martes, 15 de agosto de 2017

DE LOS FUEGOS ROBADOS A LA NOCHE DE LOS FUEGOS

Foto de Rafael Pérez Lorenzo

Jaime Poncela
Artículos de Saldo

De los antiguos fuegos de la industria apenas quedan ya rescoldos en nuestra economía, y lo que antes era el fabril y humeante Gijón apenas es ahora una ciudad febril y anémica. El carbón asturiano dejará de atizar los fuegos de hornos y calderas porque dicen en Bruselas que ese fuego sale caro muy caro y que lo que hay que pagar con los presupuestos comunitarios son los sueldos de los eurodiputados. Del útero de la Camocha ya no salen vagonetas. La mina va bajo el mar, al parecer, pero ahogada por quienes se empeñaron en degollar su pasado minero y obrero sin que ninguna administración haya querido tomarse la molestia de pensar para ella otro futuro distinto. El tiempo ha sofocado los fuegos del ardor político de aquella región dinamitera y revolucionaria que apenas alumbra lo que una cerilla de nada en el panorama nacional. El ardor guerrero de ir a Madrid a exigir y reclamar trenes y carreteras para Asturias, se ha extinguido entre las manos de unos incombustibles profesionales del escaño que orinan cada día sobre las ascuas de lo que fueron calores reformistas o revolucionarios. Nos han robado el fuego, pero no han sido los dioses sino los mediocres. Nos han robado el fuego estadistas de mesa camilla, chigre y rebotica, cuadrillas de “tenores, payasos o jabalíes” (fin de la cita) cuyas ideas son pólvora en salvas. De todo esos esos fuegos queda una noche de los fuegos, media hora de fantasía pirotécnica para olvidar una apagada realidad. Menos es nada. Y luego, tras los fuegos, iremos bajando la cuesta para ver de nuevo que, como escribió el maestro, se acaba la fiesta.

DdA, XIV/3611

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