miércoles, 15 de julio de 2015

GIJÓN, UNA CIUDAD CON BARRERAS FÍSICAS Y MENTALES

Fernando de Silva 

Tomándome un café me enteraba por la prensa que una niña discapacitada, llamada Andrea,  no podía asistir a los Campamentos Urbanos 11x12, un proyecto que pretende la conciliación laboral, familiar y personal, dado que no se contempla que participen niños discapacitados. Lo llamativo es que fue admitida, sin pago de tarifa  debido a su minusvalía, y paradógicamente hubo de abandonar físicamente el campamento cuando se percataron de su discapacidad. La falta de sentido común impera en demasiados personajes, y su incapacidad para planificar las cosas es evidente. Parece ser que ya está todo solucionado, pero el error ya ha tenido lugar, y no es menor.
Eso sí le recomiendo a Andrea que no se le ocurra estudiar música con la intención de participar en la Banda de Música de Gijón, porque el kiosko instalado en el Paseo de Begoña carece de accesibilidad; y si se le ocurre asistir como oyente no podrá disfrutar de los columpios para niños instalados en las inmediaciones, ya que ninguno de ellos es accesible para sillas de ruedas. No importa, los niños discapacitados que escuchen cómo tocan los demás o miren cómo se columpian los que pueden caminar con normalidad. Y que nadie nos diga que esto es inevitable, porque el kiosko de música se acaba de construir y los columpios son una obra realizada este mismo año.
Por cierto los juegos accesibles para parques infantiles ya están inventados, forman parte de la normalidad en los países nórdicos (de los que mucho tenemos que aprender), más de uno en facebook denunció la incapacidad de nuestra alcaldesa para asumirlo y ponerlo en práctica, e incluso a algún hostelero se le ocurrió instalarlos para sus clientes.  Pero en Gijón, por motivos puramente electorales, se ha realizado una importante inversión este mismo año en parques infantiles, pero se han olvidado de los niños que no pueden acceder a ellos.
Parece que en nuestra ciudad se conforman con rebajar los bordillos, y poco más; sin darse cuenta que la accesibilidad no consiste solo en poder pasear por nuestras calles en silla de ruedas. A modo de ejemplo, la mayoría de los locales destinados a la hostelería carecen de una accesibilidad adecuada, pudiendo disponer de ella, y se permite que se abran al público locales con escalones que pueden fácilmente eliminarse. No hay voluntad política, porque no compensa electoralmente, y la miopía mental es más que alarmante.
Para todos aquellos ediles, nuevos o repetidos, que desde el 24 de mayo solo se han preocupado de discutir sus emolumentos y número  de cargos retribuidos, les sugiero que se tomen las cosas de la accesibilidad mucho más en serio. Y si son incapaces de saber cómo hacerlo, me brindo a asesorarles de forma gratuita y desinteresada, para al menos poder salvar sus carencias.

DdA, XII/3027

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