martes, 21 de julio de 2015

LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL CAMAROTE DE LOS MARX

Antonio Aramayona
El otro día una buena amiga me regaló “La maldición de la inteligencia” (Plataforma), un recomendable libro de Carmen Sanz Chacón donde la autora intenta explicar cómo lograr que ser superdotado intelectual sea una ventaja y no un problema. Me llamó especialmente la atención el fenómeno (otros lo llaman “síndrome”) de la disincronía o un cierto desequilibrio producido al desarrollarse marcadamente algunas capacidades antes que otras. Por ejemplo, cuando un niñ@ posee altas capacidades y desarrolla a nivel interno antes su capacidad intelectual que la psicomotriz o la afectiva. O cuando no hay un equilibrio entre el propio niñ@ y su entorno (escuela, casa, etc.). Al estar muy por encima la edad mental de la que marca la edad cronológica,  los intereses pueden ser distintos y distantes y el aburrimiento puede ser mortal en ocasiones.

La lectura del citado libro me llevó a una situación que poco o nada tiene que ver en apariencia: al estar elaborándose en el seno de algunos Partidos las listas de candidat@s para las próximas elecciones generales al Congreso y al Senado, fácil es comprobar en ciertos casos que las competencias personales y/o profesionales están por debajo de los requisitos mínimos esperados para ejercer dignamente una tarea. Posiblemente, el sujeto candidato es una buena persona, tiene una determinada formación para ejercer una profesión y le mueven sanos sentimientos y deseos de cambiar a mejor la sociedad donde vive. Los observo ahora, pidiendo votos para su candidatura, y pienso qué buenos y honrados congresistas nos esperan y también qué mediocres, poco formados y tibios congresistas y senadores pueden ir aterrizando en tales puestos.

Platón provenía de familia de políticos de cierta prestancia e influencia. Al ver qué estaba ocurriendo en la ciudad de Atenas, especialmente durante la guerra del Penopoleso, por obra y desgracia de sus políticos, renunció y aborreció de la política y se dedicó a enseñar a pensar a los jóvenes atenienses y a idear una forma de hacer política y de convivir en sociedad que fuese la mejor, la utopía misma de la política –tal como él llegó a concebirla-, la más sana, digna y alta forma de hacer ciudad (polis) con y entre los ciudadanos: “una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra”, escribió en su Carta VII. Pues bien, si Platón levantara la cabeza quizá sentiría similar descontento ante algunos eventos dentro del panorama político español.
Hace ya tiempo, un amigo me contaba de pasada algunas impresiones acerca de su recorrido por el laberinto de un partido político y su conocimiento y contacto con algunas personalidades políticas de relevancia. Me llamó la atención que tuviera frecuentemente la sensación de que él podría estar haciéndolo mejor (o relevantemente menos mal) que muchas de aquellas personas. Tengo la seguridad de que mi amigo no se tiene por una persona intelectualmente superdotada o exquisitamente preparada para la res publica, pero personalmente lo tengo por una persona inteligente, perspicaz, con una sensibilidad capaz de detectar con finura lo que debía mirar y escuchar (no solo ver y oír) cada día.
Hay personas metidas en política desde que dejaron su adolescencia. Sin dudar de su capacidad, son burócratas y de ellas se espera siempre que sean buenas gestoras. El otro día escuché en una emisora local que la nueva Consejera de Educación empezaba una respuesta diciendo: “como soy conocedora de las limitaciones presupuestarias…”.  Es decir, aceptará sin rechistar el dinero asignado a su Departamento y procurará ser una buena gestora de Educación, convertida ipso facto en una eficiente Gestoría S. L. ¿Cuestionarán ella y sus colegas  el desequilibrio fiscal entre el sector minoritario rico y el resto de la población a la hora de conseguir dinero? ¿Se rebelará institucionalmente contra las limitaciones presupuestarias venidas de Madrid? ¿Antepondrá la educación y el resto de los derechos humanos fundamentales a cualquier otra instancia gubernativa

Tengo la impresión a veces de que algunos rincones de la política se parecen al camarote de los hermanos Marx. Además de buenas personas, de él van entrando y saliendo buscavidas, buscasueldos, buscapuestos, buscacargos. 
DdA, XII/3033

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