lunes, 29 de junio de 2015

CINCO SINSENTIDOS INSTITUCIONALES

 El verdadero propósito de no suprimir los paraísos fiscales es consagrar el dinero y no enfrentarse a los lobbys que lo poseen todo.
Jaime Richart

Hay cinco asuntos capitales: paraísos fiscales,  aborto, droga, energías renovables y eutanasia activa. Los cinco afectan (natural­mente de distinta manera y con distinta gravedad según el país del sistema de que se trate) a la médula de la vida social. Y los cinco están pidiendo a gritos solución. Especialmente en España. Por las características estructurales de este país -léase desigualdad-, por la rémora de ideas superadas en otros, y por la índole de las clases asociadas al poder de facto transmitido.

Como en tantas cosas que condicionan la vida pública (a me­nudo estúpidamente), el estatuto de los cinco asuntos responde descaradamente a cualquier intención subrepticia menos la ale­gada por el poder y los poderes: sea el político, el religioso, el judicial o el económico. El argumento para no legalizar la droga es proteger sanitaria­mente a la sociedad; el que oscila, según fórmulas, para no hacer libre el aborto es proteger la vida; el que se alza frente a las energías renovables es que éstas son más costosas; el que impide la eutanasia activa es que propicia el asesinato; y el que justifica los paraísos fiscales es el silencio. 

Puesto que hoy día es imposible el engaño pese a que lo inten­tan una y otra vez los impostores, pongamos las cartas boca arriba y denunciemos los verdaderos propósitos: el verdadero propósito de no suprimir los paraísos fiscales es consagrar el dinero y no enfrentarse a los lobbys que lo poseen todo; el verda­dero propósito de no legalizar la droga es la sinrazón, puesto que si, según Naciones Unidas, las muertes anuales por consumo de droga son 253.000, 5 millones por consumo de tabaco y 1,8 millones por consumo de alcohol, puestos a prohi­bir, la razón debiera estar en prohibir antes el tabaco y el alco­hol que se consumen libremente; el verdadero propósito de no sustituir la energía fósil por las renovables es no atentar contra los intereses creados; el verdadero propósito de no liberar el aborto es obligar a la mujer a hacer cualquier cosa por allegar al hijo un trozo de pan; y el verdadero propósito de prohibir médicamente la eutanasia activa es no enfrentarse ni a la iglesia católica ni a la clase médica que dice deberse a un juramento hipocrático trasnochado a estos efectos.

Si se mantuviese el razonamiento esclerotizado propio de otras épocas; ése en cuya virtud los concilios podían discutir meses o años sobre si la luz del monte Tabor era creada o increada, habría argumentos para mantener la esclavitud o la servidum­bre, para negar derechos a la mujer y a otros seres humanos, para mantener el oscurantismo y la caza de brujas, para perse­guir la homosexualidad y trabajar de sol a sol, para mantener el servicio militar obligatorio o para aplicar penas crueles y por supuesto la de muerte, así como un largo etcétera de barbaridades y de necedades propias del humano primitivo o retrasado. Pero estamos a punto de enlazar con otros mundos y el cosmos es ya nuestro destino. De manera que hora es de que los poderes europeo y español remuevan estos cinco obstáculos para hacer más fácil la vida individual y colectiva, ya suficiente­mente malograda por los colosales intereses financie­ros en la sombra que asfixian a la sociedad con el mayor dispa­rate de todos: hacernos creer que tenemos libertad.

Puntos de Página


DdA, XII/3013

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