martes, 15 de agosto de 2017

OH TÚ, LA VIEJA MÚSICA, EN TI SE HACEN POSIBLES LA LUZ Y LA DERROTA

El Epitafio de Seikilos es la única composición musical completa de la Antigua Grecia que ha llegado hasta nuestros días. Se trata de una inscripción epigráfica sobre una columna de mármol que se colocó sobre la tumba que Seikilos había hecho construir para su esposa Euterpe, en Aydin, en la actual Turquía. El texto nos habla de la brevedad de la vida, y la melodía, escrita en modo frigio y género diatónico, se desenvuelve en un ámbito de octava justa. El tema, de tonalidad melancólica, clasificado como skolion o canción para beber, está precedido por el siguiente texto:"Soy una imagen de piedra. Seikilos me puso aquí, donde soy por siempre, el símbolo de la evocación eterna". El escrito contiene las siguientes palabras sobre las que se desarrolla la melodía:

ὅσον ζῇς, φαίνου, μηδὲν ὅλως σὺ λύπου·
πρὸς ὀλίγον ἐστὶ τὸ ζῆν, τὸ τέλος ὁ χρόνος ἀπαιτεῖ. 

"Brilla, mientras estés vivo,
no estés triste,
porque la vida es por cierto breve,
y el tiempo exige su retribución"
La estela desapareció en 1922 durante la denominada "catástrofe de Asia Menor". Más tarde se encontró, rota en su base. Una mujer turca la tenía y la usaba para apoyar una maceta en su jardín, y la base había sido cortada. Hoy se encuentra en el Museo Nacional de Dinamarca.

 LA VIEJA MÚSICA

Juan Ignacio González
He seguido tus pasos desde el río Amarillo
hasta el mar de la infancia,
un rastro de palabras que me vuelve a la vida.
Por los puertos de Al-Andalus y las aguas del norte
he gastado las velas persiguiéndote.
Por ti quemé mil naves en las noches insomnes
y me entregué a tu causa como los mujaidines.

Llevo pues esta herida en la memoria:
la palabra que abraza la esperanza,
el verso de la ira y la revolución,
la estrofa que recuerda el origen de todo
—de siempre la poesía
fue sal en nuestros labios—.

Oh tú, la vieja música,
en ti se hacen posibles la luz y la derrota.
En tu cuartel de invierno las consignas no escritas
sólo esperan las órdenes de los desesperados.

Bajo los cortinajes del cristal de la ausencia,
en los rincones donde crece el musgo
entre las piedras de tu fortaleza,
por las puertas del norte los sueños nos vigilan,
por las puertas del sur la tristeza se escapa.

Y cuando cae la lluvia sobre la tierra seca,
de nuevo en ella brotas como la nueva vida.
Quedan sólo en el patio, el aroma de espliego,
la madre que amamanta con canciones de cuna.


DdA, XIV/3611

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