viernes, 24 de junio de 2016

EL TALANTE RAMPLÓN Y MEDIOCRE DE MARIANO RAJOY

Félix Población

Muchos ciudadanos en este país son conscientes de que la estatura política y ética de Mariano Rajoy no ha dejado de decrecer desde que hace más de cuatro años llegó a la Presidencia del Gobierno con el voto mayoritario del electorado. No quiero entrar con este artículo en la nefasta gestión llevada a cabo por el gobierno del Partido Popular o el cúmulo de corrupciones que esa formación política lleva en el vuelo de su gaviota, sino en el último capítulo escrito por el señor Rajoy durante el reportaje llevado a cabo por Susana Grisso y emitido ayer por la noche por televisión. 

Los Dos días y una noche con el jefe del ejecutivo ahora en funciones nos han permitido saber, en relación con el sexo en campaña, que Rajoy no necesita nada, más que gente amable y cordial, y nos han procurado una información sumamente ilustrativa acerca la mermada talla de su talante democrático a la hora de valorar a  sus adversarios políticos. Alguien entre quienes le asesoraran debería haberle dicho previamente, pues la pregunta de la periodista sobre esta cuestión formaba parte del formulario previsto, que es de una urbanidad elemental en democracia, entre quienes aspiran a la jefatura del gobierno, reconocer alguna virtud en cada uno de los rivales, pues de lo contrario se da la deplorable impresión que Rajoy dejó ayer al descubierto. 

Luego de manifestar una tontuna tan flagrante como la de asegurar que es la pregunta más difícil que le han hecho en toda su vida política, don Mariano no fue capaz en principio de decir cosas en positivo de Pablo Iglesias, para acabar con esta sandez, propia de patio de escuela: destacar su mérito para "meterse" con Pedro Sánchez: "Se le da bien, lo tiene machacao". A Sánchez, al menos, le reconoció Rajoy su espíritu batallador, "a pesar de no haber querido hablar conmigo", y en Rivera ve a un "tipo estupendo", que se ha empeñado "en prosperar en política metiendose conmigo".

Tanta simpleza de criterio o exceso de cicatería con los valores del rival, propios de un colegial infatuado que se cree el mejor de la clase, nos deja una vez más la impresión de que quien ha presidido la jefatura del gobierno durante más de cuatro años y aspira a renovarse en el cargo es un tipo un tanto mezquino, de un talante ramplón y mediocre, asesorado por un equipo de ineptos a quienes no les importa que esa imagen permenezca y perdure, sin duda porque por encima de la misma está la ideología conservadora a la que está suscrita buena parte del electorado. 

DdA, XIII/3304

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