con nubes más allá del ocaso
en tierras donde el amo no dicta su soldada.
Sedienta de desiertos amarillos
remonta el Nilo en los atardeceres.

Yo viví atado aquí, en la dura costumbre
de ser fiel al silencio.
Copista y amanuense de las cuentas del reino
viví los privilegios de la estirpe,
pero hubiera querido una vida más digna,
siempre guardé un lugar para el placer del verso.

Ya viejo y desahuciado he salido del templo.
Desde entonces habito en casas sin linaje,
me alumbran los misterios de la duda,
me visto con ropajes sin estilo
y la sacerdotisa que atempera mis sueños
es la luz de tus ojos a la que renuncié
por temor al olvido.

Al pie de los laureles expurgo mis pecados
y el grial que levanto a la altura del pecho
es cántaro del beso
en que sacian los labios la amargura del tiempo.

Te quise y fui incapaz de vivir a tu orilla.

DdA, XIV/3803

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