viernes, 19 de junio de 2015

LA INVASION DEL IDIOMA INGLÉS (AMERICANO)


Jaime Richart

 Me eximo de enumerar y de mencionar siquiera alguno de los miles de términos del idioma inglés que complican el ya de por sí complicado entendimiento de la sociedad española entre sí por culpa de distintos factores: desde el político, pasando por el cultural y terminando en los continuos cambios que tiempos de vértigo imprimen a la vida cotidiana.

 El caso es que -sabido es- que en cada época histórica se impone un determinado idioma sobre el autóctono. Desde el siglo XVIII hasta principios del XX, el francés era el rey. No había nadie que se  preciase de culto que no lo hablase y nadie que no quisiera pasar por tal que no balbuciese las palabras gálicas entonces itinerantes en la conversación. Y lo mismo puede decirse del latín si pensamos en  eruditos y sabihondos.

  Hoy es el "americano". Buena la hemos hecho, a estos efectos, con la irrupción, en Occidente y en el mundo, de la informática y de las finanzas. Fuera de lo más estrictamente coloquial, apenas podemos  tratar cualquier tema sin que el anglicismo de moda del interlocutor nos descoloque nuestra urdimbre razonadora.

  A mí personalmente no me convence en absoluto eso de que los tiempos son así, que la vida es así. Y no me convence porque eso es lo que ordinariamente dicen los conformistas, los superadaptados, los realistas, los acomodados, los listos; lo que repiten quienes se oponen a todo no cambio, no por un criterio elaborado sino porque la vida les sonríe en este momento; esos, en fin, que por eso mismo tanto daño hacen a la sociedad, y a los que se refiere Einstein cuando dice que el mundo va mal no tanto por los perversos como por los que les consienten... 

 Si hay algo que en la informática me resulte llamativo (más allá de su funcionalidad e inevitabilidad), es el esfuerzo visible del sistema "windows" y del "android" por castellanizar su manejo, que contrasta con el empeño de "apple" en "yanquizarnos" con el suyo (razón por la cual relego a éste a pesar de considerarlo más estable y más fiable que el otro).

 El caso es que poco a poco o aceleradamente, por si no nos fuera suficiente con la imposible manera de ponernos de acuerdo entre unas mentalidades y otras sobre la definición de conceptos abstractos básicos, como libertad, justicia, honestidad, honradez, democracia, amor y muchas más (cada cual y cada casta los interpreta en función de su posición en la sociedad y de su interés), si no estamos al corriente de lo que significan "vintage", "follower" o "crowfunding" estamos perdidos.

 El signo de los tiempos es el que es. Pero el hombre y la mujer españoles de medio pelo ya no piensan en la inmortalidad que perseguía Fausto ni en la liberación de sus cadenas que perseguía Prometeo. Pierden rápidamente tanto su identidad (si es que la han adquirido) como sus orígenes, para abrazar el gusto por las series televisivas y por el recuerdo de frases lapidarias de los protagonistas, para revolcarse en la música de la percusión y de los gritos, y para vivir una degradada vida virtual en lugar de vivir la vida auténtica. Sea como fuere, no tiene ya fuerzas para resistirse a hacerse prisionero del spanglish aplicado a una buena parte de su vida intelectiva y cultural.

 Naturalmente no me refiero aquí a los millones de personas que en España bastante tienen con emplear sus energías para sobrevivir a base de limosnas y de la beneficencia. Los tiempos que llaman de bienestar, que fueron también muy igualitarios, se han acabado y difícilmente volverán en primavera.
DdA, XII/3004

1 comentario:

Anónimo dijo...

Recordando mis tiempos mozos, en los que abundaban los latinajos, yo prefiero llamar inglesajos a los términos invasores de gringolandia (minusculeo a propósito), y ya puestos a darle "patria", pues gringolajos, ea.

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