jueves, 6 de abril de 2017

LA PIAZZA DELLA SIGNORIA ES UNA FUENTE DE JUVENTUD

 
Félix Población

La primera impresión que tuve al regresar a la bellísima  Piazza della Signoria, tantos años después de mi primer viaje a Florencia, fue la del abrazo a una imagen cuya semblanza se había ido diluyendo como la un sueño antiguo y cuya recuperación dependiera de mi retorno presencial a este escenario. Algo muy tierno, hondo, sabio, maternal, hermoso y sin límites espaciales o temporales abrazó mi mirada en cuanto se abrió a ese espacio insondable que el arte encarna con su afán de perfección y trascendencia.
La logia lleva el nombre de la misma plaza, pero también se la llama Loggia dei Lenzi porque bajo sus arcos acamparon los mercenarios pertenecientes al ejército del emperador Carlos V, cuando en 1527 iban camino de Roma y se les conocía por lansquenetes. Ahora se reponen del cansacio los turistas que van o vienen de Roma, al tiempo que se recrean desde las gradas en la contemplación de la airosa y espaciosa plaza, sin duda una de las más bellas de Europa.
Benci di Cione y Simone di Francesco Talenti levantaron ese pórtico a finales del siglo XIV. Hasta dos centurias después se acogieron allí ceremonias y asambleas que, a partir del siglo XVI, fueron sustituidas por las imponentes esculturas de la familia Medici. Al avistarlas desde lejos, mientras se avanza a su encuentro, sentimos una cierta urgencia por llegar a su proximidad, similar a la que experimentamos ante alguien o algo amado cuya presencia real y cercana hemos anhelado largo tiempo.
Fue el gran duque Cosme I quien ubicó El Perseo de Benvenuto Cellini en ese espacio. Data de 1554-1564 y maravilla hasta el asombro la armonía de las proporciones del héroe griego. Solo el tacto etéreo de la brisa puede reconocer al detalle la perfección de lineas de ese cuerpo juvenil y aguerrido, bañado por la lluvia de los siglos, al que alumbraba a esa hora el último sol de la tarde, dándole una mayor y más encendida prestancia a su firme estatura de bronce.
Conforman la obra dos figuras: la de un hombre de pie, erguido sobre el cuerpo de la mujer decapitada. El hombre tiene el cabello rizado y corto, y lleva un casco con alas. Su rostro enojado mira al suelo, y con ello al espectador que lo observa, y en su mano derecha porta una espada. Bajo sus pies, el cuerpo de su víctima aparece contorsionado. La mano izquierda levantada de Perseo porta la cabeza de Medusa. En la nuca del hombre está el autorretrato del autor. El casco forma las cejas, la nariz y la forma de la cara, mientras que el pelo de la nuca de Perseo es la barba de Cellini. El rostro de Medusa fue construido a partir del modelo de uno de los aprendices del autor, según cuenta el propio Cellini en su autobiografía, donde también pondera hiperbólicamente la gestación de su obra. ¿En qué sueña el Perseo de Cellini las largas noches de luna? Mi sueño en Florencia esa noche fue haber visto a Perseo bañado en luz de luna. Puedo asegurar que la del sol me pareció una luz muy pobre para alumbrar al héroe en comparación con la de nuestro satélite. Ese sueño debería haber sido pintado por alguno de los maestros renacentistas.
En la parte derecha del pórtico se encuentra El rapto de las Sabinas, la obra de Juan de Bolonia. Mide más de cuatro metros de altura, data de 1583 y fue realizada en un solo bloque de mármol blanco. La componen tres personajes desnudos: un hombre joven que levanta por encima de su cabeza a una mujer que parece luchar para desprenderse de su secuestrador, mientras, atrapado entre las piernas del joven, se encuentra un hombre viejo con muestras de desesperación. Por esta razón se conoce también al conjunto escultórico por el de Las tres edades del hombre. Las tres figuras están unidas psicológicamente por sus miradas y formalmente por la posición de sus cuerpos y miembros, dando la sensación de girar en torno de un eje central del que no pueden escapar.

El Rapto de las Sabinas está conceptuada como una hazaña técnica. El artista levantó sobre la base tres cuerpos dispuestos en línea serpentinata, con una serie de espirales y remolinos en su composición. Se trata de un trabajo ostensiblemente manierista, por el alargamiento de las figuras, sus posturas artificiosas y la oposición de opuestos hombre/mujer, belleza/fealdad, victoria/derrota y juventud/vejez. 

La obra fue concebida para ser contemplada desde distintos puntos de vista (multifacialidad). Eso nos permite apreciar el movimiento ascendente y helicoidal que la impulsa (forma serpentinata). Las tres figuras parecen girar en el espacio para componer una escena que en apariencia parece de gran carga dramática. La expresión de los rostros, en cambio, no guarda coherencia con la tensión y el esfuerzo que los cuerpos desnudos proclaman. Parece que estemos ante una danza en la que las figuras coreografían un episodio de gran dinamismo, pero exento de su significado más dramático. Los cuerpos giran como una espiral en el espacio, se relacionan entre ellos, tanto en lo físico como en lo psicológico, se retuercen en un ámbito espacial limitado y angustioso. El drama parece más intelectual que físico.


El Rapto de Giambologna es una composición con movimiento helicoidal que puede ser visto desde cualquier ángulo. Obliga al espectador a girar alrededor del grupo escultórico para conseguir una visión total de la obra. Se la considera la primera gran escultura en resolver satisfactoriamente todos los ángulos y ofrecer puntos de interés desde cualquier posición que se observe. Sea cual sea la que elijamos, no cabe otra sensación más que la de sentirse de modo permanentemente impresionado ante su inconmensurable valor artístico y el prodigio técnico que la caracteriza. Mientras mantengamos sobre ella nuestros ojos andantes, no dejará de obsequiarnos con el vigor y la gracia de su dinámica.

Personalmente opté por fotografiar el conjunto desde un lugar próximo al de un artista de avanzada edad que en esos momentos estaba haciendo un apunte de la obra, como tantos se habrán hecho a lo largo sus muchísimos años de intemperie. Faccio ringiovanisce, hacerlo rejuvenece, me dijo, como si ese hecho fuera consecuencia del abrazo de su mirada. Lunga giovinezza, maestro. La Piazza della Signoria es una fuente de juventud. La beben a sorbos los ojos en la talla de sus estatuas y la alimentan en sueños los viajeros que sueñan su regreso al despedirse de ella con el último sol de la tarde.
  
DdA, XIV/3506

1 comentario:

Cosme dijo...

Volver, volver, volver...A pesar de que el mundo no sabe a do camina, Italia tiene en el alma el arraigo de un primer amor...Saludos.

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