martes, 28 de marzo de 2017

EL SUEÑO DE ARIADNA EN LA GALERÍA UFFIZI

New Hall 35  

Félix Población

Resulta obligado, para quienes visitan Florencia con sed de arte, pasar unas horas -cuantas más mejor- en la Galería Uffizi, el extraordinario museo que contiene una de las más preciadas colecciones de arte antiguo del mundo, y al que acuden cada año dos millones de personas, cifra que se me antoja corta por el valor de sus colecciones. 

Personalmente, cada vez que salgo de Uffizi -al igual que las veces que visité la Capilla Sixtina en Roma, en esta ocasión restaurada-, necesito la estimulante y autoconsoladora expectativa de apetecer un retorno, sobre todo cuando -como ocurrió hace un par de semanas-, pude disfrutar del museo florentino con muy poco público en su salas, prolongando mi estancia hasta casi la hora del cierre. La luz declinante del sol, iluminando las galerías, prestaba al hermosísimo artesonado, a las esculturas greco-latinas y a la atmósfera toda del lugar una confidencialidad de comunicación sensorial e intelectual muy intensa y acogedora, distante del tráfago agitado que se respira en las horas y días de visitas masivas.

Una vez consignadas estas emociones e intelecciones, debo consignar como visitante y comprador de la guía en español que se vende en Uffizi -impresicindible para hacer un seguimiento identificativo de las diversas salas que con una cierta calma se pueden ver a lo largo de tres o cuatro horas-, que la edición del librito no es precisamente reciente pues data de hace casi veinte años (1998, por lo que debería advertirse al visitante que pretenda adquirirla a fin de evitar el fraude que supone no encontrar algunas de las obras en las salas donde están consignadas, tal como ocurre con algunas de las que más atrajeron mi atención y puede que la de mucho otros viajeros.

En el caso de la impresionante escultura Ariadna dormida, no se encontraba ni siquiera  en el museo en 1998, sino desde enero de 2013, año en que ocupó la sala 35, llamada también Sala Miguel Ángel por el cuadro del artista que podemos ver al fondo de la imagen de Ariadna y con más detalle bajo estas líneas. Se trata del Tondo Doni o Sagrada familia (1506-1508).
Durante el Renacimiento, el “tondo”, una composición pictórica en forma de disco, era un trabajo habitualmente solicitado por clientes privados. Las figuras de María, José y el Niño se agrupan en un único volumen central en el que la rotación de la Virgen da a la composición un movimiento en espiral que posteriormente será muy empleado por muchos artistas. Al fondo, un grupo de jóvenes desnudos evocan un tema clásico que simboliza la humanidad pagana, desconocedora aún de la doctrina cristiana que realzan las imágenes en primer plano. También es interesante notar el espléndido marco de madera tallado y diseñado por el propio Miguel Ángel. El Tondo Doni sentará las bases del denominado manierismo, estilo de pintura que se caracteriza por posturas extrañas, poco naturales, y colores iridiscentes con respecto a la pintura compuesta y equilibrada del siglo XV.

sala35-02

Se trata de la única pintura móvil del artista, acompañada en la misma sala por obras de Andrea del Sarto, Franciabigio, Frencesco Granacci, Fra Bartolomeo y nuestro Alonso Berruguete. La dirección de Uffizi decidió en su día ubicar, en el mismo centro de esa sala 35, la escultura de Aridana dormida, quizá porque pese a tratarse de una copia romana de un original griego del siglo II antes de Cristo, bien se podría decir por lo forzado de su apostura durmiente que en el helenismo tardío ya había atisbos bien notables de lo que siglos después se llamaría manierismo.

 
La escultura de Ariadna -según leo en la información publicada sobre su retorno- regresó a la Galería Uffizi después de 220 años de ausencia y peregrinaje por otros lugares de Italia, entre ellos los jardines del Quirinal y los jardines de Villa Medici, pintados por Diego Velázquez durante su primer viaje a Roma. Es de recordar que una de las dos obras de este pintor sobre las vistas de esos jardines lleva por títulos los de Pabellón de Ariadna, Logia de Cleopatra o El Mediodía. El motivo representado es un jardín cerrado por una serliana  (arco flanqueado por dos huecos adintelados) en el que aparece  Ariadna dormida. Esta maravillosa figura de mármol blanco fue confundida de manera errónea en el pasado con la de Cleopatra moribunda, si bien la actitud de la protagonista no denota para nada que sea agónica (*). 

Según la aludida información, Ariadna había abandonado la Galería Uffizi en 1794 y su regreso hace algo más de cuatro años fue todo lo laborioso que cabe imaginar por su valor artístico, avanzada edad y sus casi dos toneladas de peso. Se verificó a través de una plataforma elevada a 25 metros de altura hasta la terraza del museo y a lo largo de la Loggia Lanzi, para hacer hacer su entrada por el pasillo oeste de la Galería. Solo cabe desear larga vida y mucha y honda admiración para uno de los más bellos sueños tallados en mármol a lo largo de la historia de la humanidad, capaz de habitar de belleza y sensualidad los nuestros el mismo día en que lo tuvimos tan cerca de nuestros ojos.

*Es interesante escuchar la explicación que da la restuaradora de la escultura de Ariadne dormida que se encuentra en el Museo del Prado de Madrid y cuyos trabajos se realizaron hace unos años. Llegó a España en tiempos de Felipe V, procedente de la valiosa colección de arte antiguo de la reina Cristina de Suecia. La restauradora comenta que confundir a Ariadne con Cleopatra pudo haberse debido al brazalete con una serpiente que luce la figura en uno de los brazos, sin reparar para nada en la actitud somnolienta de la figura. Acerca de esa confusión, se puede leer "Cleopatra o Ariadna: retorno a un debate superado", titulo de un estudio de Miguel Ángel Elvira Barba, en el que aporta documentación de interés sobre esta obra.

El sueño de Ariadna

Ariadna era la hija del rey Minos y Pasifae de Creta. Su padre tenía en un laberinto al minotauro, a quien había que alimentar con gente ateniense cada nueve años. La tercera vez que los atenienses debían pagar su tributo, Teseo, -hijo de Egeo, el rey de Atenas- se ofrece a ir y matar al minotauro. El problema era que el minotauro vivía en un laberinto del que no se podía escapar. La hija de Minos, Ariadna, enamorada de Teseo, decidió ayudarlo con la condición de que se casara con ella y se la llevara lejos de su temible padre. Teseo aceptó y así fue como Ariadna le regaló un ovillo para que una vez en el laberinto fuera desenrrollándolo y pudiera servirle de guía al regreso. Cuando Minos supo que Teseo había matado al minotauro montó en cólera, por lo que Teseo tuvo que apresurarse en la huída, en la que lo acompañó Ariadna. Pero ella nunca llegó a ver la tierra de Teseo, Atenas, pues en una escala que él hizo en la isla de Naxos la abandonó dormida en la orilla. Las versiones de esta traición varían mucho y se han hecho un sinnúmero de hipótesis. Se ha dicho que Teseo dejó a Ariadna en la playa porque estaba enamorado de otra mujer, también que fue por orden de los dioses, o sino porque mientras ella se encontraba en la playa recuperándose de un mareo, él regresó al barco, y este zarpó impulsado por un misterioso viento. Pero Ariadna no se amilanó y olvidó sus penas de amor con el dios Dionisio, quien se había enamorado profundamente de ella. Se casó con Ariadna y la llevó al Olimpo. Como regalo de bodas le dio una diadema de oro que hizo Hefesto y que luego se convirtió en constelación. La muerte de Aridana es objeto de varias versiones. Hay quienes dicen que Artemisa la mató, cumpliendo órdenes de Dionisio, pero también hay quienes opinan que ella murió en la isla de Naxos, donde Teseo la había abandonado cuando ella dio a luz. 

DdA, XIV/3499

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