miércoles, 25 de mayo de 2016

LA LINTERNA DEL GRAN CALIFA ANGUITA Y LAS MIL Y UNA NOCHES


Javier Cortines

El gran califa Julio Anguita encendió el otro día su lámpara, igual que hizo hace 2400 años Diógenes buscando hombres honestos, y, apartando la espesa niebla que ciega a los políticos, dijo humildemente estas sabias palabras: los que piensan de forma parecida deberían ponerse de acuerdo en cuatro o cinco puntos esenciales para sacar al pueblo de la actual situación de emergencia y dejar lo secundario para más adelante.
Ante tales palabras volvió a crecer mi admiración hacia su persona pues nos estaba avisando, con una peligrosa luz roja, (¡Cuidado con el recambio!) de la urgente necesidad de unir a todos los grupos de similar ideología, humanos y políticos, para que empujen juntos por un cambio de modelo económico que beneficie a la mayoría de los ciudadanos y contribuya a crear una sociedad más justa y solidaria.
Bienvenidas sean las advertencias de Julio Anguita que, oliendo lo que puede ocurrir,  nos recordaba el rumbo que conduce al “asalto al cielo”. La desunión de hombres y mujeres que beben el mismo vino puede llevar a errores históricos irreparables cuyo lamento puede durar varias generaciones.
Cuando escuché por primera vez a Pablo Iglesias decir que PODEMOS era un partido político “transversal” exclamé ¡Eureka! pues en ese concepto innovador está la savia y clave de la victoria electoral. La etiqueta de izquierdas y derechas es vieja, encasilla, está gastada, y, además, propicia que nos miremos con odio, en vez de rebelarnos unidos contra Saturno (La Troika, con o sin velo) para que no devore a Europa y a sus hijos.
En mi ya larga experiencia como “bípedo implume” (hombre, Platón) he visto a muchas personas que sin saberlo, ya se definan de izquierdas o derechas, (conceptos abstractos),   coinciden en las cosas esenciales de la vida (concretas) y les importa mucho más el bienestar del ser humano que los caballos de Troya de los “animales políticos” que siempre acaban practicando el arte de la levitación[1] y perdiendo el contacto con la realidad y el pueblo.
Es necesario cerrar el capítulo histórico de “izquierdas y derechas”, sin perder de vista a los agujeros negros de “sus núcleos duros”. Ahora más correcto sería decir, que hay dos tipos de personas: las que ignoran o pisotean los Derechos Humanos y las que quieren construir una sociedad basada en el respeto y la imperativa aplicación de los mismos que son, muy, muy concretos, y se ajustan a las actuales demandas de los excluidos.
En esos derechos básicos se encuentran los puntos esenciales que señala Julio Anguita y que PODEMOS podría pactar con todos los grupos afines, empezando por Izquierda Unida y terminando, si es necesario, con los sectores más cercanos del PSOE, -donde deberían hacerse incursiones para catar el melón-, con las Juventudes Socialistas etc., e incluso, si me pincháis, con el diablo, no importa que tome la forma de súcubo o íncubo.
Es urgente, en la actual situación de emergencia humanitaria que estamos viviendo, no permitir que los trece millones de españoles en riesgo de exclusión social, -a los que todos los poderes han dado la espalda-, subvivan en un submundo de pobres, y que su desvalimiento se convierta en algo crónico. Y que, con el oxígeno de Caritas, Funcas, etc., los parias sobrevivan aceptando su condición de mendigos y encima, tengan que dar gracias a Dios.
Es prioritario tomarse en serio los consejos del Califa. Los defensores de los DD.HH: el trabajo, la educación, la vivienda, la sanidad, renta básica, etc, (de lo concreta frente a lo abstracta), no pueden permitirse el lujo de facilitar una alianza de las fuerzas regresivas que mantengan el actual “status quo” de la sociedad y dejen en la cuneta, no se sabe por cuanto tiempo, a los que han sido brutalmente golpeados por la crisis de  La Gran Recesión del 2007.
El analista Iñaki Gabilondo ha declarado, en un vídeo difundido por El País, que “el problema de los viejos partidos políticos, no es que sean viejos, sino que están muertos” y ha agregado esta sentencia de Ortega y Gasset: son “fantasmas de partidos políticos que manejan fantasmas de ideas”. La cosa tiene su miga y se me ocurre esta pregunta: Qué haremos con los muertos ¿Enterrarlos o dejar que sigan forcejeando con los vivos?
Sherezade contaba al sultán un cuento inacabado cada noche para que éste, picado por la curiosidad, ansiara escuchar el final la siguiente velada. Así, luna tras luna, salvaba la vida. Ahora la odalisca de Europa se llama Ángela Merkel y todos los días reaparece como un vampiro de la Troika, (FMI,  BCE, CE), que repite, cual cerbero de tres cabezas, que hay que recortar salarios, abaratar despidos y bajar las pensiones, para salvar a los ricos y al rey Midas.
Como mucha gente sabe uno de los trabajos de Cerbero (perro tricéfalo con cola de serpiente) era que ningún condenado saliera del infierno: “El Hades”, “La Exclusión Social”. ¿Por qué la walkiria Merkel se empeña en bailarnos la danza de los Siete Velos mientras observa cómo nos vamos quedando en los huesos?  ¿Qué es eso? ¿Sadismo o mala leche?, ¿Dónde está la Europa del Himno de la Alegría de Ludwig Van Beethowen?
Los que sufren esta crisis que sacrifica, condena o mata a “los perdedores” y destruye las esperanzas de los que un día creyeron en Europa, no pueden escuchar MIL Y UNA NOCHES los cuentos de Ángela Merkel, de esa concubina del capital que sólo se entiende con los eurócratas,  Bancaraña y los marianólogos (omnívoros, antropófagos y prófugos).
¡Y luego se extrañan que el líder de Syriza, Alexis Txipras, viaje a Rusia para tantear si Moscú puede hacer algo por Grecia! ¿Adónde va a ir si Europa sigue exigiendo a los griegos sacrificios inhumanos e ignora sus justas demandas? ¿A Vitigudino? ¿A las puerta del FMI para ver si reaparece un rato Rato?
En esta época en la que es tan fácil prometer e incumplir, no viene mal recordar esta sentencia de Nietzsche: “Siempre he amado a los que cumplen mucho más de lo que prometen”.[2]
Y vuelve a cantar ¡Quiquiriquí! Canta el Gallo Beneventano para recordarnos que tras la Gran Depresión del 29, que produjo una cadena de suicidios de banqueros y empresarios arruinados, sus vástagos   tomaron medidas cainistas para que no volviera a repetirse “ese genocidio de las elites”. Así, en síntesis, planificaron su salvación: si se repite una debacle similar, el pueblo salvará a la banca. Serán los ciudadanos los que paguen con su vida y con su dinero. Eso se llama, viendo lo que ocurre hoy, “dar de lleno en la diana”, ni el flechador Apolo lo hubiera hecho tan bien.

Javier Cortines
http://www.nilo-homerico.es/

Notas:
[1] Rodrigo Rato practicaba yoga y dominaba a la perfección “la postura del loto”. Era un discípulo aventajado de Ramiro A. Calle.  Eso explica que, invirtiendo la ley de la gravedad, aprendiera a levitar con o sin avión.
[2] Así habló Zaratustra.

DdA, XIII/3278

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