viernes, 8 de enero de 2016

MI ABUELO, EL FERROVIARIO, NOS MANDABA POSTALES

Foto de Nacho González.
Foto de Nacho González.

 Ignacio González

Mi abuelo, el ferroviario, 
nos mandaba postales,
las guardo en un cajón contra el olvido.
Aún conservan la tinta desvaída,
los sellos con el rostro del tirano,
las torpes cicatrices de las letras,
los abrazos rituales
y esa firma,
escueta y apretada, de quien no fue a la escuela.
Han viajado conmigo en los inviernos
en los que nos tocaba hacer mudanza
y fueron el cauterio a la nostalgia
de quien no vuelve nunca a los lugares
donde anidan los suyos.
Hay en ellas paisajes imposibles
para mis pies de niño del exilio,
un sol que se burila en los espejos
de un mar lleno de calma,
casas llenas de luces,
las praderas
de una aldea perdida en la memoria
y una calle preciosa que no atino
a saber ubicar en ningún mapa.
Algún día,
acabarán marchitas en el cesto
de los papeles viejos,
vencidas por los años y la bruma
o en un puesto del Rastro de domingo.
Y otras manos habrá que hallen en ellas,
sobre el sepia raído de sus láminas,
el hilo del cometa que nos ata
al eterno dolor de haber vivido.

 DdA, XII/3178

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