viernes, 4 de diciembre de 2015

PABLO IGLESIAS Y LA RESPONSABILIDAD DEL "PIE PARA EL NIÑO DE VALLECAS"

Félix Población

No pude estar ayer en Villaralbo, como había previsto con mi amigo Javier Iglesias, con cuya amistad me honro, pero estaba convencido de que el padre de Pablo Iglesias iba a tener un poema seleccionado para tan señalada ocasión: nada menos que la pegada de carteles de Podemos en la localidad zamorana, como homenaje -según su secretario general- a la generación de Javier, residente en Zamora. 

El recurso al verso es habitual en Javier Iglesias cada vez que abraza a su hijo en un evento político. Lo hace, además, con una magnífica recitación, que alía la sobria contención con una precisa y cálida entonación emotiva. En buena medida, el líder de Podemos y candidato a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones tiene muy arraigadas en su padre sus más firmes convicciones éticas y políticas. La pegada de carteles en Villaralbo lo ejemplifica.

Coincido plenamente con mi estimado y admirado colega Enric Juliana, autor del magnífico prólogo al último libro de Pablo Iglesias (Una nueva transición, ed. Akal) que acabo de empezar a leer, en que la ausencia de un fuerte apoyo fáctico exterior acentúa el carácter genuino de Podemos: “Surge –en palabras del director del diario La Vanguardia- del interior de la sociedad. Surge del interior de la ira, de la perplejidad y de la decepción de buena parte de la sociedad española. Al carecer de fuertes apoyos fácticos, su despliegue, madurez y consolidación dependen exclusivamente del talento de sus líderes y de la inteligencia colectiva de sus seguidores y electores. En ese sentido, Podemos es una propuesta radicalmente democrática”.

Ayer noche, en Villaralbo, Javier Iglesias eligió otra vez con mucho tino a un poeta nacido en aquella provincia, León Felipe, para dar contenido emocional e intelectual a la significativa cita con su hijo. Lo precedió con estas palabras: “Habéis venido a Villaralbo para iniciar la campaña electoral como un símbolo de aproximación a los pequeños pueblos de la España rural, para decir a sus habitantes que aquí también es posible, que se puede, que ese movimiento que se inició el 15-M en las plazas de las ciudades, es un movimiento de todos".

El poema que León Felipe escribió sobre el conocido cuadro de Velázquez, en el que el pintor nos estimula a no ser ajenos al dolor, es una interpretación también del dolor de España, tal como se desprende del rostro del niño de Vallecas. Según escribe Jorge Chen Sham en un lúcido ensayo al analizar los versos (La responsabilidad humana: el poema Pie para el niño de Vallecas de Velázquez), esa compasión y sensibilidad, con las que el hablante lírico nos llama para acercarnos a «El niño de Vallecas», obliga a una «actitud militante y decidida frente a las miserias humanas». No podemos quedar inmutables ante el dolor ajeno y ante la humanidad encontrada en la deformación; eso es lo quería hacer Velázquez con su retrato a Lezcanillo; pero tampoco podríamos escaparnos ante el dolor de la situación española, condensada en ese rostro que impacta y conmueve.  

"Ese rostro de «El niño de Vallecas» se transforma, por sinécdoque -según Chen Sham-, en el rostro de toda España y el hablante-profeta nos convoca en procura de redención. Así, acabar con el «entuerto» significa aspirar a un mundo nuevo, en el que el hombre pueda superar y transformar su situación. Ése es el anuncio de «Pie para el niño de Vallecas de Velázquez» y el hablante lírico se presenta como el poeta de los que sufren y de los que lo hacen en su españolidad, preguntándose, como aclara Alfredo Roggiano, las causas por las cuales el hombre se confunde y no ve la luz Por eso, el nuevo hombre felipiano, liberado de las cadenas de la inacción y de la ausencia de compromiso, podrá ahora comenzar su salida por «bambalinas», hacia ese gran teatro que es el mundo".


PIE PARA EL NIÑO DE VALLECAS, DE VELÁZQUEZ

Bacía, Yelmo, Halo.
Este es el orden, Sancho.

De aquí no se va nadie.

Mientras esta cabeza rota
del Niño de Vallecas exista,
de aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.

Antes hay que deshacer este entuerto,
antes hay que resolver este enigma.
Y hay que resolverlo entre todos,
y hay que resolverlo sin cobardía,
sin huir
con unas alas de percalina
o haciendo un agujero
en la tarima.
De aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.

Y es inútil,
inútil toda huida
(ni por abajo
ni por arriba).
Se vuelve siempre. Siempre.
Hasta que un día (¡un buen día!)
el yelmo de Mambrino
—halo ya, no yelmo ni bacía—
se acomode a las sienes de Sancho
y a las tuyas y a las mías
como pintiparado,
como hecho a la medida.
Entonces nos iremos todos
por las bambalinas.
Tú, y yo, y Sancho, y el Niño de Vallecas,
y el místico, y el suicida.


+@"La decisión es entre los libros de historia y las páginas del futuro".

DdA, XII/3148

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gran tipo Javier.

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