jueves, 8 de octubre de 2015

EL COMPLICADO ASUNTO DE SER DEDICATORIO

 

Alicia Población

Regalar un libro no es ninguna broma. No se puede tomar a la ligera, ni como si se tratara de un obsequio igual a cualquier otro. Regalar un libro no es solo regalar una historia, regalar un libro es regalar una amplia gama de posibilidades. Posibilidades de pensar, de soñar, de desencadenar la toma de ciertas decisiones que quizá lleguen a ser de importancia...Por eso es tan serio regalar un libro. Es como regalar un camino, un mapa, una puerta abierta hacia no se sabe dónde.
En mi caso hubo muchas puertas desde mi más tierna infancia. Mi tía tenía la costumbre de regalarme un libro casi cada vez que me veía. No le hacían falta razones de peso, como cumpleaños o fechas navideñas, cada vez que nos hacía una visita o mi madre iba a tomar un café a su casa y me llevaba con ella había un libro esperándome. Eran libros para niños, de esos que tienen muchos dibujos y pocas palabras, la mayoría no llegarían a 20 páginas, sin embargo a mí me hacía especial ilusión y así fui creando mi primera biblioteca y también mis primeras rutas.

Ahora bien, hay algo mucho más serio que regalar un libro y que es de casi vital importancia, algo que con su ausencia lograría casi la desnudez del mismo: la dedicatoria.

Si analizamos con exactitud lo que implica dedicar un libro comprobaremos fácilmente la relevancia del acto. Para empezar, con la dedicatoria puedes ofrecer una ligera opinión personal del mapa que entregas, o del destino del mismo, lo cual influye en la perspectiva lectora del sujeto al que regalas. Al dedicar un libro has de pensar algo conciso y breve, pero que a la vez esté lleno de significado sin descubrir toda la verdad que esconde el contenido del regalo. Para lograr esto es casi necesaria toda una estrategia.

A veces me recuerda un poco a cuando escribes un poema: algo breve, conciso y lleno de significado. En un poema no dices todo claro, porque dejas que el lector deduzca la propia esencia del mismo y se convierta en algo subjetivo. Eso es lo bello, dar solo media parte para dejar que la otra mitad sea siempre distinta.
 
Una dedicatoria no llega siquiera a media parte, pero ha de tener poder para arrancar al lector a emboscarse en el libro, a bebérselo y a desearlo. Y ahí está lo complicado del asunto.
Dar solo un trocito de ti dedicando algo que va a pasar a ser quizá una gran parte del otro.
No cabe duda, no es ninguna broma.


 Plasmando Detalles  DdA, XII/3101

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