miércoles, 22 de abril de 2015

LA VUELTA AL MUNDO DEL REY EMÉRITO DE UN PAÍS EN CRISIS

Félix Población

Todo el mundo oficial y cortesano se hizo lenguas del primer discurso que como rey de España pronunció Felipe VI ante las cámaras de TVE la pasada Nochebuena. Parecía que la sobriedad y la crítica de la corrupción -siempre que no fuera la más próxima a su apellido- formaban parte del andamiaje retórico del nuevo soberano. No estuvo mal como primera andadura empática para tejer simpatías con la escucha. Ahora nos enteramos, sin embargo, de que ese programa no reza con su padre, que como monarca emérito no ha tenido ningún reparo en abusar de sus ocios viajeros gracias a los casi 200.000 euros que recibe de todos nosotros.  En menos de un año, desde su abdicación en junio, Juan Carlos de Borbón, rey de España durante casi cuarenta años por la gracia de Franco, ha recorrido más de medio centenar de miles de kilómetros, en su mayoría por el mero placer de gozar de los mares del Caribe, los partidos de la Premier, la carreras de Fórmula 1 o sus amistades en Oriente Próximo. No diré yo que un soberano emérito no pueda hacer lo que guste con la generosa y ostentosa jubilación que todos sus conciudadanos le abonamos, pero tal como anda de apretada la mayoría de la población y según huele a podrido en el reino del que fue Jefe del Estado y hasta en las inmediaciones de su familia, no parece lo más idóneo –ni ética ni estéticamente- que su placer viajero y demás gozosos afanes orientales y caribeños sean tan desaforados ni sostenidos. A menos que al rey emérito esos detalles se la refanfiflen, como demostró en Bostwana.


                        DdA, XII/2982                       

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