sábado, 28 de mayo de 2016

TURISMO DE CAMPAÑA EN VENEZUELA



Albert Rivera que ha cometido la pifia más notoria de su breve trayectoria. Fuera de exhibirse en los medios, no pudo ver a nadie, ni nadie le recibió. Entre el patetismo y el ridículo.
Gregorio Morán

No hay precedentes en la historia de España, ni siquiera al final de la época colonial, que de pronto la aristocracia de la clase política española se desplace a un país latinoamericano. El caso de Venezuela y el ridículo de convertirlo en un eje de la campaña electoral es una trampa para elefantes y una estafa a la ciudadanía. A la nuestra, porque me temo que los venezolanos los ven llegar y luego irse, con gran lujo de medios de comunicación y ningún avance político.
 
No participo en la nueva teoría de los revolucionarios de cátedra que han descubierto las enormes posibilidades que abre el populismo a las transformaciones sociales. Yo crecí con Perón ¡qué grande sos!, instalado en la mansión que le había facilitado Franco en Puerta de Hierro (Madrid). Perón fue el cáncer de la izquierda argentina que creyó en él, cuando él no creía en nadie salvo en sí mismo y su carisma. Los carismas en el populismo latinoamericano son una variante autóctona de los bárbaros líderes carismáticos europeos. Detesto los carismas. Bastaría decir que vivo en Barcelona, donde un carismático líder, Jordi Pujol, ocultaba un delincuente. 
¿A qué van los líderes españoles a Venezuela? ¿A rescatar a los opositores encarcelados? Imposible, porque algunos, no encarcelados, les reciben en olor de multitudes, y pocos, o ninguno, de los cronistas del evento sabe qué hizo, qué fue y quién es Leopoldo López, apenas la imagen de su hermosa y valiente esposa. Está en su derecho. Pero, ¿qué hace por allí Felipe González, cuyas implicaciones con el corrupto Carlos Andrés Pérez, miembro de la Internacional Socialista, obtuvo sustanciales beneficios económicos en la gran época de bonanza económica venezolana?. ¿Y Zapatero? No digamos Albert Rivera que ha cometido la pifia más notoria de su breve trayectoria. Fuera de exhibirse en los medios, no pudo ver a nadie, ni nadie le recibió. Un novato que fue a liberar Venezuela y a sus presos, a pelo, como quien se va a la colonia desde la metrópoli. Entre el patetismo y el ridículo.

Seamos claros. El interés de estos libertadores se reduce a ahondar en lo que ellos llaman “el nexo entre chavismo y Podemos”. Bueno, ¿y qué? Nacieron con ese apoyo, cobraron por sus trabajos y se propusieron poner en pie un proyecto que nada tiene que ver con el chavismo. Me gustarán más o menos, pero ellos no esquilmaron las arcas del Estado, ni se empeñaron en convertirse en los partidos más corruptos desde la Restauración. Están empezando, el que quiera, que les vote, pero por favor, no hagan el ridículo con una campaña por la libertad de Venezuela. Los que tienen intereses allí son otros. Puestos a escoger, cualquiera les podría dar una lista de países donde no estaría mal hacer una visita y contar su situación.
Sin ir más lejos, y como prueba incontestable de la manipulación. Los diarios más prestigiosos del mundo reprodujeron la foto del desabastecimiento de las tiendas en Caracas. Y será cierto, pero la foto que ilustraba el relato se trataba nada menos que de un supermercado de Nueva York, que había hecho varios años antes la fotógrafa Allison Joyce. Se quedó de piedra cuando contempló su foto neoyorkina ubicada en Caracas, donde no estuvo nunca. Ninguno de los grandes medios que la publicaron rectificó del apaño. 
Que el hombre que dirige, incontestable, el partido más corrupto de España y que es a la vez presidente del Gobierno, en funciones, dicen, haya convocado al Consejo de Seguridad Nacional, el órgano del Poder Ejecutivo por excelencia, con el fin de tratar de la situación en Venezuela, me parece indecente. Confieso que como veterano del oficio periodístico, y ciudadano, me hubiera gustado saber el nombre de ese hombre temerario que interrumpió la exhibición de los candidatos del PP, y que recogieron todas las cámaras por obligación visual. Se puso delante. Ese que les dijo “¡Sois la mafia!”. ¿Qué se hizo de él? No creo que lo podamos encontrar en Caracas. La batalla está aquí y tienen mucho miedo, y no precisamente de ese churrigueresco Maduro, que parece salido de una película de Buñuel. 

BEZ  DdA, XIII/3281

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