miércoles, 20 de septiembre de 2017

"JUAN MARSÉ, RENEGADO": TODO ESTO ES DE UNA INMENSA TRISTEZA

Aunque más de una vez he disentido de las opiniones del escritor Antonio Muñoz Molina con relación a la Memoria Histórica y a la crítica de la actualidad política en España, este Lazarillo comparte totalmente su criterio hoy al comentar la noticia que este Lazarillo escuchó ayer en los telediarios sobre el ignominioso señalamiento de renegado aplicado a Juan Marsé en Cataluña. Cuando las palabras traidor y renegado afloran en el lenguaje político de una comunidad, algo huele a podrido en esa comunidad, y ese hedor suele derivar de un nacionalismo desaforado. Tal como finaliza Muñoz Molina su artículo, todo esto es de una inmensa tristeza y de un aburrimiento insufrible.

Antonio Muñoz Molina

No puedo contenerme ahora mismo. No quiero. Acabo de ver una foto de Juan Marsé cruzada por un letrero escalofriante en catalán: Renegado. Su cara noble como de boxeador viejo en primer plano, y esa palabra siniestra, esa acusación, ese estigma. Juan Marsé es un renegado por decir aquello que lleva diciendo desde hace más de medio siglo: lo que le da la gana. De muy joven Marsé empezó a escribir novelas que rompían con furia y belleza el sopor policial del franquismo. Fue el cronista de la Barcelona de las periferias emigrantes y de los barrios burgueses, con una ambición abarcadora de novelista francés del XIX. Su primera obra maestra Últimas tardes con Teresa , estaba llena de citas de Stendhal y de El rojo y el negro: Manolo el Pijoaparte era un trepador empujado por el instinto y el rencor de clase, como Julien Sorel, con un fondo suburbial y felino de rumba catalana. Marsé ha escrito y dicho lo que le da la gana hasta el punto de que su novela más grande, Si te dicen que caí, la publicó en México en 1973 para no someterse a las censuras y las autocensuras inevitables en España. Cuando se publicó aquí, en 1977, nos estallaba en las manos a quienes queríamos ser escritores, contar el mundo cercano y al mismo tiempo construir edificios luminosos de literatura. La libertad con la que había sido escrita esa novela era el anticipo de la que nosotros mismos queríamos ejercer en la literatura y en la vida. Marsé escribía un castellano tan libre porque era para él una lengua fronteriza, entrecruzada con el catalán, empapada de él. Marsé es un hombre íntegro, sentimental y huraño que puede enfadarse mucho, y lo ha hecho muchas veces, incluso con gran escándalo público.
Ahora los patriotas del banderazo y la hoguera han decidido señalarlo con lo que para ellos es el peor de los insultos: renegado. Un renegado es peor que un extranjero, porque a su alevosía une la condición de traidor. Los héroes de la libertad de los pueblos no sienten el menor interés por la libertad de las personas. Los pueblos son abstracciones a las que se puede atribuir cualquier virtud y hasta cualquier impulso de ira justiciera. Para mantener siempre su pureza necesitan enemigos exteriores y chivos expiatorios. Cualquier sátrapa y cualquier aspirante a comisario político puede ejercer con éxito la ventriloquía patriótica o justiciera y presentarse como portavoz del pueblo. Las personas concretas tienen una cara, una voz, una voluntad soberana o caprichosa. También tienen domicilio, y número de teléfono. Si las señalan son muy vulnerables. Algunas tienen trabajos y corren el peligro de perderlos. Juan Marsé fue un resistente contra la dictadura y es uno de los grandes escritores de España y de Cataluña, pero ahora resulta, a los ochenta y tantos años, que es un renegado. La foto de un renegado se puede quemar. También puede servir para acosarlo.
Se trata de una figura muy útil. Las democracias se hacen con ciudadanos. Las patrias viscerales necesitan extranjeros, enemigos, traidores, apóstatas. Renegados. Nada define mejor a una patria que la designación de un enemigo. Cuando era joven, Juan Marsé formó parte de lo que los franquistas llamaban la anti-España. Ahora lo han arrojado a la anti-Cataluña, en compañía , entre otros, de enemigos como Antonio Machado, Goya, Calderón, Negrín…
Todo esto es de una inmensa tristeza, de un aburrimiento insufrible.

JUAN MARSÉ SOBRE EL PROCÉS. (Soberanistas sensibles, abstenerse)
"Lo que se propone el Govern es rigurosamente incompatible con un Estado de Derecho. No necesito otro argumento para rechazar tal propuesta. Yo no soy nacionalista y todas las banderas me repugnan. Soy más bien provinciano, incluso comarcal. Soy pueblerino, digamos hortelano. Con el huerto me basta". "Está bien claro: que un grupúsculo antisistema como la CUP, una panda de impresentables llenos de estulticia y roña ideológica, tenga agarrado al despeinado president Puigdemont por los cataplines y pueda determinar los presupuestos generales de la Generalitat y las derivas más delirantes (como pedir que la Catedral se convierta en un mercado) que adornen el proyecto de secesión, muestra hasta qué punto la sociedad catalana está abocada al futuro más incierto, ridículo y calamitoso". "La triste realidad", dice Marsé, "es que el señor Puigdemont y el señor Junqueras, dos luminarias políticas que pasarán a la historia del esperpento ibérico, comparten, como ha escrito Valentí Puig, una aparatosa ignorancia sobre el Estado de Derecho y sobre la política, y, en concreto, sobre la historia política de Cataluña y de toda España". Le repugna "el relato maniqueo del Govern, la desvergüenza y la impunidad con la que Puigdemont y Junqueras mienten al hablar en nombre del pueblo, al apelar reiteradamente y del modo más miserable del mandato del pueblo que dicen haber recibido. Y de esa empanada mental que llaman el derecho a decidir… Sí, vale, pero ¿a decidir qué? ¿Que nos vamos de España y de Europa?".
"Hay otra cuestión de fondo", añade el autor de Últimas tardes con Teresa, "desde hace demasiado tiempo nos mandan políticos, tanto desde Madrid como desde Barcelona, que o bien son unos incompetentes o unos corruptos. Mucho me temo que seguiremos así, es decir, que van a seguir defraudándonos o robándonos, de modo que me da igual que me roben desde Madrid o desde Barcelona".

"No habrá referéndum”, dice, "pero el mal ya está hecho. Están registrados los buenos catalanes y los malos catalanes. Pero habrá nuevas elecciones, necesarias para la futura estabilidad de la política catalana. Esa es la salida del callejón sin salida".
E, irónicamente, da Marsé esta "última noticia": "El peinado del president Puigdemont ha sido declarado de Interés Turístico Internacional, y el Procés de interés turístico comarcal. Parece que no lo ven claro. El peinado, quiero decir". Reportaje de Juan Cruz. (El País, 24 de julio de 2017).

DdA, XIV/3640

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, publique un comentario