martes, 14 de abril de 2015

EDUARDO GALEANO, EL HIJO DE SUS DÍAS

   
Lazarillo

Aconsejo a los lectores y admiradores del escritor y periodista Eduardo Galeano, fallecido ayer en Montevideo, que revisen el número extraordinario que se le dedica en uno de los pocos periódicos en que se valoraron y publicaron sus excelentes colaboraciones (Página/12), por más que ahora, aquí, diarios como El País lloren su ausencia, aunque no le perdonasen su apoyo a República Bolivariana de Venezuela. (Aprovecho la oportunidad para recomedar el artículo que Galeano publicó en este periódico hace catorce años, cuando sí le permitían colaborar, titulado "Derechos del trabajador, ¿un tema para arqueólogos?). No puedo dejar sin consignación tampoco estas palabras del escritor, que de seguro leeremos en muchos de los obituarios que se hagan hoy sobre él: "La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".'Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos'. Valga como presentación de los magníficos artículos que podemos leer en el prestigioso diario argentino el Pirulo de Tapa con el que abre su edición de hoy y el breve texto de Eduardo Alverti:

"Yo no sé si el alma tiene alitas y sube al cielo, o cae, fulminada al infierno.
Me lo decían en la infancia.
Como no me morí, no pude comprobarlo.
En cambio sí sé, me consta, que hay palabras que viajan.”
Escribió Eduardo Galeano en este diario en este lugar cuando murió Idea Vilariño.
“El sigue vivo en todos los que lo quisimos, en todos los que lo leímos, en todos los que en su voz hemos escuchado nuestros más profundos adentros.
Nunca encontraremos palabras que expresen nuestra gratitud al hombre que fue muchos, al que fue nosotros y seguirá siendo en las palabras que nos dejó.”
Escribió en este diario en este lugar cuando se despedía de Juan Gelman.
Sigue entonces Eduardo en este diario en este lugar con sus palabras. “Esas palabras que, –como concluyó él mismo– dolidas y dolientes, andan por los caminos del aire.
Van en busca de queridos y querientes".


ESOS PAPELITOS
Eduardo Alverti

Galeano era un tipo tan enormemente sencillo como lo que escribía. No sé por qué algunos le habían hecho cierta fama de persona complicada, presa de su ego, algo despectivo. Supongo que por envidia, como en tantos casos respecto de los grandes. Rescato esa faceta de su personalidad, la sencillez, porque justamente no se encuentra todos los días la coherencia entre cómo se piensa, cómo se dice y cómo se vive. Tenía el raro mérito de hablar como se escribe, además. Hacerle una nota a Galeano significaba que después no había que preocuparse por el tiempo que llevaría la desgrabación. Su sintaxis oral era perfecta, sin una sola muletilla, sin un solo cliché, y eso es un símbolo de convicciones muy profundas, además del placer inconmensurable que es charlar con alguien que habla así. Llevaba esos papelitos donde anotaba todo cuanto le era de interés. Los tenía en los bolsillos del pantalón, arrugados. Papelitos de servilleta de bar, de libretas, de cualquier cosa. Estaban transcriptos signos, palabras y oraciones, que podían provenir de algo que acababa de ver desde el taxi, de un dato tras encontrarse con una indígena a la orilla de un lago centroamericano, de lo que se le ocurrió en el almuerzo. En esos papelitos, no me cabe la menor duda, estaba el resumen de la sensibilidad social de Galeano. Y entre eso, su capacidad de observación y el talento para transcribir, se encuentra el secreto obvio de una obra monumental. No tenía una técnica específica para escribir, quizá con la única excepción de las frases cortas. Una vez escuché decir que sus palabras eran como cuchillos, porque siempre –siempre– tenían la propiedad de atravesar al lector. Tal vez sea una definición algo cursi, pero es indesmentible. Uno no encuentra oraciones de Galeano que lo dejen indiferente, porque son todas de una precisión asombrosa en el logro del objetivo. Es el escritor de las imágenes y los sonidos. Sus textos se ven y se oyen como pocos o ninguno.

PS.- Llama la atención que el diario El País haya recurrido hoy a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos -un partido que no goza precisamente de las simpatías de PRISA, para publicar un breve artículo suyo en memoria de Eduardo Galeano:

UN MAESTRO CONTRA LA IMPOTENCIA
Pablo Iglesias
Cuando Diego vio por primera vez el mar, le dijo a su padre: “¡Ayúdame a mirar!”. Con esa metáfora nos recuerda Eduardo Galeano, en uno de sus cuentos, que ni siquiera mirar es una acción tan evidente. Lo que vemos lleva su carga de historia, de costumbre, de ideología. La obra de autores como él es una de las ayudas con las que contamos para verlo de otra forma.
Durante mis años de profesor, cuando explicaba en clase la teoría de la dependencia, uno de los textos que mandaba leer a mis estudiantes era un fragmento de su libro Las venas abiertas de América Latina. Porque Galeano no era solo un inmenso poeta y narrador, capaz de volver hermosas las estampas tristes, de hacer sencillas las cuestiones complicadas. Era también un lúcido analista que nos explicó cómo funcionan el poder y la Historia, retratando con una prosa inmejorable el pasado de un continente al que quiso devolver al lugar que le negaban los mapas oficiales.
Este libro recordaba la explotación de los esclavos africanos en las colonias americanas para la sustracción de oro y plata y la obtención de materias primas en el siglo XVI, un saqueo cuya memoria es clave fundamental para poder entender la acumulación de capital en Europa.
Poco después, algunos compañeros que estábamos trabajando para —como él decía— cambiar lo que somos, le visitamos en Montevideo. Él escuchó lo que le contábamos, y luego nos dijo: “Ustedes son los enemigos de la impotencia”. Quizá no le dijimos entonces que a superar la impotencia nos ayuda lo que encontramos en sus libros: esa manera suya de mirar el pasado que es también un modo de ayudarnos a mirar el futuro. “La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás”, nos dejó escrito: “Por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será”. Acompañados de tu memoria, Eduardo, seguimos caminando, contra la impotencia.

                                             DdA, XII/2975                                   

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