sábado, 25 de marzo de 2017

ADIÓS AL BRIGADISTA MEXICANO JUAN MIGUEL DE MORA VAQUERIZO

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Queridos amigos de las Brigadas Internacionales:
Escribo estas letras para informaros que Juan Miguel de Mora Vaquerizo, mi esposo amado, ha muerto el 18 de marzo del año en curso en su propiedad, "La Querencia", en Ajusco, México, a las siete de la mañana. Había pasado unos quince días en el hospital con neumonía y murió de la misma enfermedad. Era de la Quince Brigada, 35 División.
Salud.
Ludwika Jarocka, Vda. de De Mora.

La Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales completaba la triste noticia con esta información publicada en su boletín: Lo estaba anticipando. Hace unos meses recibimos el último mensaje en el que, jugueteando con el tema de la muerte, tan presente en la sociología de México, nos decía el pasado 2 de noviembre:
Ya veo a la Pelona (así llamamos a la muerte en México) que me sonríe a veces, pero no me llama. Lamento que mi cita con ella no sea en Samarcanda, como en el cuento oriental, porque así conocería Samarcanda, capital de Uzbequistán, antes de irme...
Bueno, ya ha llegado la Pelona. Pero Juan Miguel sigue con nosotros, porque su memoria y la de todos sus compañeros siguen con nosotros. Y seguiremos su ejemplo. El suyo fue un compromiso muy temprano. Con 14 años se acercó a España al iniciarse la guerra. Quiso enrolarse en el 5º Regimiento y no le dejaron por razones de edad. Se empleó en tareas auxiliares. Al cabo de dos años, cuando comenzó la batalla del Ebro, pidió de nuevo integrarse a la lucha, esta vez con los voluntarios internacionales. Convenció a Luis Delage, comisario general del Ejército del Ebro, y se unió a la XV BI, al batallón Spanish, donde había tantos cubanos, argentinos y otros latinoamericanos. En Pandols experimentó la dureza de una brutal batalla. Lo contó en su novela testimonio Solo queda el silencio. Recientemente Jordi Martí-Rueda lo ha sabido transmitir con emoción en sus Cinco Rebeldes. Las heridas que recibió le produjeron una amnesia de quebranto. De la que pudo recuperarse gracias a Harry Fisher, el amigo de Wisconsin que en 2001 compartió en Madrid con él los viejos temores y angustias de antaño. Y Juan Miguel se mantuvo fiel a su ideario republicano. Trabajó sin parar hasta su reciente jubilación (tenía ya 93 años!) en la Universidad Autónoma de México (era especialista en sánscrito, como su mujer Ludwika, que nos ha participado la noticia de su fallecimiento). Compruben la densidad de su curriculum en la wikipedia.
Hace tres años pasó por Madrid, y fue reconfortante estar de nuevo con Juan Miguel y Ludwika, y con Anna Grau, que le dedicó un post: La mejor gente del mundo. Quiso venir en 2014 a la Semana de las Brigadas Internacionales en la Facultad de Historia de la Complutense, pero una afección cardiaca se lo impidió. Nos mandó un mensaje.

Lazarillo

La última entrevista que leímos en un medio de comunicación español con Mora Vaquerizo fue en el diario Público en 2014, sin que el periodista reparase en el nutrido currículum intelectual de este profesor de sánscrito, indólogo, escritor, director de teatro y cine, nacido de padre mexicano y madre española, que afirmó en esa ocasión que lo único que quedaba en España de la Guerra Civil era la derecha tradicional católica. Aparte de su crónica novelada sobre la batalla del Ebro, dejó escritas sus reflexiones como combatiente en un libro de inspiración quijotesca, La libertad, Sancho, prologado por la esposa del escritor Artur London, Lisa London, autora asimismo de unas interesantes memorias. Para este Lazarillo es obligado consignar que Juan Miguel fue muy amigo de su camarada Gerhard Hoffmann, a quien tuve el gusto de conocer y admirar años antes de su fallecimiento en una pequeña localidad austriaca. Hay varias fotografías de los dos en la edición del citado libro, más que recomendable y de lectura abierta en: www.brigadasinternacionales.uclm.es/wp-content/uploads/2014/.../Libertad-Sancho.pdf
 


"Mi amigo y camarada Juan Miguel de Mora, uno de los últimos supervivientes de los «voluntarios de la libertad», acaba de escribir, después de más de sesenta años de silencio, el relato de los últimos días apocalípticos que vivió en 1938 en la Sierra de Pandols durante la batalla del Ebro, la más sangrienta y la más feroz de toda la guerra de España. Ese año de 1938, en el que cumplía 17, llevaba ya dos años esperando ese momento y cuando el gobierno de la República retiró las Brigadas Internacionales, él siguió combatiendo en el ejército republicano. Su odisea merece ser conocida y por eso, con mucha emoción, he aceptado prologar su trágico y emotivo relato”. Lise London.



En memoria de Juan Miguel de Mora Vaquerizo, vaya una vez más el poema de Miguel Hernández que tanto gustaba a mi querido Hoffmann, enamorado de la lengua española desde que leyó Don Quijote en una prisión de Viena, antes de viajar a España para luchar contra el fascismo.

Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras,
una esparcida frente de mundiales cabellos,
cubierta de horizontes, barcos y cordilleras,
con arena y con nieve, tú eres uno de aquellos.

Las patrias te llamaron con todas sus banderas,
que tu aliento llenara de movimientos bellos.
Quisiste apaciguar la sed de las panteras,
y flameaste henchido contra sus atropellos.

Con un sabor a todos los soles y los mares,
España te recoge porque en ella realices
tu majestad de árbol que abarca un continente.

A través de tus huesos irán los olivares
desplegando en la tierra sus más férreas raíces,
abrazando a los hombres universal, fielmente. 


DdA, XIV/3497

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