jueves, 4 de junio de 2015

UNA MAGNÍFICA NOVELA: "NO ENCUENTRO MI CARA EN EL ESPEJO"


Félix Población

El pasado martes se presentó en el Centro Asturiano de Madrid una magnífica novela de un escritor de aquella región, residente en su localidad natal (Ceneras) después de vivir largo tiempo en la capital del reino. Fulgencio Argüelles (1955) tiene escritas ya varias y lo hace en cada caso tomándose su tiempo, el mismo que requiere su escritura, por personal y trabajada. Con la primera novela, Letanías de lluvia, obtuvo  el Premio Azorín en 1992.  Ocho años después recibió el Premio Principado de Asturias con Recuerdos de algún vivir. Su penúltimo libro, El palacio azul de los ingenieros belgas (2003) también fue galardonado con el Café Gijón. El año pasado, con No encuentro mi cara en el espejo*, la novela que se acaba de presentar en Madrid, recibió muy buenas y merecidas críticas. La que sigue es una más.

Se trata de un libro de poco más de trescientas páginas, escrito con una prosa muy elaborada y de elocuente expresividad poética, que tiene por escenario la pequeña y apartada localidad minera de Peñafonte, donde discurre también la primera novela de este autor. Tan gustosa es en algunas páginas la escritura de Agüelles y tiene tal densidad e intensidad de expresión y concepto que el lector agradecería más puntos y aparte para disfrutar de un segumiento menos apresurado. La lluvia y la niebla empañan una escenografía que en ocasiones recuerda un retablo rural valleinclaniano, con personajes secundarios muy bien dibujados y tres figuras protagónicas, María Casta, su hijo adolescente Edipio y Zulema, un amiga de la primera. 

Con las dos primeras arranca la historia el día en que fallece el viejo párroco Lubencio y una larga y fragorosa tormenta se desata sobre el pueblo. La tormenta de la guerra, que tendrá lugar páginas más adelante, nutrirá el desarrollo de la novela con incidencias varias, entre las que no pueden faltar los diálogos –en exceso discursivos en mi opinión- entre un cura novato y un maestro liberal, coincidentes en que la guerra siempre viene de los infiernos, a través de la intransigencia de unos y la desesperación de otros, y de la necesidad que tienen los fuertes de sentirse más fuertes a costa de los débiles. 

El mismo día en que se tiene noticia en Peñafonte del conflicto armado, llega al pueblo el primer armario de dos lunas, sobre el que Conrado Varela, el maestro, dice a sus alumnos que todo sería distinto cuando en cada una de las casas de la tierra hubiera un armario como el que iba a llegar al atardecer por el camino del cementerio. Esa fatal coincidencia de los dos hechos hará que del fondo del maravilloso mueble de Digna Emerita salga una mariposa grande y negra que lo cuaje todo de sombras "hasta formar una única sombra que deje al pueblo en carne viva", escribe el autor.

Esta es de la novelas que gusta aconsejar, convencido quien lo hace de que los lectores de buena y cabal liteatura la agradecerán, porque Argüelles es de los autores que no defrauda, acaso porque en su quehacer tengan importancia capital tanto unos contenidos de impronta  rural muy atrayente como el reposo, concentración y minuciosa capacidad descriptiva con que el autor desarrolla sus historias. Ahora, a esperar un próximo libro, pero sin urgencias, porque una literatura así las repele.

Ed. Acantilado, octubre, 2014

DdA, XII/3021

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