viernes, 23 de junio de 2017

AURELIO DELGADO, LA MEMORIA DE GREDOS PASO A PASO

 Lazarillo

El geógrafo y escritor Eduardo Martínez de Pisón calificaba al montañero Aurelio Delgado, fallecido ayer en Ávila a los 90 años de edad, como la gran memoria de Gredos: "Desde Unamuno a nuestros días, cientos de viajeros le deben a Delgado el conocimiento de Gredos. El hizo caminos, dio nombre a plantas, gargantas y riscos. De hecho, hay una planta en botánica que se reconoce como Vitaliana primuliflora, subespecie aureli, propia de aquel macizo". 
Mi estimado amigo el escritor Andrés Sorel definió a Delgado como un hombre inteligente, sabio, tenaz y bueno, de la estirpe machadiana. Gredos ha sido la casa por la que Aurelio ha caminado día tras día y año tras año para conocerla a fondo y mostrarla hondamente a los demás, que cuando disfrutamos de su entono siempre debemos tener en cuenta -mucho más ahora que ha dejado para siempre aquellas cumbres-  la defensa a ultranza que hizo de esos extraordinarios parajes cuando se quiso construir una estación de esquí en los años setenta. Aurelio Delgado estuvo en cabeza de aquella movilización que rechazó semejante proyecto. Gracias a su amorosa andadura montaraz fue posible el Mapa del Macizo Principal de Gredos, publicado en 1975 y reeditado en 1992, auténtico testamento de la mucha vida y no menos camino que Aurelio dejó paso a paso sobre sus trochas desde la niñez. Vaya en su memoria el soneto que escribiera Miguel de Unamuno en el destierro, durante la dictadura de Primo de Rivera, con la memoria de Gredos en su corazón y el recuerdo de aquella noche respirada en su intemperie, bajo las estrellas.

No, no es Gredos aquella cordillera;
son nubes del confín, nubes de paso
que de oro viste el sol desde el ocaso;
sobre la mar, no roca: bruma huera.

Gredos, que en la robusta primavera
de mi vida llenó de mi alma el vaso
con visiones de gloria, que hoy repaso
junto a este mar que canta la gotera.

¡Aquel silencio de la inmoble roca
llena de gesto de cordial denuedo!
¡Aquel silencio de la inmensa boca

del cielo, en que ponía sello el dedo
del Almanzor! ¡En su uña al paso choca
y se rompe la sierra de remedo!

DdA, XIV/3569

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